Marco Polo regresa a casa

Un lince en su hábitat natural. :: colpisa/
Un lince en su hábitat natural. :: colpisa

En una semana, el lince 'Litio' será reintroducido en su andaluz hábitat natural, tras permanecer varias semanas en tierras de Cataluña

CRISTIAN REINO

¿Qué hacía un lince ibérico, especie en peligro de extinción, en el área metropolitana de Barcelona, una zona llena de chimeneas, autopistas y polígonos industriales? Respuesta: lo mismo que en los campos andaluces o de Portugal. Intentar comer el máximo de conejos y tumbarse bajo un cerezo a disfrutar de las noches estrelladas. Vivir la vida loca, como un animal salvaje en libertad. 'Litio', ejemplar de lince ibérico, es la nueva estrella de zoólogos, biólogos y defensores del medio ambiente de Cataluña. Casi como Copito de Nieve, con la diferencia de que 'Litio' llegó solo a Cataluña, se instaló, se hizo un hueco y si no fuera porque le han capturado para devolverlo a su hábitat original, podría haberse quedado un tiempo más. Pero volverá a la tierra que lo vio nacer, Huelva, y donde podría ser puesto en libertad (también se baraja Portugal), después de ser trasladado a un centro de recuperación animal de Granada.

Tendrá que recuperarse de las largas vacaciones por tierras catalanas, donde ha estado semanas o inclusos meses, según los expertos. En la maleta de regreso se lleva unos cuantos recuerdos. No se sabe si ha aprendido catalán, pero el responsable del proyecto Life Iberlince, Miguel Ángel Simon, afirmó ayer que se ha distinguido por ser «especialmente amigable con las personas» y por ser un «culillo inquieto». No es para menos, teniendo en cuenta que un buen día decidió coger el petate y se recorrió la Península Ibérica de punta a punta, desde el sur de Portugal hasta Cataluña. Una diagonal de 1.200 kilómetros entre pecho y espada, sin mapa, GPS ni app del móvil. Simón calificó ayer a 'Litio' como el 'Marco Polo' de los linces. No es extraño que un felino de este tipo recorra entre 50 y 60 kilómetros en una noche. Los expertos señalaron ayer que está bien de peso (14 kilos), es decir, no le ha faltado comida y está en forma. Aunque le han atacado las pulgas y las garrapatas.

Hasta que los técnicos no le quiten el collar que lleva desde su nacimiento en el centro El Acebuche, en Huelva, y descarguen la información que tiene su GPS no se sabrá a ciencia cierta ni el recorrido que hizo ni cuánto tiempo se ha dedicado a hacer su particular vuelta a España. El miércoles pasado fue capturado por técnicos del proyecto Life Iberlince y por agentes de los Agentes Rurales de la Generalitat. Le pusieron una trampa con un conejo y picó el anzuelo (es más lince que nadie, pero tiene sus debilidades). Ahora le espera un viaje de vuelta, eso sí, en primera clase y no a pie, como el de ida.

Su presencia en los campos del Baix Llobregat, la comarca más próxima a Barcelona, ha sido uno de los acontecimientos biológicos del año. O del siglo, porque se trata del primer ejemplar de su especie divisado por tierras catalanas desde principios del siglo XX (en la Península hay unos 500, en Andalucía, Castilla-La Mancha, Extremadura y el sur de Portugal). Mucho ha llovido desde entonces.

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