Donde mandan las niñas

Una aldea de la India rompe con la tradición e impone una sociedad matriarcal. Ellas poseen la tierra y heredan el apellido de la madre. Y no les va mal

Imagen que ilustra la portada del libro ‘Kingdom of Girls’, que recoge fotos del paso de la artista Karolin Klüppel por Mawlynnong. /Karolin Klüppel
Imagen que ilustra la portada del libro ‘Kingdom of Girls’, que recoge fotos del paso de la artista Karolin Klüppel por Mawlynnong. / Karolin Klüppel
Susana Zamora
SUSANA ZAMORA

En un país donde las vacas gozan de más respeto que las mujeres y en donde hacer justicia para una víctima de violación cuesta más que proteger a un animal considerado sagrado, encontrar un lugar donde nacer niña no represente una desgracia o una vergüenza para la familia resulta realmente excepcional.

Según denuncia la Fundación Vicente Ferrer, la educación en la India es prioritaria para los varones, pero no para ellas, que quedan relegadas a las tareas domésticas. Ellas son simples monedas de cambio en matrimonios amañados por sus padres; ellas están peor alimentadas que los niños y ellas enferman más. «Las mujeres en la India pueden sufrir muchos tipos de maltrato en todas las etapas de su vida, que van desde el infanticidio femenino al acoso sexual u otras prácticas tradicionales dañinas, como la dote o los matrimonios precoces», denuncia la fundación. Cada 22 minutos, una mujer denuncia una violación en la India y en el 94% de los casos, la víctima conocía a su agresor.

El libro. Karolin Klüppel

La fotógrafa alemana Karolin Klüppel convivió nueve meses, entre 2013 y 2015, con varias familias de la tribu de los Kashi con el fin de fotografiar a sus mujeres y aspectos de aquella sociedad matriarcal. La experiencia quedó plasmada en el libro ‘Kingdom of Girls’ (’Reino de las niñas’). «La familia donde yo vivía tenía dos niñas. Observándolas logré muchas ideas», confiesa la artista.

La serie de retratos que tomó Klüppel fue reconocida con el Premio Felix Schoeller Photo de 2015. El proyecto no iba a ser ese, sino permanecer seis meses en la India y continuar hacia China para fotografiar una sociedad matriarcal en el Himalaya.

Y en este contexto de desigualdad y violencia de género continuada en la familia, la comunidad y el propio Estado, hay una pequeña población en el país que rompe con la inquebrantable inercia de la tradición. En las colinas Khasi, al noreste de la India, está Mawlynnong, un pueblo agrícola de unos 500 habitantes. Son sólo 80 familias que hablan su propio idioma y donde el sistema es totalmente matriarcal. Es uno de los pocos que quedan en el mundo. Aquí las mujeres son las propietarias de la tierra; los hijos siempre heredan el apellido de la madre y la hija menor es quien recibe la herencia familiar. Desde muy pequeñas comienzan a asumir las responsabilidades de sus progenitoras y con tan sólo ocho años ya realizan las tareas domésticas y cuidan de sus hermanos menores.

Aquí no conocen los matrimonios concertados ni el despiadado sistema de dotes, que es el pago que la familia de la novia debe realizar a la del futuro esposo y que hace que en muchas ocasiones, si no puede afrontarlo, la mujer sea repudiada y agredida sistemáticamente por su marido y toda su familia. La Fundación Vicente Ferrer estima que anualmente entre 25.000 y 100.000 son asesinadas por esta razón, pese a que es una práctica prohibida por ley desde 1961. Pero en Mawlynnong, las cosas funcionan de otra forma: las jóvenes se casan cuando quieren y con quien quieren; los divorcios y nuevos matrimonios son aceptados, y hasta irse a vivir juntos antes de casarse es respetado por el resto de la comunidad. Su lema es ‘Ámate a ti mismo y respeta a los demás’, por eso tampoco ven con malos ojos y hasta causa cierta admiración que ellas decidan vivir solas. En esta aldea todos los niños estudian. Acuden a la escuela hasta los 12 años y después continúan sus estudios fuera de su pueblo. Acabada esta etapa, deciden si asisten a la universidad o regresan a la aldea. Una oportunidad que tienen ellos, pero también ellas. Sin discriminación.

Hombres resignados

Los hombres han asumido este papel de actores secundarios con cierta resignación. No se consideran ceros a la izquierda, pero alguno ha confesado que se siente «extraño» viviendo en la casa de la mujer y con toda su familia. Otros claman por una igualdad de género, ya. Pese a todo, las mujeres no suelen tomar decisiones sin haber hecho una consulta previa al hombre.

Mawlynnong ha sido reconocido como el pueblo más limpio de Asia por varias publicaciones

La tribu de los Kashi, a la que pertenece esta sociedad matriarcal, convive con otras dos (los Jaintia y los Garo) en Meghalaya. Es la región ‘por encima de las nubes’, que divide el valle de Assam de las llanuras de Bangladesh, y cuyas lluvias incesantes entre junio y octubre dejan una paisaje frondoso y un ambiente húmedo y sofocante. Allí, Mawlynnong emerge con impolutos caminos y casas resplandecientes, que le han valido el sobrenombre del ‘Jardín del mismo Dios’. Este afán por la limpieza, iniciada por los más ancianos del pueblo e imitada después por el resto de la población, fue destacada por la revista de viajes ‘Discover India’, que declaró a Mawlynnong el pueblo más limpio de Asia en 2003 y cuyo título fue avalado después por la BBC, National Geographic y la misma Unesco. Sólo un año después, se desató la locura turística y el silencio dejó paso al gentío y el trasiego de extraños. Para entonces, el amor por la limpieza y el reciclaje corría por las venas de cuatro generaciones. Las normas fueron claras: prohibido tirar basura y un uso limitado de las papeleras a «pieles de frutas y envoltorios de refrigerios». El infractor se las vería con la Policía.

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