Esas miradas

Esas miradas
CAROLINA CANCANILLA
Hasta el C*

Te hacen una radiografía cual macho en celo que inspecciona a la hembra

Ana Barreales
ANA BARREALES

Esa sensación de mal rollo que se te queda cuando te preguntan si algo es machista o no. Dan ganas de responder: ¿Cómo? ¿Que no lo sabes? Pues entonces tienes un problema, porque está clarísimo. Nadie se plantea: «No estoy muy seguro de si me están tratando bien o mal», ni «puede ser que me estén discriminando, pero no lo tengo muy claro», ni «tengo la sensación de que me han pisado un callo, pero quizás estoy equivocado. Todos saben cuando actúan con ellos de forma diferente a como lo hacen con los demás. Si se duda del sexismo de algunos actos es, sobre todo, porque no se quiere ver y esa es la peor ceguera.

A todo el mundo le gusta la amabilidad y el civismo, que le dejen pasar delante al llegar a una puerta, pero por pura educación, no porque seas una mujer a la que hay que tratar con condescendencia. Porque los que lo hacen por esa razón primero te abren la puerta para que entres y luego te la cierran para que te quedes en tu territorio, el universo doméstico de las mujeres, donde son ‘protegidas’ y tratadas entre algodones, pero luego no se las tiene en cuenta para las cosas importantes. Pues no queremos eso.

En cuanto a los piropos, hay una gradación entre el cumplido que hace alguien que tiene confianza alabando tu aspecto en una ocasión y los callejeros, que alguna vez pueden tener un punto de poesía de la acera, pero, en general, se acercan más al «te lo comía todo».

Incluso, en el mejor de los supuestos, no dejan de ser una opinión que no has pedido, Y luego están las miradas escáner en las que te hacen una radiografía, cual macho en celo que inspecciona a la hembra, evaluándote delante de tus narices y sin cortarse ni un pelo, un repaso visual de arriba a abajo con total naturalidad, porque, en realidad no ven que haya nada negativo en el chequeo. Que casi dan ganas de preguntar al final. ¿Qué? ¿He pasado el examen? Y esto no es cuestión de hipersensibilidad feminista. Nada como sentirlo en las carnes propias para comprender. Recuerdo cómo me contaba hace poco un hombre heterosexual que se había alojado en un hotel de la zona de Chueca en los días del Orgullo un episodio de algunas miradas escáner que sufrió. Le pregunté: ¿Te sentías incómodo y violento, verdad? Pues ya entiendes de qué van esas miradas de las que hablamos.

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