Nieves Concostrina: «El imbécil lo es antes y después de muerto»

En RNE, Onda Cero y la SER, ha divulgado hechos históricos/VIRGINIA CARRASCO
En RNE, Onda Cero y la SER, ha divulgado hechos históricos / VIRGINIA CARRASCO
Málaga en Verano

La periodista y escritora instruye y entretiene contando historias de difuntos. Abomina de ‘los vivos’ de la crisis y echa en falta una reacción social. Adora la gente y la comida

ANTONIO PANIAGUA

Asociar a Nieves Concostrina con la necrofilia es un tremendo dislate. Entre otras cosas porque esta escritora y periodista es vitalista por encima de todas las cosas. Concostrina se tuvo que buscar la vida cuando echó el cierre 'Diario 16'. Se recicló y aceptó un encargo ajeno a su trayectoria: ejercer de redactora jefa de la revista funeraria 'Adiós'. Forma tándem con su marido, Jesús Pozo, director de la misma publicación. Desde el mismo momento en que se puso delante de un micrófono para comentar el lado cómico de la muerte, su vida cambió. En RNE, Onda Cero y la SER, ha divulgado hechos históricos y chascarrillos de difuntos. Sólo echa en falta disponer de más tiempo para escribir su segunda novela.

– ¿Los españoles tenemos humor negro o nos da demasiado miedo la muerte?

– Por nuestra educación cristiana –hipócritamente cristiana–, tememos ir a determinados sitios. Lo cierto es que es más peligroso conducir por una carretera de circunvalación que ir a un cementerio. ¿Por qué ese miedo, si los muertos no hacen nada? Cuando voy a un cementerio no voy a ver muertos, sino urbanismo, arte funerario, personajes ilustres...

– ¿Le inspiran paz los cementerios?

– No, no los tengo idealizados. Algunos de las grandes ciudades son una maravilla. Ahí están los de Montjuic y Poblenou (Barcelona), La Almudena (Madrid), San Fernando (Sevilla), San Amaro (La Coruña) o Castro Urdiales (Cantabria). Y luego están los chiquitillos, que tienen cosas monísimas, como el de Luarca (Asturias) o Casabermeja (Málaga).

– ¿Alguna vez ha querido mandar a alguien al otro barrio?

– No, nunca he sentido ganas de matar. Otra cosa que es no me importe que se mueran algunos. No me preocuparía lo más mínimo que la palmara Kim Jon-un. El imbécil lo es hasta que se muere, y cuando se muere también.

– ¿Cuáles son sus vicios confesables?

– Disfruto mucho comiendo. En eso me he vuelto muy sibarita. Si puedo, iré siempre antes a un hotel de cinco estrellas que a un camping. Por lo demás, dejé de fumar hace dos años.

Azafata de vuelo frustrada

– ¿Qué habría sido de no ser periodista y escritora?

– Azafata de vuelo, aunque, al fin y al cabo, no dejan de ser camareras. Luego me dio por querer ser policía municipal y finalmente periodista. Veía a Rosa María Mateo por le tele y quería ser como ella.

– ¿Qué es lo que más le escandaliza, o ya está inmunizada contra el escándalo?

– Me escandaliza este país. Han saqueado España y, aun así, estamos todos anestesiados. Echo en falta una reacción social. Porque se nos están yendo los derechos por el desagüe y nos da igual. He ido a las manifestaciones en defensa de la sanidad y de la educación públicas, aunque no tengo hijos y estoy muy sana. Y, lo digo de manera egoísta, están vaciando la hucha de las pensiones, cosa que ha hecho el PP, que dispara con pólvora ajena.

– ¿A qué atribuye esa apatía?

– No lo sé. El gran truco de la crisis ha sido llevarnos a la miseria más absoluta para que ahora nos den una bagatela y nos sintamos felices. Se ha demostrado que era mentira que cuando las cosas fueran mejor nos iban a volver a subir el sueldo.

– ¿A qué personaje histórico admira más?

– Quizás a Marie Curie. ¡Qué cerebro tenía!

– ¿Y quién es su héroe vivo?

– Soy muy poco mitómana. Admiro a cualquier investigador que consiga algo para la Humanidad. Por ejemplo, a quienes trabajan en la búsqueda de una vacuna contra la malaria y todos aquellos que evitan el sufrimiento. No es de recibo que todavía siga muriendo gente de hambre o de enfermedades que se pueden erradicar.

– ¿Cómo suele ocupar su tiempo libre?

– Con los amigos, fundamentalmente. Los hijos se van. Los padres mueren. Es una ley natural. ¿Qué es lo que queda entonces? Pues los amigos. Disfruto mucho con la gente, tomando unas cañas, viajando... Aunque tampoco hay que volverse loco. A veces es mejor estarse quieto un rato. ¡Qué agotamiento me da sólo pensar en la gente que se va de vacaciones quince días a un sitio y no se toma un respiro!

– ¿Qué defectos ajenos justifica menos?

– No me hacen gracias los despistados. Siempre tiene que haber alguien detrás de ellos para solucionar sus despistes.

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