Lo nunca oído

Al grupo danés Between Music le ha costado diez años poner a punto ‘Aquasonic’. No precisan escenario, solo unos acuarios llenos de agua. También para la cantante.

Los cinco integrantes de este grupo de música experimental ensayan su recital subacuático, para el que han desarrollado instrumentos que soporten el medio.
Los cinco integrantes de este grupo de música experimental ensayan su recital subacuático, para el que han desarrollado instrumentos que soporten el medio. / Reportaje fotográfico: Jonathan Nackstrand/AFPJ
ICÍAR OCHOA DE OLANO

Se sabía de los que hablan hasta debajo del agua, pero los de Between Music les barren. Los cinco integrantes de esta banda única, originaria de Dinamarca, han conseguido sortear un rosario de desafíos técnicos y hacer lo que se dice una música de calado. No necesitan subirse a un escenario. Tampoco ir a la peluquería. Les basta con una suerte de peceras llenas –una por barba–, en las que se sumergen de paisano, para echar a nadar su ‘show’ «orgánico, crudo y estético», un recital que evoca los cantos de sirenas y la semántica misteriosa de ballenas, delfines y orcas. Encantador y pelín fantasmagórico. Detrás del milagro de ‘Aquasonic’, un reparto multidisciplinar: investigadores de las universidades de Toronto y de Aarhus, ingenieros mecánicos, especialistas en acústica marina, científicos, expertos en Cymatics –el estudio de los efectos de las ondas de sonido en el agua– y hasta productores del Circo del Sol.

Todo comenzó hace una década cuando la cantante y compositora de la banda, Laila Skovmand, se propuso la conquista del cuarto elemento. «¿Por qué no encontrar el modo de cantar bajo el agua?», se dijo. Su primer experimento consistió en poner su boca en un bol de cocina con agua e intentarlo. Después de muchos ensayos frustrantes, acabó por idear una técnica que consiste en generar una burbuja de aire en la boca y cantar a través de ella. Al igual que sus compañeros, cada minuto saca la cabeza del tanque para coger aire. En cada inmersión, fabrica una nueva burbuja a través de la que canaliza una voz sorprendentemente nítida. Dada la pequeña cantidad de aire que encierran, Skovmand solo emite tonos breves y altos. Los bajos son, a menudo, de procedencia nasal.

Pero con cantar bajo el agua no estaba todo hecho. Hacían falta instrumentos que funcionaran y soportaran el húmedo medio. Pese a que el violín barato que se agenciaron para la primera prueba se deshizo tras unos días de uso subacuático, se dieron cuenta de que solo los instrumentos de cuerda, junto con los de percursión, funcionarían. Eso sí, habría que inventarlos. Se lo encargaron a Andy Cavatorta, un escultor del sonido y la robótica, que tuvo que superar serias limitaciones, como la falta de fricción en ese medio, la densidad o la velocidad del sonido, cuatro veces más rápida bajo el agua. Aun así, se las ingenió para desarrollar la ‘rotacorda’ y el ‘crystallophone’. El primero tiene seis cuerdas que se rasgan como una guitarra y el segundo, de percusión, se compone de veinticuatro cuencos tibetanos.

A cámara lenta

Between Music querían más y se agenciaron un arpa electromagnética, un violín de fibra de carbono, un instrumento rítmico similar a una rueda de agua y una especie de órgano llamado ‘hydraulophone’, creado por Steve Mann, un portentoso ingeniero del Massachusetts Institute of Technology (MIT). Pero todavía quedaba otro obstáculo por superar: conseguir que los casi veinte instrumentos que estos músicos-pez introducen en los acuarios ofrecieran una buena calidad de sonido. Para esta misión recurrieron a un especialista en acústica que se ocupó de hacer magia con la introducción en los tanques de unos hidrófonos estratégicamente colocados.

Conectados entre sí mediante unos auriculares impermeables que les permiten sincronizarse, cada músico toca desde el interior de su claustrofóbico tanque. Con sus movimientos y ritmos ralentizados por el agua, y la intensa resonancia que procura ese medio, el recital resulta una inquietante experiencia onírica. El público se mantiene en zona de secano empapándose de sus notas.

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