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Tráfico en una de las arterias principales de Berlín. :: ap/
Tráfico en una de las arterias principales de Berlín. :: ap

Obligado por los altos niveles de polución, el Gobierno alemán estudia que el transporte público en las ciudades de cercanías sea gratuito

JUAN CARLOS BARRENA

Autobuses, tranvías, metro y trenes de cercanías pueden ser pronto gratuitos en las ciudades alemanas. El Gobierno en funciones de Angela Merkel está estudiando la medida para frenar el uso del vehículo privado y reducir así la contaminación. No se trata de una iniciativa voluntaria para hacer respirable el aire de las grandes urbes, sino prácticamente obligada.

El Ejecutivo quiere así evitar en marzo una denuncia de Bruselas ante el Tribunal de Justicia de la UE por violar los limites de emisiones de CO2 en veinte ciudades. Además, el Tribunal Federal Admnistrativo, con sede en Leipzig, podría sentenciar la semana próxima que los ayuntamientos tienen que prohibir la circulación de los vehículos diésel más contaminantes si hay denuncias de particulares u organizaciones por violación de los niveles máximos de contaminación.

Presionada por el poderoso 'lobby' de la industria del automóvil, Merkel prometió en noviembre un programa de ayudas inmediatas de 1.000 millones de euros a los municipios para mejorar la calidad del aire: 750 millones los aportaría el Estado y 250, la industria. Con ese dinero se financiaría, entre otras cosas, la construcción de electrolineras, la compra de autobuses con células de hidrógeno y una mejora de la coordinación de los semáforos. Medidas que Berlín considera insuficientes, por lo que comunicó recientemente al eurocomisario de Medio Ambiente, el maltés Karmenu Vella, que, entre las opciones para ampliarlas, figura la de que el transporte público de cercanías sea gratis.

La iniciativa está tan avanzada que ya se han elegido cinco ciudades de tamaño medio para las pruebas: Bonn, Essen, Herrenberg, Reutlingen y Mannheim. Algo que ha despertado recelos en algunos casos. La Asociación Alemana de Transportistas recordó ayer que el transporte público vive en gran parte de los miles de millones de euros anuales que se recaudan a través de la compra de billetes y que ese dinero deberá aportarlo el contribuyente, además de advertir de que la gratuidad desbordaría la capacidad de trenes, metros, autobuses y tranvías.

Sin embargo, las distintas asociaciones de municipios han celebrado la iniciativa, sobre la que esperan que pronto se despejen algunas incógnitas. «El Estado debe explicar cómo quiere pagarlo», ha dicho el presidente de la Confederación de Empresas Municipales y alcalde de Maguncia, Michael Ebling. A su juicio, la medida conllevaría la necesidad inmediata de contratar mas personal, ampliar las líneas de transporte público y comprar mas vehículos. «A corto plazo algo así no es realizable», sostiene Ebling.

La Asociación del Transporte de Hamburgo, que traslada 770,5 millones de pasajeros al año, recordó ayer que recauda con la venta de billetes 830 millones anuales que tendrían que llegar por otras vías. «Es como construir una Filarmónica del Elba al año», dijo un portavoz en referencia al impresionante auditorio y pabellón de conciertos inaugurado el año pasado.

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