Una hazaña preocupante

El carguero ‘Eduard Toll’ avanza en un mar de hielo bajo la noche perpetua del invierno ártico. /R. C.
El carguero ‘Eduard Toll’ avanza en un mar de hielo bajo la noche perpetua del invierno ártico. / R. C.

Un carguero atraviesa por primera vez el Ártico en pleno invierno sin ayuda de un rompehielos. El cambio climático es el responsable de esta peligrosa anomalía

ISABEL IBÁÑEZ

El barón Eduard Von Toll (1858-1902) fue un geólogo ruso que dedicó su vida a explorar el Ártico, y de hecho se la dejó allí, muriendo en algún lugar de los hielos en una de sus épicas expediciones. Es posible que si levantara la cabeza quedara conmocionado al ver lo que ha conseguido un barco bautizado con su nombre gracias o por culpa del cambio climático, que amenaza con licuar su amado Polo Norte. El carguero de gas natural ‘Eduard Toll’ acaba de hacer historia al ser el primero en completar la conocida como Ruta del Mar del Norte (a través del estrecho de Bering que separa Norteamérica de Asia, y bordeando la costa siberiana hacia el Oeste) en invierno sin el apoyo de un rompehielos.

El buque, con el capitán Solomakha al mando, «rompió hielo de 1,8 metros de espesor a velocidades de cinco nudos (casi diez kilómetros por hora) en constante oscuridad, viendo pasar osos polares por el camino», según Mark Kremin, presidente de la naviera Teekay, propietaria del barco. Hermoso, pero aterrador por todo lo que implica.

La cubierta tapizada por la ventisca.
La cubierta tapizada por la ventisca. / R. C.

La fina capa de hielo existente este invierno ha posibilitado el paso de este carguero construido en 2017 y con bandera de Bahamas. El pasado enero se llegó a esos 1,8 metros de grosor del hielo de los que habla Kremin, la mitad de lo que tenía hace 30 años. Desde entonces han desaparecido tres cuartas partes de la superficie de la capa helada. El navío partió de Corea del Sur destino a Sabetta, un puerto en la península de Yamal (al noroeste de Siberia) donde existe una planta de gas natural y adonde llegó antes de lo previsto gracias a las ‘benignas’ condiciones meteorológicas. En realidad, habría tardado el doblesi hubiera hecho lo que debería ser normal en esta época, es decir, llegar a su destino por el canal de Suez.

Crear un santuario

Como advierte Greenpeace, «el Ártico funciona como un aire acondicionado y de él depende el clima global, pero sigue siendo el océano más desprotegido del planeta». Cuatro millones de personas lo habitan o dependen directamente de él para poder vivir. La quema de combustibles fósiles (como el gas natural) es el principal causante del cambio climático, precisamente la carga que transporta el ‘Eduard Toll’ a través de los hielos.

La ONG medioambiental está inmersa en una campaña cuyo objetivo a largo plazo es «crear un santuario global en el Ártico que lo proteja de las prospecciones petrolíferas, de la pesca industrial y del tráfico marítimo en las nuevas vías creadas por el deshielo». La destrucción del hielo –advierte– lo expone «a la pesca masiva y la extracción de petróleo, gas y minerales. Estas circunstancias generan gran variedad de choques de intereses, algunos tan graves como posibles conflictos bélicos».

Calentamiento

1,8
metros de grosor tenía la capa de hiejo que cubría el Océano Ártico este enero, exactamente la mitad de lo que medía hace 30 años.

No lo ve así el presidente de Teekay, que aprovechó para anunciar que este viaje inaugura una ruta «para décadas venideras» con los seis cargueros de su flota. Mark Kremin no puede estar más satisfecho de la ‘hazaña’, al hablar de «lo orgulloso que estaría el barón Eduard Von Toll, quien dedicó su vida a la exploración del Ártico».

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