Hablemos de sexo

Hasta el c*

La teoría de que a las mujeres a las que les duele la cabeza es como la de los hombres que no se quieren comprometer

Carolina Cancanilla
Ana Barreales
ANA BARREALES

Esa absurda teoría de que a muchas mujeres les duele la cabeza porque no les gusta el sexo ya no engaña a nadie. Es tan ridícula como la de que hay hombres que no se quieren comprometer. Cada vez que oigo esa frase pienso: otra a la que le están engañando.

Digámoslo de una vez por todas: no se quieren comprometer contigo. Todos conocemos algún caso de una pareja que rompe después de muchos años de aguantar las indecisiones de algún noviete que, pobrecillo, no se aclaraba y se sentía oprimido, y unos meses después le han visto pasear encantado con una churri con un bombo. Con el sexo y el dolor de cabeza pasa lo mismo. A todas las mujeres les gusta el sexo, el bueno. Y si no quieren es que o no se lo están pasando bien o no quieren sexo contigo o las dos cosas.

Tanto como hemos avanzado en muchos aspectos y resulta que casi todos los prejuicios en torno a las relaciones, el placer y lo recatadas que tienen que ser las mujeres siguen vigentes para mucha gente: los hombres son infieles por naturaleza, las mujeres tienen que aguantar por el bien de la familia o de la pareja o por no sé qué; si te acuestas con uno pronto luego no va a querer saber nada de ti. ¿Y si es al revés? Y una larga lista de teorías que para los tiempos de Elizabeth Bennet y Mr. Darcy en ‘Orgullo y prejuicio’ quizá tuvieran sentido, pero hoy suenan muy trasnochadas.

La virginidad ya no es un tabú, pero la promiscuidad lo sigue siendo. Leyenda urbana o realidad, la frase de Julio Iglesias confesando que se había acostado con más de ¿eran 3.000? mujeres (a partir de tres ceros tiene que ser muy fácil perder la cuenta) no despertó más que una mezcla de incredulidad y admiración. Nadie discutirá que si en lugar de Julio Iglesias hubiese sido una cantante famosa la que hiciese esa afirmación la hubiesen puesto de puta para arriba.

De todas, hay una especialmente ridícula, que alguno que tenga una hija habrá escuchado. Ya verás cuando sea jovencita y venga con un novio que se la tire. ¿Cómo? ¿Ella qué es un árbol o un ser pasivo o inerte? Como si cortar el cordón umbilical y asumir que los hijos son autónomos e independientes en muchas cosas, no sólo en el sexo, y tienen que tomar sus propias decisiones no produjera cierto vértigo a los padres, con indiferencia de que sean chicos o chicas.

Y da igual que la realidad vaya por otros derroteros. Los prejuicios sobre el sexo y la mujer ahí siguen. ¡Qué cansinos!

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