Miles de pacientes que palían sus dolencias con cannabis reclaman salir de la clandestinidad

ALFONSO TORICES MADRID.

Hay entre 50.000 y 100.000 pacientes en España que viven en la clandestinidad. Son enfermos de cáncer tratados con quimioterapia, pacientes con dolores crónicos, con enfermedades degenerativas como la esclerosis múltiple, la fibromialgia, la artrosis o la artritis, e incluso niños con epilepsias refractarias, entre otras dolencias. Todos tienen en común que, tras no lograr paliar los síntomas de estas patologías y tratamientos con los fármacos legales, lo han conseguido con el uso terapéutico del cannabis, una sustancia ilegal en España, cuya venta está penada y su consumo sancionado.

Se medican de forma clandestina, sin un control sanitario de lo que adquieren en el mercado negro, y con el riesgo permanente de ser multados con entre 600 y 10.000 euros si les descubren con las sustancias que llevan encima. «No queremos ser delincuentes ni estar estigmatizados solo por medicarnos», denuncia Irene Chico, una paciente con dolor crónico de suelo pélvico que toma derivados de marihuana con éxito desde hace cinco meses, tras fracasar con todos los fármacos legales. «El cannabis no tiene sustituto. No puedes vivir con un dolor de 8 sobre 10 como el que me tuvo postrada seis meses. El dolor por fin ha pasado a segundo plano y he recuperado las ganas de vivir», asegura.

La marihuana y sus derivados, según sus testimonios y los estudios de los expertos que les ayudan, reducen su dolor, disminuyen la ansiedad y facilitan el sueño, les devuelven el apetito, y minimizan, en su caso, los espasmos y convulsiones. «El uso del cannabis ha sido un regalo'», resumieron ayer durante la jornada que celebraron en Madrid, en un manifiesto en el que exigen al Gobierno y a los partidos del Congreso que legalicen su tratamiento, convirtiendo el cannabis «en un medicamento más», regulando que pueda ser adquirido en farmacias y puntos autorizados.

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