Padre Ángel: «Se sufre mucho al escuchar las miserias de la gente»

El padre Ángel, en el despacho de su parroquia. / Al berto Ferreras.

¿Cuál es el mayor logro de su vida?

– Creer en la gente. Creer y tener mucha esperanza;no tirar la toalla ni en el baño.

¿Y lo que más le angustia?

– Tener prisa. Últimamente, la tengo porque a los 80 años perder diez minutos es como perder diez días para otros. Hay cosas que quiero hacer en la vida.

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¿Cuándo lloró por última vez y por qué?

– Cuando el niño (apunta hacia algunas fotografías colgadas en las paredes de su despacho donde se ve a Josué, sonriente) vino de El Salvador con la cabeza y un brazo quemados. Lloré profundamente, de pena. Luego, en esta iglesia he llorado y he gozado mucho. Estaba cerrada después de un incendio y se la pedí al arzobispo Rouco porque tenía la ilusión de abrir un templo 24 horas al día. Hasta hace dos años, ya con Carlos Osoro como arzobispo, no me la dieron.

¿Con qué pecado es más indulgente?

– Con todos, menos con el de la corrupción. Pero Dios perdona a todos, como dice el Papa.

¿Es más importante la acción o la oración?

– La acción, sin duda. Lo dijo san Pablo.

¿Qué se siente al escuchar una tras otras las confesiones de la gente?

– Muchas veces, entran ganas de llorar. Se sufre mucho escuchando las miserias de la gente. En esta parroquia hemos puesto tabletas para quien quiera confesarse escribiendo... Y también mesas camilla para quien lo prefiera de esa forma. El Papa dice que la confesión no puede significar que se haga sufrir a la gente con un interrogatorio. Yo siempre digo a todos que Dios perdona siempre. Basta con arrepentirse, no es necesario decir ni el número ni la cuantía de los pecados. No voy con una calculadora para estimar la penitencia. A veces, incluso, mando una penitencia simbólica.

¿Cómo qué?

– Pues donar sangre, por ejemplo. Bastante bueno es que alguien venga a confesarse, porque eso es que viene a pedir perdón. Aquí vienen muchos curas a confesarse. Yo mismo me confieso cada semana y a veces me piden que detalle mis pecados, y me río. Si un día escribiera un libro, sería con las preguntas que me han hecho mis confesores.

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