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Mi hijo sólo quiere brazos y dormirle es un suplicio. Claves para sobrellevar a un niño de alta demanda

Un bebé llora desconsoladamente.
Un bebé llora desconsoladamente. / Fotolia/ Enrique Ramos
  • Denominados 'intensos', 'difíciles' o 'nerviosos', son bebés que necesitan más atención de lo habitual y a los que no se les debe negar la comprensión y el afecto

'Difíciles', 'intensos', 'nerviosos'. Son algunos de los adjetivos con los que los padres suelen referirse a sus hijos cuando estos son agotadores, sólo quieren brazos, lloran a todas horas sin motivo aparente y conseguir que duerman más de quince minutos seguidos es toda una odisea. Si no existe ningún problema físico que explique estos síntomas, puede ser que simplemente se trate de un niño de alta demanda, una definición que creó el pediatra norteamericano Dr. Sears para definir a los niños que requieren más atención que otros niños y que no se calman ante ninguna circunstancia. No se trata de un trastorno ni de una enfermedad, como insiste la psicóloga malagueña infanto juvenil Estefanía Villanueva, sino de una característica de algunos niños que sus progenitores deben conocer para poder sobrellevarlos de la mejor manera posible. Porque no son bebés “que se han acostumbrado a los brazos” ni “malcriados”, por lo que con ellos no funciona eso de “déjale llorar que no le va a pasar nada”. Al contrario, según esta especialista, necesitan que se les preste la atención que requieren, aunque esto resulte extremadamente agotador. “Han de ser criados con apego y amor y siempre, una vez que son mayores, con disciplina positiva”, explica esta especialista, que afirma que la situación se normaliza cuando el niño tiene unos cinco años.

El desconocimiento acerca de las necesidades de estos niños y la falta de herramientas para mejorar la crianza está detrás de muchos casos de depresión postparto porque “a diferencia de otros niños, estas características de su comportamiento hacen desquiciar y desbordar los nervios incluso de los padres más tranquilos”.

A continuación te damos algunas claves para saber si tu hijo tiene esta característica y cómo afrontarlo de la mejor manera posible. Cuando son bebés, se diferencian del resto de niños por los siguientes comportamientos que detalla Villanueva:

-Difíciles para introducir las rutinas, no existe un horario predecible para ellos.

-Problemas en la conciliación del sueño, la hora de dormir es un suplicio.

-Nunca muestran síntomas de sueño, el mundo es muy interesante para ellos.

-Hacen microsiestas de 15-20 minutos durante el día y luego se encuentran bien.

-Tienen muchos despertares nocturnos, más de tres veces en la noche.

-Necesitan contacto físico continuo con figura de apego de día y de noche, que no tiene por qué ser la madre.

-No quieren ni cuna ni carro, solo brazos.

-No soportan ir en coche.

-Lloran de manera desproporcionada ante cambios bruscos.

-Tienen hipersensibilidad a los estímulos auditivos, tacto, olfato y vista.

-No les consuelan los llamados ruidos blancos.

-Nunca se calman solos, necesitan consuelo de los padres.

-Tienen un desarrollo psicomotor precoz.

-Son muy sensibles a las texturas de las comidas.

-Responden a los estímulos de forma más rápida de lo normal.

-Inquietos e irritables extremos.

-Muy demandantes de afecto.

-Entre los 2 y 3 años, la famosas etapa de rabietas infantiles suele ser de mayor intensidad que otros niños, no teniendo consuelo ante determinadas estimulaciones y llegándoles a durar el enfado hasta incluso una hora.

Villanueva explica que durante los cuatro primeros meses de vida suelen ser diagnosticados por los pediatras como cólicos de lactante, “famoso cajón de sastre”: “Es cierto que en algunas de las ocasiones pueden existir altos niveles de estrés en estos niños producidos por frenillos y/o mal agarre del lactante, empeorando la sintomatología y haciendo que el momento de la comida, además, sea un auténtico suplicio para ellos. Por este motivo es importante que sea haga una buena valoración del agarre del menor por parte de matronas y/o asesoras de lactancia”.

Una vez que avanza en la edad, mejoran en los ritmos de sueño y, sobre todo con la adquisición del lenguaje, donde adquieren una mayor autonomía y pueden expresar sus deseos y necesidades.

En su mayoría, según la psicóloga malagueña, son niños con altas capacidades.

Pero, ¿qué hay que hacer para no perder la paciencia? Aunque no existen pautas generales y cada niño es único, Villanueva da una serie de consejos:

-Estos niños básicamente necesitan comprensión y pautas de crianza respetuosas y con límites claros desde la disciplina positiva. “Podría decir desde mi experiencia que necesitan el afecto y compresión igual o incluso más que comer y respirar; la clave principal es cambiar el chip, asumir que tu hijo es así y que no va a cambiar, que el estilo de crianza es estar siempre con tu hijo, que si te vas a tomar un café tiene que ser con el niño encima”, señala la psicóloga, que advierte de que si no se elige ese estilo de crianza, puede generar frustración en el crío.

-Para la tranquilidad de los progenitores, Villanueva aclara que, en contra de lo que pueda creerse, estos niños en el futuro son totalmente autónomos e independientes, a partir de los cuatro o cinco años, sin necesidad del desapego. De mayores son vivaces, muy sentimentales, puntuales y perfeccionistas.

-Si llora, sea el motivo que sea, hay que cogerlo en brazos para calmarlo. No se va a calmar si no lo coges.

-Es muy importante que los padres estén tranquilos, que tengan salud mental, que sean personas apaciguadas. No sirve de nada perder los nervios.

-Hay que estar muy alerta a los signos de hambre y sueño. Estos niños, como norma general nunca tienen sueño, pero cuando se rascan los ojos o bostezan, hay que empezar a bajarles la estimulación externa. Como es difícil establecer una rutina, hay que intentar bajar toda la estimulación externa un par de horas antes de la supuesta de dormir. “Por mi experiencia, la única rutina que les vale es baño-cena-dormir”, señala Villanueva.

-A la hora de dormir al niño, hay que dedicarle ese tiempo al cien por cien.

-Hay que intentar establecer una rutina, quizás no mirando el reloj, pero sí la forma de hacerlo.

-En el caso de los bebés, hay que ofrecerles comida cada tres o cuatro horas, porque no suelen demandar comida. El síntoma de que tienen hambre es que se ponen de mal humor.

-Se recomienda el porteo, ya sea mochila, fulares... y adaptar la vida a llevar al niño a todos sitios. A partir de diez o doce meses, una tableta puede mantenerles entretenidos. “Estos niños necesitan una estimulación diferente porque se aburren y de ahí viene muchas veces el llanto”.

-Ante las rabietas, serenidad y comprensión son las claves para afrontarlas, no hay que gritar ni castigar al niño.

-Hay que estar atentos y ofrecer un entorno enriquecedor de cara a las capacidades e inteligencias del niño, puesto que posiblemente tenga altas capacidades.

-En Facebook existe un grupo de ayuda mutua para madres con niños de alta demanda , creado por Estefanía Villanueva y la profesora Patricia Castellano que tiene como objetivo que las madres compartan sus experiencias y que éstas sirvan para una futura investigación sobre el tema.