Una montaña de calderilla

Wolfgang Kaemereit con algunas de las monedas. Detrás de él, su jefe Heiko Ennen. :: martin remmers/
Wolfgang Kaemereit con algunas de las monedas. Detrás de él, su jefe Heiko Ennen. :: martin remmers

Un funcionario del Bundesbank cuenta uno a uno 2,5 toneladas de peniques de marco dejados como herencia por un camionero

JUAN CARLOS BARRENA BERLÍN.

Paciencia, perseverancia y una buena dosis de entusiasmo es lo que aportó un funcionario del Bundesbank, el banco emisor alemán, para hacer frente a un reto titánico: contar una por una 2,5 toneladas de monedas de uno y dos 'pfennig', los peniques en los que se fraccionaba el antiguo marco. Monedas muy parecidas en aleación, tamaño y peso a las de uno y dos céntimos de euro.

Tan enorme e inusual tesoro fue la herencia dejada a su familia por un camionero. El hombre había acumulado durante 30 años todas las monedas pequeñas que pasaban por sus manos, guardándolas en bolsas de plástico para congelados. La familia del fallecido, de la pequeña localidad de Bremervörde, acudió a la filial del Bundesbank en la cercana ciudad de Oldenburgo para pedir ayuda. El director de la sucursal, Heiko Ennen, aceptó el desafío.

Cuando se trata de grandes cantidades, él mismo cuenta las monedas de marcos o sus fracciones y procede a su cambio en euros en el centro de análisis del Bundesbank en Maguncia, pero en este caso decidió hacer una excepción. Aunque hay máquinas para contar monedas, las acumuladas por el transportista se encontraban en la mayoría de los casos tan sucias y oxidadas, además de pegadas entre ellas, que no quedó otro remedio que contarlas a mano. «Posiblemente estuvieron guardadas en una habitación con mucha humedad», ha apuntado Wolfgang Kaemereit, el funcionario que se encargó de contar todas esa calderilla.

Si en ese estado se hubieran introducido en una máquina contable, «se habría roto inmediatamente», sentenció el trabajador, de 54 años, que se ofreció voluntario para la tarea. «Tenía ganas de jugar un rato». Invirtió hasta cuatro horas diarias de su tiempo para contar la ingente cantidad de peniques haciendo montoncitos. Sumó en total 1.055.454 monedas. Necesitó unas 700 horas para contabilizarlas a lo largo de unos seis meses, después de que la familia del camionero fallecido acudiera en mayo al banco con su tesoro cargado en una camioneta. «Todas y cada una de las monedas han pasado por mis manos», asegura orgulloso Kaemereit.

Al parecer, el camionero guardó tantos peniques con la esperanza de que entre ellos se encontrara alguna acuñación rara de gran valor. Algo que nunca llegará a saberse. «No me preocupé de mirarlas al detalle y habría sido casi imposible identificarlas por la gran cantidad de óxido que acumulaban», ha explicado el funcionario.

La montaña de calderilla acabará en una fundición para fabricar con su metal nuevas monedas. ¿Y el valor de tanto esfuerzo? El Bundesbak entregó a los herederos del camionero unos 8.000 euros a cambio de las 2,5 toneladas de monedas, dinero que no cubre de ninguna manera las horas de trabajo del paciente funcionario.

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