George de Lama: «Nuestra misión es fortalecer el entendimiento entre países y tiene más sentido que nunca»

George de Lama, preparado para afrontar la apretada agenda de conferencias. /Álvaro Cabrera
George de Lama, preparado para afrontar la apretada agenda de conferencias. / Álvaro Cabrera

El presidente de la fundación Eisenhower Fellowships, periodista en el ‘Chicago Tribune’ durante tres décadas, ha elegido Málaga para celebrar una conferencia sobre el futuro del trabajo

Nuria Triguero
NURIA TRIGUERO

George de Lama es el primer presidente de los diez que ha tenido la fundación Eisenhower Fellowships que no es diplomático. Hijo de emigrantes cubanos y periodista curtido durante treinta años en el ‘Chicago Tribune’, muchos de ellos como corresponsal, tiene un profundo conocimiento de la política internacional y la convicción de que el conocimiento mutuo es el único camino para superar conflictos. Lleva tres años en el cargo y ha elegido Málaga como sede de la primera conferencia global que le toca celebrar. El encuentro arranca hoy con más de 300 asistentes y un apretado programa de charlas sobre el futuro del trabajo en el Gran Hotel Miramar.

Lo primero, antes de hablar de la conferencia que les trae a Málaga: ¿qué es la fundación Eisenhower Fellowships y cuál es su objetivo?

–La Eisenhower Fellowships fue un regalo de cumpleaños de cuatro empresarios de Filadelfia al presidente Eisenhower en su primer año en la Casa Blanca. Lo que hicieron fue financiar una fundación dedicada a fortalecer el entendimiento y el conocimiento entre países con la misión de crear un mundo más pacífico, próspero y justo. 64 años después ésta sigue siendo su misión, y tiene más sentido que nunca. ¿Cómo trabajamos? Con una red global de ‘fellows’ (en inglés compañeros, socios o colegas) que son líderes en sus campos. Ha habido 2.400 miembros en la historia, de los que 1.600 están activos en más de 50 países. Lo que hacemos es catalizar colaboración entre ellos para lograr impactos concretos en esta misión de mejorar el mundo. Nosotros construimos puentes que atraviesan fronteras y culturas; derramamos luz. Somos una fundación independiente de todo gobierno, no partidista y sin fines de lucro.

¿Qué perfil buscan para sus miembros y cómo les eligen?

–Son personas de 32 a 45 años con el potencial de ser los grandes líderes en su campo. ¿Cómo se eligen? Antes sólo era a propuesta de los ‘fellows’. En cada país hay comités de nominación que identifican, reclutan y entrevistan a los candidatos y los envían a nuestra sede en Filadeldia para la selección final. En los últimos tres años hemos añadido la candidatura directa. Tenemos una ‘app’ para que candidatos de todo el mundo puedan solicitar su admisión directamente. Una vez elegidos, los ‘fellows’, que yo traduzco como becarios, pasan por un programa o beca de siete semanas en Estados Unidos para formarse, no en el sentido académico. Pasan unos días en Filadelfia y después recorren el país para conocer a los principales expertos de su campo. En los últimos tres años les hemos añadido un requerimiento: tienen que desarrollar un proyecto concreto cuando regresen a sus países. Promovemos la colaboración entre los ‘fellows’ para maximizar el impacto de sus proyectos.

O sea, que su filosofía es influir de manera positiva en la sociedad a través de la colaboración entre sus miembros... ¿Puede contarme algún ejemplo de éxito?

–Le voy a contar una historia clásica que ilustra nuestra forma de trabajar. En 1989 parecía que surgía un espacio para desarrollar la paz en Irlanda del Norte, donde hasta entonces la situación era muy complicada. Un predecesor mío tuvo la gran idea de meter en un mismo programa de ‘fellowship’ a siete becarios de Irlanda del Sur y siete del Norte. Se eligió a representantes de diferentes ámbitos. Durante esas semanas estos señores se conocieron y construyeron relaciones de confianza. Y cuando terminó su programa siguieron en contacto. En 1997, cuando se celebraron las negociaciones que dieron lugar al Acuerdo de Viernes Santo, resultó que el jefe de gabinete del entonces primer ministro de Irlanda del Norte y el jefe de gabinete del primer ministro de la República de Irlanda habían sido ‘fellows’ en ese programa. Así que cuando había momentos difíciles, se llamaban y hablaban en confianza para superar los escollos.

Hábleme de la conferencia que celebran estos días en Málaga.

–Esta es la primera conferencia global que me toca organizar como presidente y la más grande que se ha hecho fuera de EEUU. Gira en torno al futuro del trabajo, un tema que tiene implicaciones profundas en todas las regiones del mundo. Cómo crear puestos de trabajo para jóvenes marginalizados para darles un papel en el futuro de sus sociedades; cómo enfrentar y no ser consumido por este cambio tecnológico tan rápido y tratar de usarlo para crear trabajos más productivos, porque muchos de los que existen ahora van a desaparecer; cómo adaptar los sistemas educativos para dar acceso a esa educación continua, de toda la vida, que va a hacer falta para que la gente se pueda adaptar al cambio constante; cómo avanzar en la igualdad de género; cómo catalizar el desarrollo sostenible que hace falta para crear millones de trabajos en África, América Latina, Asia, y también en países desarrollados.

¿Por qué se eligió Málaga como sede de este encuentro?

–No se me ocurre un lugar mejor para esta conferencia por muchas razones. Málaga tiene la aspiración de ser un centro tecnológico, innovador; un motor de desarrollo a nivel regional, nacional y europeo. Hace dos años vine a visitar al presidente de la Fellowship en España, Javier Cremades, que es no ya embajador, sino evangelista de Málaga, diría yo [risas]. Me presentó al alcalde, que me transmitió su interés por albergar un encuentro de nuestro organización. En ese momento explotaba la crisis de refugiados en Europa. Y Málaga es un lugar simbólico: al borde del Mediterráneo, ha tenido un papel distinguido en la historia y la cultura musulmana y fue un lugar en el que todas las grandes civilizaciones convivieron. Y está en un cruce de caminos entre Europa, África y América Latina. Además es una ciudad muy bella y geográficamente está en el centro de nuestra red global de líderes.

¿Cuántos miembros de la fundación van a reunirse estos días?

–Tenemos registrados más de 325 asistentes de 49 países de los cinco continentes.

Ayer entregaron el Premio Primera Enmienda a Manuel Alcántara. Es una distinción que otorga cada año su fundación a profesionales del periodismo en España. ¿Por qué esta atención especial a la prensa?

–Es una iniciativa de los ‘fellows’ españoles pero desde luego, entra de lleno en nuestra filosofía. Creo de corazón que la prensa libre ayuda a fortalecer el entendimiento y a crear un mundo más justo. El periodismo es el antiséptico de la democracia y ahora sufre tiempos difíciles por problemas económicos y cambios tecnológicos. Hay más información que nunca, pero menos conocimiento. Es difícil distinguir qué vale y qué no.

Resulta inevitable preguntarle si está preocupado por la situación política en su país.

–Recuerde: nosotros somos una organización no partidista. Así que lo que yo diría es que uno de los fenómenos interesantes desde que tenemos nuevo presidente en EEUU es que las instituciones están funcionando: los jueces, la prensa, la rama legislativa; todos han tenido sus momentos de independencia y de asumir su papel. Esto no se comenta mucho, pero es interesante. Ha habido muchas cosas que Trump quería hacer muy rápido y no ha podido. Y es porque el sistema no está diseñado para hacer las cosas rápidas. Los que hicieron nuestra Constitución procuraron que el poder no pueda estar concentrado en ninguna persona ni ninguna institución. Es lo que estamos viendo y el sistema está funcionando. Yo, la verdad, soy optimista.

Fotos

Vídeos