Manson, objeto del deseo

Un supuesto nieto, un músico que dice ser su hijo y un amigo epistolar se disputan el cadáver y la herencia del criminal

Manson, objeto del deseo
ISABEL IBÁÑEZ

La joven y alocada Afton Burton estuvo cerca, o al menos todo lo cerca que se podía llegar a estar del corazón de Charles Manson, el mediático criminal que indujo al asesinato de siete personas a finales de los años 60, entre ellas la actriz Sharon Tate, pareja del director Roman Polanski embarazada entonces de ocho meses. Burton, de 26 años, a punto estuvo de casarse con Manson mientras permanecía preso en California, pero en 2015 un periodista desveló sus verdaderas intenciones, que no tenían que ver con el amor, el sexo ni la admiración... Quería esperar a su muerte para exponer su cadáver en una urna de cristal, a la manera de Lenin, para que la gente pudiera contemplarle. Y cobrar por ello, se entiende. Manson anuló su boda, además de por el engaño, porque consideraba aquel plan una estupidez, un imposible, pues él no tenía previsto morirse.

Sin embargo, en noviembre, un paro cardiaco le obligaba a dar su último suspiro con 83 años, tras casi medio siglo en prisión, y se iniciaba entonces la pelea por conseguir una herencia que incluye su cadáver, sin dentadura postiza, eso sí, pues un museo de Las Vegas quiere exhibirla después de comprársela a un coleccionista; otro preso se la robó mientras se duchaba. Tres personas se han presentado reclamando para sí todo lo que tenga que ver con el fallecido: un ex luchador de kickboxing que es al parecer su nieto, un cantante que dice ser su hijo y un excéntrico coleccionista y amigo epistolar de Manson. Frente a ellos, las autoridades de California esgrimen que el reo había indicado en varias ocasiones que no tenía descendientes ni nadie al que dejar sus pertenencias, pero un tribunal deberá ahora decidir entre los pretendientes. El cadáver permanece de momento congelado en una oficina forense.

Jason Freeman asegura ser el hijo de Charles Manson Jr, primogénito del asesino, que tras cambiarse el nombre a Jay White –parece que para desvincularse del macabro apellido– acabó por quitarse la vida. Freeman, de 41 años, antiguo luchador de kickboxing y hoy entrenador personal, se dedica a compartir en su página de Facebook curiosos collages de dos piezas: medio rostro izquierdo suyo pegado al medio derecho de su pretendido abuelo, dos mentones frente a frente, todo para incidir en el parecido. Su foto de presentación en la red social es otra composición de dos personas, la cara de Manson y la de Rosalie Jean Willis, la primera mujer del asesino.

«Han ganado dinero a su costa durante años y ahora tienen la oportunidad de ganar mucho más»

Le molestan las informaciones que hablan de la lucha por la herencia, porque él dice querer el cuerpo para organizar una ceremonia de cremación familiar y esparcir las cenizas en un lugar secreto para que aquello no se convierta en un sitio de peregrinación turística : «El tópico, la gente pelea por el cuerpo de Manson... Estoy luchando por lo que es correcto. Espero que el mundo conozca mi lucha. Todo habrá terminado y esta pelea se desvanecerá como un momento en la Historia. Algunos estarán felices, otros tristes y otros con ira...». Andy Kahan, abogado especializado en defender los derechos de las víctimas e impedir que algunos puedan lucrarse vendiendo objetos de criminales, asegura que cualquier cosa relacionada con Manson se vende a través de Interner por miles de dólares: «Han ganado dinero a su costa durante años y ahora está disponible la oportunidad de hacer mucho más dinero».

«Amor por un monstruo»

Con Freeman, compite el que dice ser hijo de Manson, Matthew Roberts, líder de la banda de rock New Rising Son, de 48 años, que de niño fue dado en adopción y que en 2009 relataba cómo se enteró de que Manson era su padre: «Es como descubrir que eres hijo de Hitler», decía entonces. Se le da bastante aire cuando se despeina a la manera del asesino, al que no llegó a conocer aunque pretendió visitarlo cuando estaba enfermo. Cuenta que buscó a su madre biológica y que esta le confesó que había sido violada por Manson en una orgía inspirada por las drogas, y que de ahí nació él, un año antes de los asesinatos: «Es mi padre biológico, no puedo evitarlo pero siento algún tipo de vinculación emocional. Eso es lo más duro de todo, sentir amor por un monstruo que violó a mi madre. No quiero amarlo, pero tampoco quiero odiarlo», decía hace casi diez años. Ahora simplemente quiere su herencia, apoyado por un amigo del propio Manson, Ben Gurecki.

Y finalmente está Michael Channels, que sí conoció al criminal. Creador de una web en su honor, mantuvo correspondencia con él durante 20 años y llegó a verlo en prisión, encuentro del que hay fotos. Exhibe en sus redes sociales un supuesto testamento en el que al parecer le habría nombrado su heredero, y pide hacerse cargo de todo su legado. El juez le aconsejó buscarse un abogado para defender su historia. «Llamé a 50 de ellos –dice Channels–. La mitad me colgó, la otra mitad se rió».

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