Los insectos son el nuevo alimento

La UE autoriza a partir de hoy la distribución y venta de insectos para consumo humano, pero todavía existen prejuicios para comerlos

En el mercado de La Boquería, en Barcelona, se vendieron insectos. /R. C.
En el mercado de La Boquería, en Barcelona, se vendieron insectos. / R. C.
VÍCTOR NÚÑEZ JAIME

Mexicanos, chinos o tailandeses suelen ponerlos en sus platos, en otros países se aventuran a camuflarlos con varios ingredientes y en algunos más recurren a ellos directamente para no pasar hambre y detener sus niveles de desnutrición. Su venta y consumo dentro de la Unión Europea permanecía en el limbo pero, a partir de hoy, productores y distribuidores pueden solicitar la autorización de comercializar insectos destinados al consumo humano. Así que, si la burocracia se da prisa, lo que hasta ahora era exótico e inusual pronto podríamos encontrarlo en restaurantes, tiendas gourmet y supermercados.

Según la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), gusanos, grillos, escarabajos, orugas, avispas, hormigas, langostas, saltamontes o moscas son algunos de los que tienen mayor potencial como alimentos y por ello se han incluido en el grupo ‘Novel Food’ europeo para regularizar su empleo e ingesta. «Muchos insectos proporcionan energía, proteínas, aminoácidos, ácidos grasos y son ricos en micronutrientes como el cobre, el hierro, el magnesio, el manganeso, el fósforo, el selenio y el cinc, así como en vitamina B2 y, en algunos casos, en ácido fólico», señala Giulia Muir, consultora de la FAO especializada en insectos.

En Europa, un tabú

No obstante, todavía comer insectos en Europa representa una especie de tabú. La repulsión que la mayoría de los occidentales siente ante la idea de llevarse a la boca un bicho de seis o más patas no responde sólo a que muchos de esos animales se asocian con algo repugnante (a una cucaracha, por ejemplo) sino que, además, comerlos puede ser desesperante. Pero es verdad que cocineros, nutricionistas y expertos en seguridad alimentaria pueden contribuir a implantar su aceptación.

Uno de los motivos que hacen a los insectos atractivos es su sostenibilidad. En términos generales, la cría de insectos no necesita de grandes extensiones de terreno o de insumos agrícolas como el agua. De hecho, en los jardines de muchas casas de Tailandia, Laos o Vietnam, por ejemplo, no es raro que se críen insectos para la alimentación empleando materiales baratos. Pero, de todas formas, hay que tener cuidado pues la FAO advierte de que pueden producirse problemas de alergias como las que ocasionan los crustáceos y es necesario eliminar en ellos bacterias, hongos o virus.

Uno de los lugares que ha intentado incorporar en España estos ingredientes a su carta es el mexicano ‘Punto MX’ (una estrella Michelin). Ha querido trasladar los tradicionales chapulines (saltamontes), hormigas y gusanos de maguey de su tierra a Madrid.Ahora es probable que el chef Roberto Ruíz introduzca estos insectos en sus recetas.

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