Cosas que he aprendido compartiendo piso con estudiantes en Málaga

Cosas que he aprendido compartiendo piso con estudiantes en Málaga

Lo primero es encontrar donde vivir, pero eso es lo de menos. Lo peor o lo mejor viene después: sobrevivir sin mamá y papá y convivir (a veces) con verdaderos extraños: tus compañeros de piso

ELENA PÉREZ HITA

Nueva en la ciudad, no tienes piso ni compañeros, ni un lugar donde 'plantar el huevo'. Cuando llegas a Málaga, el clima y la gente te invita a quedarte. O eso pensé yo, cuando en mi primer año de carrera aparecí entre sus calles. ¿Ahora qué hago?, me pregunté. Se me ocurrió buscar en redes sociales a alguien que buscara compañera de piso, a ser posible joven y universitario. En mi primer año esa era la idea, encontrar compañeros que después pudieran ser amigos y aliados en las fiestas. Conforme avanzó mi vida universitaria e independiente puse más preferencia por la tranquilidad y la limpieza.

Al final encontré piso a través de milanuncios, aunque las opciones para encontrar vivienda o compañeros son múltiples: agencia inmobiliaria (aunque personalmente no lo recomiendo, porque cobran un plus por colocarte en un apartamento que puedes encontrar sola), aplicaciones como Badi, idealista o incluso grupos de Facebook como 'busco/alquilo piso en Málaga para estudiar'.

Primer año de vida universitaria fuera de casa ¿Y el cubo mágico donde echaba la ropa sucia y aparecía limpia?

El primer año es un poco loco, llegas tan joven -en mi caso, 18 años-, sales de casa y no tienes gran idea de cómo gestionar tu vida, no has cuidado más que de tu tamagotchi -que terminó muriendo-, así que imagina llevar para adelante la universidad, el ‘homesick’ que se apodera de ti y hacerte de comer, entre otras arduas tareas. Una odisea.

Aquí te acuerdas de tu familia (gracias mamá y papá), en este punto comienzas a apreciar el 'cubo mágico' en el que echabas la ropa sucia y aparecía después limpia y dobladita en tu cuarto, esos platos fregados, esa comida (y ¡qué comida!) puesta en la mesa cuando llegabas del instituto, la compañía de tus hermanas -en mi caso-, algo tan básico como alimentos en la nevera... No como la mía, que a veces consta de medio limón 'pocho' y tomate frito a medio acabar.

via GIPHY

La pasta (pero esta €€€€€) Aprenderás a estirar el dinero y manejarás tus finanzas a la fuerza

via GIPHY

No tienes ni idea de gestionar esos 500 euros mensuales para pagar alquiler, facturas, salidas, comida y gimnasio (para los afortunados). Pasas hambre, sí por varias razones, porque el dinero que te dan tus padres no es suficiente como para las cervezas en la cafetería de la universidad, los cafés de las tardes y las juergas de noche.

Estirar el dinero como un chicle será una de las nuevas destrezas que aprendas a lo largo de tus años de universidad. También geolocalizarás los bares con la cerveza más barata de la ciudad y seleccionarás las mejores ofertas en el súper de tu barrio. Al principio, puede que tengas que hacer 'la llamada del ahorro' a tus padres porque te quedas sin un duro a mitad de mes. El don de los finanzas lo irás desarrollando conforme avance tu carrera universitaria.

El compañero de piso (Primera parte) Las normas indispensables para no terminar odiando a tus compañeros

via GIPHY

Hablando de convivencia, he compartido piso durante cinco años. Podemos decir que tengo experiencia en esto de compartir con desconocidos. Digamos que hay una especie de 'normas no escritas sobre la convivencia', todo depende de con quién te toque convivir. Un saludo desde aquí a todos los que han sido mis compañeros, me llevo algo bueno -y malo- de todos vosotros.

1. Preguntar antes de traer compañía a casa o informar antes de hacer un 'botellón'/fiesta.

2. Los cuartos son lugares sagrados con independencia del resto del piso. No se entrará sin permiso bajo ningún concepto.

3. Se hará una lista de tareas para organizar la limpieza -que en muchos casos no se cumplirá-. Las zonas comunes se mantendrán decentes, el cuarto de cada uno pertenece a otra jurisdicción, lo que quiere decir: la pelusa gigantesca de tu cuarto es solo cosa tuya.

4. Si se limpia, se limpia bien. No es lo mismo limpiar que ordenar y no solo se limpia el día que toca: si dejas la encimera, vitrocerámica o el suelo lleno de migas, lo ideal es que lo dejes como estaba.

5. Recoger la ropa del tendedero cuando esté seca, no dejarla de decoración tiesa y perenne. Ir a tender tu ropa y que esté todo ocupado por ropa de un compañero es doble trabajo.

6. Las bolsas de basura no se recogen solas. Si lo haces, poner una nueva bolsa en el cubo es un detallazo.

7. Suele haber una sola televisión en el piso, el primero que está sentado tiene el mando y elige el programa -a no ser que haya 'OT' que es sagrado-. Otra opción es consensuarlo. Todo depende del 'buen rollo'.

8. La luces se apagan, las facturas se pagan a medias.

9. La fantasía de compartir baño: recoger pelos del sumidero, proveerse de papel higiénico suficiente para no tener que usar el cartoncillo, no utilizar el champú caro de tus compañeras (lo notarán), no dejar el suelo cual ciénaga después de ducharte.

10. Como con la tele, solo hay una nevera y algún que otro cajón para guardar comida. Se respetará el espacio, a partir de ahora tendrás tu balda, tu cajón y tu propia comida (ver el punto 11).

11. La comida de cada uno se respeta, no se cogerá nada sin permiso. Si tienes la mala suerte de tener un compañero goloso y su balda esta llena de tigretones y bollería diversa tendrás que armarte de fuerza de voluntad para no sucumbir al 'pecadillo' de coger nada cuando vuelvas de fiesta.

12. 'Eso no es mío' o 'yo no he sido': frases más repetidas entre compañeros de piso. Se puede aplicar a ese fondo del fregadero con 100 tenedores y cuchillos olvidados. Aplicable también a dejarse el gas encendido, no colocar los 'cacharros' del escurridor u olvidar pagar a tiempo el mes del alquiler.

El compañero de piso (Segunda parte) El fiestero, el guarrete, el ruidoso, el enamorado hasta las trancas...

via GIPHY

La vida de estudiante promete ser la libertad ansiada pero también has de saber que lidiamos con todo tipo de conflictos. Compartir piso no es fácil y más si se trata de convivir con desconocidos, cada uno 'de su padre y de su madre', con sus manías, su gustos y sus rarezas (sí, lo digo).

1. El ruidoso: pone música a todo volumen sin importar la hora; en la cocina parece que lanza las cucharas contra el fregadero y por las mañanas habla a voces.

2. El cocinitas: hace de la cocina su hábitat natural, usa ollas, sartenes y todo tipo de utensilios, deja la cocina hecha una vergüenza.

3. El fiestero: se apunta a todos los barriles que organiza la universidad, suele ir poco a clase y vive en la nocturnidad. Intenta arrastrarte para que salgas con él o ella, se conoce todos los garitos de la ciudad.

4. Los fugaces: un año tuve una compañera que duró en el piso una semana sin motivo aparente. Hay otros casos en los que la convivencia se hace difícil, las personas no encajan y es mejor marcharse del piso.

5. 'Amorosos' o 'románticos': estos son los que tienen pareja y se han fusionado en una persona, es decir, terminas compartiendo piso con el novio/a de tu compi. No está estipulado el número de días que el acompañante puede estar en el piso sin que llegue a molestar al resto.

5. 'El guarrete': No limpia las zonas comunes, su cuarto huele a cueva de oso y cuando deja la puerta abierta infecta con su olor el resto del piso, tampoco tiene demasiada higiene personal. El orden no es su amigo, suele hacer vida nocturna.

6. Compañeros amigos: estos son aquellos que se vuelven familia durante tu estancia en el piso y te hacen la vida más fácil. Gracias a ellos tu vida universitaria será inolvidable.

7. Compañeros de mierda: es una ley universal, en todos los pisos hay uno y si no lo tienes en casa eres tú.

Sobrevivire-e-e-é (singing) Comer bien o salir todos los días con tus amigos, esa es la cuestión

Salir de casa supone un esfuerzo para los padres y tú como buena hija, te debates entre tener vida social o comer patatas cocidas y pasta durantes semanas. Otra de las razones por las que muchos pasamos hambre es esa pereza imparable y persistente que se apodera del estudiante para ir a la compra o para cocinar, directamente. Por eso las latas de atún, las pizzas y la sopa de sobre serán tu gran aliado. Consejo: busca piso que tenga un buen horno

Volver de la universidad cansada después de atender clases infumables observando un 'power point' de dudoso interés; hacer los dichosos trabajos en grupo con compañeros que a veces no te caen bien; las clases por la mañana y por la tarde... en fin, tu vida es demasiado complicada como para pensar en recetas muy elaboradas. Eso junto a la preferencia que tienen las cervezas en tu balanza de pagos convierten la pirámide nutricional de tu dieta en un triángulo con tres compartimientos: café, pasta y pizza.

via GIPHY

El regreso a casa Los milagrosos tupper de mamá

Cuando vuelves a casa, tu madre te mira con esa cara de preocupación como si tuviera delante a Tom Hanks en Náufrago: "Hija mía, qué delgada estas, ¿es que no comes?". Y sí, claro que comes pero más mal que bien. En ese momento tu madre activa la maquinaria productora de 'tuppers' y vuelves en Blablacar con una maleta de más y algo tan simple como elegir entre garbanzos o lentejas te hará una ilusión inexplicable.

via GIPHY

Esa semana por fin comes bien y gastas menos en el súper, tienes más dinero para gastar en otros menesteres y definitivamente eres mucho más feliz hasta que vuelves a tu piso y tu compañero no ha sacado la basura en todo el fin de semana o no ha fregado los platos y no tienes sartenes limpias para cocinar o ha montado una 'rave' en tu cuarto.

Temas

Málaga

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos