Granjas de mujeres

Hasta el c*

La primera perversión es esta: presentar como un objeto de alto standing, aspiracional, digamos, a los hijos concebidos en vientres de alquiler

Carolina Cancanilla
Lalia González
LALIA GONZÁLEZ

No he visto debate más tramposo que el de la maternidad subrogada, es decir los vientres de alquiler. Se nos presenta en papel cuché, o en la cuenta de Instagram, y con el brillo de la fama. Chicos guapos que atraen multitudes, cuando no arrastran un prestigio en la cultura de masas por sus destrezas en la música o el cine, dan a conocer que han sido padres, de pronto. Posan sonrientes, incluso, con los bebés a los que han ido a recoger a algún lugar secreto, pero, se supone, barnizado y luminoso. Los lectores, entregados de antemano a admirar cuanto haga el muchacho en cuestión, sea un gol o un gorgorito, piensan que mira qué monos y qué ideal, quién pudiera...

La primera perversión es esta: presentar como un objeto de alto standing, aspiracional, digamos, a los hijos concebidos en vientres de alquiler. Convertir en vanguardia una forma de hacer familia que carece de los vínculos naturales y que, sobre todo, prescinde de las mujeres y las convierte sólo en recipientes, en ollas donde cocer un producto para satisfacer el deseo del varón. Ellas, se viene a decir, nos sobran. Así no darán problemas luego a la hora de que reclamen sus derechos y, lo que es más importante, su cuota del patrimonio. También desprecia el proceso del embarazo, que no es un resfriado ni un pequeño incidente, sino un duro trance fisiológico que, aunque natural, pasa múltiples facturas a la salud de las mujeres.

Esta ‘idealizacion cuché’ encubre una profunda y nueva dominación sobre las mujeres, más criminal aún, de una crueldad primitiva. Termina, y lo estamos viendo ya, en la organización claramente empresarial de ‘granjas de mujeres’, de mujeres pobres por supuesto, que son inseminadas con espermatozoides de sementales seleccionados, para que gesten hijos que enviar luego convenientemente a destino.

No me creo el altruismo que se alega para ‘blanquear’ el negocio. En Tailandia e India se calculó hace años que mueve 1.500 millones de euros.

Hay además distintos precios y catálogos, a gusto del consumidor y de sus bolsillos, y se pueden adquirir bebés de entre doscientos mil dólares hasta siete mil la unidad.

Se ha visto a las gestantes en fotos de reportajes. Delgadísimas, tristes, resignadas a ofrecer sus úteros para poder dar de comer a sus familias. Mirándolas no se puede dejar de pensar en que estamos ante una nueva forma de trata.

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