Una hechicera al fin sana a Manu Tuilagi

Manu Tuilagi, en primer término./Afp
Manu Tuilagi, en primer término. / Afp

El centro de la selección inglesa de rugby regresa de Polinesia con sus rodillas reparadas y una gran revelación

IÑIGO GURRUCHAGALondres

Cuando no había cumplido 20 años, Manu Tuilagi jugó un partido con su equipo, los 'Tigres' de Leicester, contra la selección sudafricana juvenil sabiendo que un policía esperaba al pitido final para detenerlo y deportarlo. Había entrado en Inglaterra con 12 años acompañando a su familia en una visita a su hermano, que jugaba en Cardiff, con un visado de turista, y no se había preocupado de más.

Ganaron los 'Tigres' y marcó un ensayo. Aficionados, directivos, parlamentarios locales intercedieron por el más joven de los hermanos Tuilagi, una familia dentro de la familia del club. Cuatro hermanos han jugado en el equipo, uno de los mejores de la Inglaterra del rugby. Las autoridades aceptaron que el pequeño Manu- 1,85 metros, 110 kilos de peso- se quedase en el país.

Ya internacional en su país adoptivo, fue detenido en 2005 por la Policía neozelandesa y multado por la federación por tirarse al mar desde un ferry que llevaba a la selección inglesa de regreso al puerto de Auckland tras un día de recreo. Más tarde, en una recepción del primer ministro David Cameron a los 'British Lions' tras una exitosa gira, Tuilagi compuso con sus dedos dos orejas de burro tras la noble testa del líder nacional en la foto de rigor ante la puerta del 10 de Downing Street.

No pudo jugar la Copa del Mundo de 2015 porque en una noche alborotada se lió a puñetazos con dos policías y el año pasado fue expulsado de la concentración inglesa por una juerga nocturna con un compañero de equipo. «A las cuatro de la mañana ya estábamos en el hotel», dejó caer entre las frases de su disculpa. Lo han llamado infantil, bobo, imbécil, pero parece un buen chico católico.

Este joven de 26 años que viste invariablemente camiseta y chancletas en el invierno inglés es uno de los mejores jugadores de rugby en el mundo. En defensa es una roca interpuesta en el camino de los rivales y, cuando se va hacia la línea de ensayo con su velocidad explosiva, grandes zancadas y un rostro salvaje y jubiloso, el público se pone en pie y grita, por la inminencia de un gran peligro.

Vakatevoro

Pero Manu, bautizado así por invocación de un gran guerrero samoano, lleva tres años con frecuentes lesiones. El entrenador y el fisioterapeuta de los 'Tigres' de Leicester le dieron permiso para regresar a su tierra y coger allí el bote a Upolu, donde vive una hechicera con buena reputación, que le había recomendado su madre. Ha regresado proclamando que está curado.

La hechicera le explicó que tres espíritus en forma de mujeres se habían casado con él y que lo querían exclusivamente para ellas, así que lo lesionaron cuando jugaba un partido. En los cuatro días que duró la curación cubrió durante dos horas su cuerpo con aceite de Fiji para protegerlo de la invasión de las malas espíritus. Posiblemente era aceite de coco, que se utiliza en los viejos rituales de las islas de Polinesia para invocar la protección ancestral de Vu.

Su hermano Alesana, que juega en los 'Halcones' de Newcastle, le acompañó, porque no debía dormir solo. Y pasaron el resto de los días 'acampados' en la sala de estar de su casa viendo la tele. Según expertos en la cultura de las islas, el aislamiento es parte de los ritos de 'vakatevoro', que podrían incluir la ingestión de una bebida bastante psicodélica que se hace con hojas del arbusto 'kava'.

Partido comprado

Los hermanos Tuilagi son hijos de un líder político de la isla de Samoa, con unos 150.000 habitantes. Manu contó al 'Daily Mail' que, cuando era un niño, al regresar de la escuela, limpiaba su casa, a cincuenta metros de la playa. Recogía las hojas caídas, el estiércol del caballo familiar y, siguiendo la trayectoria de sus hermanos mayores, jugaba a rugby. Cinco han jugado en la selección de su país. El sexto es gay, se viste y se maquilla como una mujer, y cuida a su madre.

Jugaban descalzos en un campo donde pastaban los cerdos. Si no tenían un balón, lo sustituían con un palo o con una botella de agua rellena de tierra y hierba. Al que lloraba por un golpe no le dejaban jugar más. Todos los hermanos son muy religiosos y están muy unidos. Cada vez que Manu se mete en un lío pide perdón y se lamenta de haber avergonzado a su madre. Sus dos progenitores vieron en televisión el debut del menor de los Tuilagi con Inglaterra. Marcó un ensayo.

La noticia de la curación ha coincidido con un entuerto económico. La selección de Samoa jugará contra Inglaterra en Twickenham este mes, pero está en la quiebra. Sus jugadores, entre los que se encuentran varios Tuilagi, cobran 700 euros por partido pero no tienen dinero para pagarles. Los de Inglaterra cobran 25.000. Una entrada en el estadio de Twickenham es más cara que el salario semanal promedio en Samoa.

La federación inglesa pagará a la de Samoa unos 90.000 euros para celebrar el partido, como gesto de buena voluntad. Algún dirigente de Samoa ha dicho que, si les pagan la mitad de los ingresos por taquilla-que se estiman en diez millones-, ellos tendrían el presupuesto resuelto para dos años. La federación escocesa no ha dicho cuánto les pagará por jugar en Edimburgo.

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