El 155: El Gordo del Procés

Los jugadores de lotería buscan el número 155. Creen que el artículo de la Constitución y otros guarismos del independentismo triunfarán en Navidad

El 155: El Gordo del Procés
ANTONIO PANIAGUA

El azar es aleatorio. Pero los jugadores más empedernidos tienen enraizada en su mente la superstición de que el infortunio atrae la buena suerte en la lotería. Por eso se afanan en comprar décimos que evocan el día de terremotos, huracanes y grandes accidentes. Otra manía de los aficionados al mundo de las apuestas es adquirir participaciones asociadas a acontecimientos recientes que pasarán a la historia. Con miras al sorteo de Navidad, las administraciones de lotería están vendiendo como rosquillas billetes del 155 o de la fecha del referéndum del 1-O.

A Xavier Gabriel, propietario de La Bruixa d’Or, en Sort (Lleida), le han quitado de las manos los décimos que contienen el 155, el artículo de la Constitución que permitiría al Ejecutivo de Rajoy suspender el autogobierno de Cataluña. «Se ha vendido en un minuto. He despachado 150 décimos, todos los que tenía», expone el lotero. Gabriel augura que el 166, otro artículo constitucional que también ha suscitado un alud de comentarios en la prensa –aunque no tanto como el 155–, también atraerá la atención de los clientes como un imán.

La administración de lotería número 2 de Cambrils (Tarragona) ha vendido bastante el 1714, fecha en que los catalanes perdieron sus privilegios y derechos políticos. El 11 de septiembre de ese año se puso fin al sitio de Barcelona, operación militar en que se enfrentaron las tropas del archiduque Carlos y de la Generalitat contra los soldados de Felipe V de España y sus aliados franceses. A Joana, empleada del negocio, no acaba de gustarle que los aficionados a las apuestas husmeen en la fatalidad para dar con el escondrijo de la suerte. «Cuando pasa una desgracia, la gente se lanza a comprar ese número», asegura Joana. Abundando en esta tendencia, reconoce llamadas de clientes en busca del 17817, por el atentado yihadista de Barcelona, y el 18817, por el de Cambrils. Y también, cómo no, el 11017, que remite al referéndum celebrado en Cataluña hace poco más de dos semanas.

Año de huracanes

A las bolas del sorteo de Navidad les trae al pairo las efemérides. Aun así, muchos jugadores, si son aficionados al fútbol, persiguen los décimos que coinciden con las fechas en que su equipo ganó una competición. Este año, pródigo en huracanes, algunos apostantes fían en ellos su suerte para el sorteo.

El 1714 también se vende en la administración situada en la calle Juan XXIII de Huesca. Lo despacha este comercio desde que un bar de la ciudad se abonó a él hace más de veinte años. Pero también es un número fetiche para la clientela independentista de Cataluña. «Ahora, con internet, es fácil saber dónde se expende el número buscado. ¡Por eso nos llaman muchos catalanes!, apunta Lourdes, trabajadora de la administración. Y puntualiza que el 1714 se demanda todo el año, tanto en Navidad como en otros sorteos. Ya ha vendido, agrega, «1.530 décimos».

También en Madrid la cotización del 155 en los bombos está al alza. «Teníamos 130 décimos y se han vendido todos». Que sea un número bajo no ha supuesto un problema. «Lo ha comprado mucha gente, pero un cliente en concreto lo pidió expresamente y se llevó un billete (diez décimos). Aunque no creo que fuera por el artículo de la Constitución, porque lo pidió hace mucho tiempo», dice Concha Corona, gerente de la administración ‘Doña Manolita’, un centro con solera.

Morbosidad

Los caprichos de la clientela son inescrutables, si bien lo que no falla es reclamar cifras coincidentes con nacimientos, bodas y bautizos. «También hay personas que piden números en función del fallecimiento de su suegra, pero son las menos... El año pasado el más solicitado fue el 20816. Algo debió de pasar el 20 de agosto de 2016, porque, con mucha diferencia, fue el más solicitado –enfatiza Corona–. Creo que se celebraron muchas bodas, pero no lo sé con seguridad».

La necrofilia influye en las decisiones de compra del apostante. Un lotero anónimo de Madrid –«no me saques, que no quiero dar ideas»– sostiene que la tragedia de los incendios de Galicia y Portugal seguro que llevará a una buena porción de jugadores a las administraciones en busca de boletos terminados en 15, día aciago por el número de víctimas mortales a causa del fuego. «Que nadie lo dude. La gente es muy morbosa. Si hoy hay una inundación con ahogados, correrán como si no hubiera un mañana a hacerse con un número». No es de la misma opinión Lourdes, quien tiene mejor concepto de la naturaleza humana: «Vienen señoras que quieren el número con el cumpleaños de sus nietos o el aniversario del bautizo de sus hijos».

La gente también pide el 17817 y el 18817, fechas de la matanza yihadista en Barcelona y Cambrils

Aunque todas las bolas tienen las mismas probabilidades de salir, hay una fe numerológica que parece más cosa de espiritistas que de gentes que se guían por el pensamiento racional. Hay compradores que visualizan un número en sueños y corren como posesos a adquirirlo. «Lo del número feo o bonito es muy subjetivo. ¿Es feo el 147? A algunos les parecerá una birria, ¿no? Pues se llevó el Gordo hace diez años», explica Ángel, un empleado de un establecimiento de Barcelona al que no le gustan que le mareen con zarandajas políticas. «Como comprenderá, yo intento vender cualquier número que me pidan. No estoy aquí para hacer perder dinero al dueño», zanja Ángel, a quien siempre le asombran los clientes.

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