El olor a tierra mojada y otros aromas que provocan felicidad

Hay olores que por sí solos son capaces de generar ternura, sensación de libertad o evocar un bonito recuerdo del pasado

El olor a tierra mojada y otros aromas que provocan felicidad
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Raquel Merino
RAQUEL MERINOMálaga

Quién no ha inspirado profundamente un día de lluvia para impregnarse del olor a tierra mojada. O qué papá o mamá no huele constantemente a su bebé para recordar por siempre su aroma. O quién no ha abierto un libro nuevo y se lo ha acercado a la nariz para oler sus hojas.

De los cinco sentidos, el del olfalto es el que tiene una conexión directa con las emociones. Es el sentido que se encuentra más cerca del hipocampo, una de las estructuras cerebrales responsable de la memoria, y está conectado con el sistema límbico y con la amígdala, zonas vinculadas con el procesamiento y la modulación de los estados emocionales. El recorrido que tienen que realizar el resto de los sentidos para llegar a las partes del cerebro encargadas de la memoria y las emociones es mucho mayor. Además, se trata de un sentido muy poderoso. Una persona sana puede aprender a percibir entre 10.000 y 40.000 diferentes olores. Una cifra que se eleva hasta los 100.000 en el caso de expertos como los perfumistas.

Por ello, no resulta extraño que ciertos olores aviven los recuerdos, transporten a las personas hacia lugares de su infancia o generen felicidad. En concreto, hay olores que son capaces de provocar reacciones similiares en distintos tipos de personas y esto además tiene una explicación. A continuación, se desglosan algunos de ellos:

La piel de los bebés

Hay mamás y papás que comparan el olor de sus bebés con la vainilla, las galletas recién horneadas, el pan recién hecho, incluso con la leche materna. Y hay quiénes piensan que se debe a las lociones, colonias o incluso el suavizante que se usa para lavar su ropa, pero no es así. El olor que acompañará al pequeño durante sus primeros años de vida, que aumenta aún más si cabe el vínculo con los hijos y que permanecerá para siempre en el recuerdo de sus papás, se debe a que las glándulas sudoríparas de los bebés aún no están activas. Eso no quiere decir que no transpiren, pero su secreción sebácea es mucho menor a la de los adolescentes o adultos.

Un estudio del año 2013 publicado en la revista médica Frontiers puso de manifiesto que cuando olemos la piel de nuestro bebé se ponen en marcha los mismos mecanismos que se activan, por ejemplo, cuando una persona muy hambrienta come. Cumple la función de establecer una relación química con su madre, como una especie de alarma que genera en el cerebro de la madre una necesidad biológica de brindar protección y alimento a su cría.

Tierra mojada

Aunque la lluvia pueda resultar es muchos casos tediosa, sobre todo cuando persiste durante días obligándonos a estar en casa o a hacer más complicados los desplazamientos, ¿a quién no le gusta el olor a tierra mojada? Los antropólogos creen está relacionado con algo primitivo, ligado a nuestra ancestros para los que la lluvia era sinónimo de vida, marcaba el fin de la época seca y con ella el despertar de la naturaleza que les proporcionaba más posibilidades de supervivencia.

Pero, ¿a qué se debe ese olor tan peculiar? Al ozono, cuyo aroma puede recordar al del cloro; al petricor y a la geosmina. Pretricor es un término acuñado por dos geólogos australianos para dar nombre al aroma fresco, dulce y suave que se libera cuando las gotas de lluvia chocan contra las rocas. En ese momento se libera una serie de aceites provenientes de las plantas, que han acumulado durante el periodo de sequía. Por su parte, la geosmina o «aroma de la tierra» es una sustancia producida por la bacteria Streptomyces coelicolor que en época de sequía libera una esporas para sobrevivir, que cuando llueve se propagan en el aire y permanecen suspendidas en el ambiente, causando ese penetrante olor a tierra mojada.

Libro nuevo

No hay nada más agradable para un lector empedernido que coger un libro nuevo y, antes de lanzarse a su lectura, deslizar sus hojas para aspirar su aroma. Aunque no todos los libros nuevos huelen igual, ya que depende de los productos químicos utilizados en su elaboración, el cerebro llega a pasar por alto estas peculiaridades y captar la esencia. En concreto, el olor a libro nuevo se debe, en definitiva, al papel, los productos químicos usados en su fabricación, la tinta y el pegamento para su encuadernación.

Por otra parte, en este gusto por el olor a libro nuevo están detrás los recuerdos que asocian este aroma con una sensación placentera, bien porque la persona sea de una amante de la lectura o bien, incluso, porque ese olor la transporte a épocas pasadas como la escolar.

Tantas pasiones levanta este tipo de aroma que cuenta con un perfume propio: 'Papper passion'. La perfumista boutique Geza Schoen pasó muchas horas en el lugar de trabajo de Gerhard Steidl, uno de los mejores impresores de libros de fotografía, revisando libros, muestras de papeles y tintas, para encontrar inspiración para un perfume que fuera fiel a los libros y que envejeciera bien, como un buen ejemplar.

Césped recién cortado

Junto a la tierra mojada, uno de los aromas que más gusta es el del cesped recién cortado. Quizás porque se relaciona con el verano, la piscina, el aire libre, en definitiva, tiempo de ocio. Lo curioso es que tras este olor tan agradable se encuentra el signo de una planta en peligro. Cuando las plantas de hojas verdes se cortan liberan compuestos orgánicos llamados «green leaf volatiles». Además de emitir un olor peculiar, estos compuestos actúan como una especie de antibiótico que ayuda a formar nuevas células para sanar más rápido, prevenir la infección bacteriana y el crecimiento de hongos.

El olor a césped recién cortado también tiene su referente en el mundo de las fragancias con 'Vent Vert', un perfume femenino de la firma Pierre Balmain, creado por la perfumista Germaine Cellier en 1945, cuya nota de salida es el gálbano.

Pan recién hecho

Es evidente que el pan recién hecho huele de maravilla y que, cuanto menos, abre el apetito. Pero, además, un estudio realizado por la Universidad del Sur de Bretaña, en Francia, y publicado en 'The Journal of Social Psycology' determinó que este aroma invita a las personas a ser más amables con los extraños e incluso prestarles ayuda.

Expertos en marketing sensorial también se han dado cuenta de su poder y hay comercios que utilizan ambientadores con olor a pan recién horneado porque los clientes lo vinculan con recuerdos positivos, sobre todo relacionados con el hogar y la infancia, que les provocan un estado de bienestar que les hacen más proclives a las compras.

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