Mamis antes de tiempo

Los embarazos de adolescentes en España se mantienen en los mismos registros que hace 20 años: siete de cada mil gestaciones. En sociedades cada vez más evolucionadas «sigue faltando educación sexual»

Mamis antes de tiempo
Susana Zamora
SUSANA ZAMORA

Acudió a urgencias con fuertes dolores en el abdomen. Esa era toda la información con la que contaban los médicos del Hospital Virgen de la Arrixaca (Murcia) hasta que, tras un primer reconocimiento, saltaron todas las alarmas. La paciente no estaba enferma, estaba embarazada. Habían transcurrido nueve meses y nadie se había percatado de su estado. Al desconcierto inicial siguió algo aún más inquietante. La gestante, de origen boliviano, era una niña de tan solo 11 años. Adiós a su infancia, a jugar con sus iguales, a ser inocente, a pensar con ingenuidad. Pero quedaba el sobresalto final. A falta de su confirmación por las pruebas de ADN, el padre del bebé sería el hermano de la menor, que contaba con 13 años en el momento de dejarla embarazada. Tras la conmoción, muchos se preguntan ahora qué ha fallado. «A veces juzgamos desde nuestra mentalidad occidental y hay núcleos familiares complejos, muy permisivos y que nos resultan difíciles de entender por sus equívocas relaciones. Por eso, tendrá que ser ahora la Administración la que intervenga. Está claro que jurídicamente, por acto o por omisión, los abuelos han incumplido con la función que tienen de velar por el correcto desarrollo de sus hijos», sentencia Javier Urra, psicólogo forense.

Testimonios

Más allá de las implicaciones judiciales (el padre es inimputable), los embarazos a edades tan tempranas conllevan serios riesgos físicos para la madre, porque su cuerpo no se ha desarrollado por completo, pero también sexuales. «Cuando se producen abusos en menores de esta edad, las secuelas de adulto son inevitables, como la pérdida de deseo y relaciones insatisfactorias. Además, las repercusiones públicas de estos casos llevarán a los menores a sentirse culpables y, posiblemente, a negarse el placer durante mucho tiempo», explica Francisca Molero, presidenta de la Federación Española de Sociedades de Sexología.

El caso de la niña de 11 años embarazada en Murcia pone en evidencia las fallas del sistema de educación y tutela de menores

Para esta especialista, a esas edades no puede hablarse de prohibiciones o consentimiento, tal y como lo entienden los adultos. «Estos pueden valorar las consecuencias de un acto y actuar en consonancia; un niño no tiene conciencia del alcance de sus actos. A veces la relación sexual es un acto de comunicación y hay países en los que el incesto lo viven de otra forma». El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) reconoce en un informe que en los contextos más precarios, donde hay una clara dominación masculina, los embarazos adolescentes son provocados por coerción, incestos y violencia sexual en más del 20% de los casos.

Aunque excepcional por el incesto cometido, este caso ha sacado a la luz una realidad que sigue latente en España. Solo en la región de Murcia, se han registrado en el último trimestre otros dos partos de menores de 12 y 15 años, también de origen sudamericano. Los nacimientos de madres adolescentes no han dejado de producirse, aunque su evolución ha sido variable. Entre 1996 y 2008 se duplicó la tasa de fecundidad adolescente, pasando de 7,37 nacimientos por mil mujeres entre 15 y 19 años a 13,3. Entre 2008 y 2015, la tasa volvió a bajar hasta situarse en los 7,74 actuales, similar a las que se registran en la mayoría de países europeos. No son cifras alarmantes, pero sí resulta llamativo que los indicadores sean prácticamente iguales a los de hace veinte años.

7,74 es la media de nacimientos por mil mujeres entre 15 y 19 años en España. Un registro similar al del resto de Europa. En EE UU es de 21; en Japón, de 4; en Bolivia, de 70, y en Níger, de 201.

«Sigue siendo un fenómeno de cierta trascendencia social, que debe ser tenido en cuenta a la hora de establecer políticas públicas relacionadas con la salud sexual, la relaciones de género y los modelos de planificación familiar», advierte el último informe ‘Relatos de madres adolescentes’, elaborado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD). Precisamente, es en la falta de esas políticas para promover la educación sexual en las escuelas a edades tempranas y para dotar de ayudas a las entidades que sacan adelante a estas menores cuando sus familias les dan la espalda donde todos los expertos hacen hincapié para que las cifras se reduzcan y esta realidad no se convierta en un problema de primer orden.

Maternidad. Algunas menores buscan ayuda en instituciones tras darles la espalda sus familias.
Maternidad. Algunas menores buscan ayuda en instituciones tras darles la espalda sus familias. / Alberto Ferreras

Nadie duda a estas alturas del mayor conocimiento que tienen los españoles sobre el aborto, sobre los métodos anticonceptivos, del acceso fácil y generalizado a la información, de su mentalidad más abierta a la hora de abordar el tema de la sexualidad con sus hijos. «Pero información y educación no son lo mismo. En esta última se trabaja el respeto al otro, se aprende a entender la sexualidad desde una dimensión positiva y a gestionarla correctamente durante toda la vida. Si esto no existe y los modelos de referencia son la pornografía y la hipersexualización (presentación de los menores como miniadultos), a lo único que lleva es a una sexualidad mal entendida, con disfunciones y con consecuencias», advierte Molero.

16,2 es la media de edad en que los jóvenes españoles tienen su primera relación sexual completa. La pérdida de la virginidad se adelanta cinco o seis años con respecto a los años 60.

93.131 interrupciones voluntarias de embarazo (IVE) fueron realizadas en España en 2016, último registro del Ministerio de Sanidad; 406 a menores de 15 años y 9.375 a chicas de entre 15 y 19.

En España, en el primer semestre de 2017, según datos provisionales del Instituto Nacional de Estadística (INE), dieron a luz 197 niñas de 15 años o menos. En 2016, ya con datos definitivos, fueron en total 454 (343 de 15 años; 100 de 14; 8 de 13 y tres de 12 años), una cifra inferior a la de 2015, en que se registraron 490 (392 de 15 años; 88 de 14; 9 de 13 y una de 12 años). El estudio realizado por el Centro Reina Sofía da algunas claves que explican estas cifras. Una de ellas, el adelanto en la primera relación sexual completa, que se tiene a los 16 años de media, cinco o seis años antes que en la década de los 60. «En general, tienen mayor conocimiento de los anticonceptivos, pero también una idea equivocada y perversa sobre las relaciones. Están dispuestas a entregarse a su pareja sin protección para no perderla», apunta Anna Sanmartín, socióloga y subdirectora del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud. La pérdida de la virginidad supone para estas menores alcanzar un nuevo estatus social y afirmar su identidad.

Y en algunas ocasiones, el embarazo no es un accidente sino una «estrategia» para huir de un entorno familiar conflictivo, de ahí que el mayor número se dé en el seno de hogares desestructurados donde la joven no encuentra el apoyo ni el amor que demanda.

Hogar. Una madre atiende a su pequeño en el piso de acogida que le ha facilitado la Fundación Madrina en Madrid.
Hogar. Una madre atiende a su pequeño en el piso de acogida que le ha facilitado la Fundación Madrina en Madrid. / Alberto Ferreras

Una realidad que choca frontalmente con las jóvenes de clase media o con familias de altos ingresos, para quienes el embarazo y la maternidad siendo menores constituyen una «mancha de honor» y un obstáculo en los estudios y en las aspiraciones laborales. Lo perciben, según los sociólogos, como algo a evitar y, aunque tienen mayor y mejor acceso a los métodos anticonceptivos, ante un imprevisto, la solución de emergencia más recurrente es el aborto.

Los especialistas constatan que el embarazo adolescente es considerado un «problema grave» en las sociedades occidentales. Sin embargo, las secuelas dependerán de la edad. No es lo mismo a los 11 años que a los 16; de cómo lo viva la niña y de cómo responda su entorno, «si la apoya o la estigmatiza para siempre», apunta Amparo Romero, psicóloga infantil.

«Las secuelas dependerán de cómo lo viva la niña y todo su entorno» amparo romero, psicóloga

«Están dispuestas a entregarse sin protección para no perder a su pareja» Anna Sanmartín, Socióloga

Varios estudios recogidos en el informe ‘Relatos de madres adolescentes’ confirman que la proporción de niñas que acaban siendo madres es mayor en zonas donde las carencias y las desigualdades sociales son más acentuadas. Aseguran los expertos que cuando buscan el amor fuera de sus hogares están dispuestas a pagar un alto precio por no perder a esa pareja en la que han encontrado lo que no tienen en casa. «Es la trampa del mito del amor romántico –agregan–. Asumen riesgos en sus prácticas sexuales, aceptando incondicionalmente los deseos de sus parejas (entre ellos, no usar preservativo) como medio para retenerlas y así sentirse queridas y valoradas. Están dispuestas, incluso, a soportar el maltrato pensando que el niño los unirá para siempre». Pero, a menudo, el sueño se esfuma en cuanto el embarazo es una realidad.

Relatos de adolescentes

En su estudio ‘Relatos de madres adolescentes’, el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud recoge el testimonio de 32 mujeres, que comparten cómo afrontaron la maternidad siendo tan jóvenes.

Mamá a los 16 años, empleada de hogar. «Al quedarme embarazada me separé de todo el mundo»

«Los problemas en casa eran innumerables y las continuas peleas de sus padres acabaron en divorcio. Para huir de ese «caos» buscó refugio en su pareja y se quedó embarazada con 16 años. «Desde aquel momento, dejé de ir al colegio, me escapaba con el padre de mi hija, me separé de todo el mundo; era él y ya está».

Mamá a los 17 años, vendedora a domicilio. «Sólo me decían que abortara, que no me iba a ir bien con un hijo»

Dejó los estudios en 2º de la ESO. Tras un susto inicial, en que pensó que había quedado embarazada, su pareja y ella se ilusionaron con esa idea. «Él empezó a darme la tabarra para que tuviéramos un hijo y como lo quería mucho me dije: ¿por qué no? Después, mi tía solo me repetía que abortase, que no me iría bien con un hijo».

Mamá a los 16 años, desempleada. «Mi novio nunca quería usar condón y me convencía para hacerlo sin él»

Perdió con él su virginidad y asegura haber estado muy enamorada. «Tenía una venda en los ojos. Me maltrataba, pero yo pensaba que era la única persona con la que iba a estar». Reconoce que conocía los métodos anticonceptivos, pero que él nunca quería usar el condón. «Siempre me convencía para hacerlo sin él».

Mamá a los 17 años, desempleada. «Me dijeron en el colegio que no podía seguir, daba una mala imagen»

«Cuando comuniqué a mi colegio, católico, privado y muy estricto, que estaba embarazada me dijeron que no podía seguir porque daba una mala imagen». Ese año se presentaba a la selectividad. «Pedí hacerla en septiembre y, al final, me lo invalidaron todo». Todavía hoy no ha podido retomar los estudios.

Mamá a los 17 años, estudiante. «Me pasé tres días llorando sin querer hablar; no estaba lista»

Cuando se enteró de que estaba embarazada se pasó tres días llorando sin querer hablar con nadie. «Estaba mal, no sabía cómo afrontarlo, cómo decirlo a los amigos. No estaba lista para eso». Sin embargo, contó con el apoyo de sus padres y pudo retomar los estudios. «Ahora no dejo que me traten de modo distinto en la escuela».

Mamá a los 16 años, desempleada. «Las amigas me decían que si iba al baño y orinaba no pasaba nada»

Pese a que nunca utilizó un método anticonceptivo, asegura que en su cabeza jamás entró la posibilidad de quedarse embarazada. «Las amigas te dicen mucho que cuando terminas (de tener relaciones sexuales), si vas al baño y orinas, ya no pasa nada. Y eso hacía yo», recuerda esta española de origen colombiano.

Mamá a los 17 años, desempleada. «Entre los gitanos, si el marido te pide dejar los estudios, los dejas»

Dejó los estudios antes de ser madre. Se casó por el rito gitano, pero se separó del padre de su hija porque él cambió de actitud y se volvió indiferente hacia ella desde que estuvo embarazada. «Cuando los gitanos nos pedimos, nos casamos, si el marido no te deja que estudies, pues tienes que dejarlo», dice en su caso.

Mamá a los 14 años, desempleada. «No sabía beber, perdí el control y la conciencia y pasó lo que pasó»

Esta española de origen peruano se quedó embarazada a los 14 años en una relación no consentida y, finalmente, abortó. Hoy tiene un hijo de otra relación. «Perdí la virginidad con una persona que no conocía de nada. No sabía beber, perdí el control y la conciencia y pasó lo que pasó. Los dos estábamos igual».

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