Un hombre, cuatro esposas

Musa, encantado de la vida, posa con sus cuatro mujeres durante la promoción del reality de la cadena Mzansi Magic.
Musa, encantado de la vida, posa con sus cuatro mujeres durante la promoción del reality de la cadena Mzansi Magic. / RC

Un ‘reality’ televisivo, con Musa Mseleku y sus mujeres de protagonistas, reabre el debate sobre la poligamia en Sudáfrica. A las cinco de la tarde todas tienen que estar en casa

IRMA CUESTA

En Sudáfrica, las redes sociales están que arden desde que Musa Mseleku, un fornido hombretón de 43 años, decidió que nada mejor para tratar de cambiar la negativa perfección que la sociedad tiene de la poligamia que enrolarse en un ‘reality’ televisivo y airear sus bondades. Desde que ‘Uthando Nes’thembu’ (algo así como ‘Amor y Poligamia’) ha comenzado a emitirse, hace apenas unas semanas, el ejército de seguidores y detractores del bueno de Musa no ha hecho más que engordar reabriendo en su país un controvertido debate sobre un régimen familiar que permite a los hombres, y solo a ellos, tener más de una esposa al mismo tiempo. En el caso de Musa, exactamente son cuatro: MaCele, la primera, con la que se casó mientras esperaba a que los padres de su novia, MaYeni, decidieran si estaban dispuestos a aceptar un yerno polígamo; la propia MaYeni (está claro que finalmente le dieron el visto bueno), MaKhumalo y Thobile. Con MaCele, que tiene hoy 41 años, se casó en 2002. Ella le llama «mi león». Cinco años más tarde lo hizo con MaYeni, de 35 años, la más tímida. Y en 2009, con solo un mes de diferencia, dio el ‘sí, quiero’ a MaKhumalo (36) y Thobile (34). Las cuatro le han dado diez hijos «y quiero saber todo lo que les ocurre a cada uno de ellos», dice el ‘león’.

La poligamia

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países permiten la poligamia. Entre ellos, Arabia Saudí, Mali, Senegal, Tibet, Utah (EE UU), Burkina Faso, Camerún, Catar o Chad.
Una vieja práctica
Hasta el siglo XIX, la poligamia era una práctica habitual en Sudáfrica. Fueron los misioneros cristianos los que hicieron campaña para que prescindieran de las esposas ‘suplementarias’. Puestos a ello, los británicos elevaron los impuestos a aquellos con más de una.

La serie es, según su protagonista (al que sus esposas describen como un hombre amoroso, humilde y respetuoso que provee a su familia), una suerte de oda de amor a la poligamia, aunque su estrella reconoce que puede resultar complicado contentar a una familia tan numerosa, si uno no tiene dinero.

Todas las mujeres de Musa y sus respectivos hijos viven en bonitas casas independientes en una granja situada cerca de Durban, en la costa KwaZulu-Natal’s, con dos coches cada una, un mecánico familiar y un chófer a su disposición encargado, fundamentalmente, de llevar a los niños al colegio. Promotor inmobiliario, el dinero parece que no es un problema. «Una de las ideas falsas más extendidas sobre el modo de vivir de los polígamos es que oprime a las mujeres, y esa es una de las razones por la que quisimos hacer este ‘reality’, para permitir que la gente vea que, en nuestro caso, nada más lejos de la realidad», ha contado Musa a la BBC. «Quiero mostrar que un hombre puede tener una relación polígama y al mismo tiempo ser un marido considerado».

«Lo complicado es dedicar a todas la misma atención y el mismo tiempo»

Aunque sus intenciones parecen nobles, está claro que no todo el mundo está de acuerdo con su percepción del asunto; especialmente cuando, en el primer episodio, el señor Mseleku se esfuerza en explicar que las cinco de la tarde es la hora del toque de queda para sus mujeres. Por más que en esta parte del mundo algo así sea suficiente para sacar a la calle a un batallón de indignados, no parece haber supuesto el menor problema para las señoras Mseleku. «En todas las casas, y especialmente en las de Sudáfrica, creemos que un esposo es como tu dios, de manera que no puedes hacer lo que deseas si él no te ha dado su bendición», responde Thobile, la cuarta en llegar al harén, a las preguntas de un periodista mientras el hombre de la casa, tratando de hacerse el gracioso, explica que, incluso él se ha impuesto algunas restricciones: «Yo tengo que llegar mucho antes para prepararme para atenderlas a todas».

El caso es que ya han pasado ocho años desde que Thobile y Musa se casaron y, cuando lo hicieron, ella sabía en dónde se metía porque se crio en una familia similar. La realidad es que, en Sudáfrica, aunque la poligamia no es una práctica aceptada por la mayoría, no es ilegal –sin ir más lejos, el presidente, Jacob Zuma, tiene seis mujeres– y es especialmente común entre los miembros de la etnia zulú.

Es posible que al presidente le pase lo mismo que a Mseleku, que su principal problema sea asegurarse de que divide su tiempo de forma ecuánime entre todas ellas y sus muchos hijos (Zuma es padre de veinte, el doble que Musa). Y es más que probable también que el presidente sudafricano tampoco contemple una situación a la inversa. «¿Que una de mis mujeres se case con otro? De ninguna manera. Me moriría», ha dicho Musa, sin inmutarse, anunciando que no descarta aumentar la familia.

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