La fotonovela de Instagram

Sarah Bahbah revoluciona el diseño con imágenes de modelos en actitudes mundanas y acompañadas de subtextos

La fotografías de la artista australiana de origen palestino están cargadas de gran contenido sexual./
La fotografías de la artista australiana de origen palestino están cargadas de gran contenido sexual.
LUIS GÓMEZ

Sarah Bahbah ha conseguido algo impensable en plena era Instagram. La 'influencer' australiana de origen palestino ha rescatado el espíritu de las viejas fotonovelas. Los tradicionales 'bocadillos' que envolvían aquellos inolvidables relatos, denostados por quienes los consideraban literatura barata solo para amas de casa, son reemplazados ahora por subtítulos sobreimpresionados que acompañan imágenes de modelos en actitudes mundanas. La fotonovela se reinventa de tal manera que este viejo y anticuado formato acaba siendo subversivo con un nuevo trazo: desdeña su perfil almirabado y lo reemplaza por otro transgresor.

Si antes se narraban historias de amor, casi siempre con un final feliz que debía respetar la rigidez moral de la época, Bahbah sirve historias con abundantes raciones de sexo, comida y alcohol. Suculentas pizzas se deslizan sobre impolutas sábanas blancas con modelos desnudas sobre la cama. Sus fotografías relegan el amor a un plano secundario en favor de un sexo sin adornos. Retrata a gente muy joven rozándose y prodigándose besos y caricias. Sarah, de 26 años, enfoca rostros desprovistos de preocupación y cultiva un espíritu hedonista con cuerpos esculturales. Gente delgada, la mayoría de las veces, tumbada, recostada o con las piernas asomando por las ventanillas de furgonetas, adivinándolas desenvueltas en el fragor de una apasionante batalla carnal.

Sus protagonistas se chupan los dedos, dispuestos al ejercicio de toda clase de placeres y banquetes. El agua cobra un protagonismo especial, ya sea con soleadas piscinas de por medio o bañeras atiborradas de pasteles. Sin embargo, esas mismas bañeras presagian otras veces tragedias regadas con una buena copa de vino. «'¡Por favor, déjame sola con mis pensamientos! ¿Por qué no puedo morirme solo por esta noche? Quiero una muerte temporal'», desea una joven. Las angustias alcanzan por igual a hombres y mujeres con los afectos bajo mínimos. «'Tratamos de adivinar lo que la otra persona piensa en vez de hablar. Es estúpido. No significas nada para mí. No me querías entonces, no tienes derecho a necesitarme ahora'», destaca un subtexto que secuencia una resaca con olor a tabaco, whisky y venganza.

La fotografías de la artista australiana de origen palestino están cargadas de gran contenido sexual.

Por lo general, Sarah es más amiga de la efusividad y los días bañados al sol. Del calor del verano y la sinceridad. De relaciones auténticas, por mucho que duelan, aunque también plasma bellezas tristes. Si en las viejas fotonovelas casi ninguna de sus protagonistas terminaba viviendo sola, esta artista plástica empodera a mujeres que no necesitan hombres a su lado y que los sustituyen por tragos de vodka antes que acabar en brazos no deseados. Sarah, que ha saltado a las galerías y colabora con Gucci, muestra en ocasiones a adolescentes enfrentándose a sus primeras dudas: «'Creo que eres mi alma gemela, no sé lo que hacer al respecto'», comenta una pareja en el estrecho pasillo de un hotel. Sarah retrata a sus personajes tal y como son. Por eso, aborda sin artificios la masturbación, aplaude las relaciones adúlteras o desnuda la visibilidad lésbica, en ocasiones con extractos inconexos de otras fotonovelas.

Víctima de los plagios

La cruda narración de Bahbah –«'Soy tu reina de la belleza, tú eres solo mi polla'»– se ha convertido en objeto de culto y ella, en una estrella de Instagram. Pero le asquea la impotencia de ser plagiada. «Ha sido agotador ver mis propias obras y hacerse virales sin que figuren en los créditos o que te utilicen en anuncios para miles de marcas de todo el mundo desde hace ya varios años», censura. Afincada en Estados Unidos, lleva a sus seguidores a un torbellino de escenas pseudonarrativas. Explora la libertad emocional y el poder de abrazar la indulgencia.

Sarah vive en lo alto de una ola que empezó a tomar cuerpo como fotógrafa de conciertos y festivales. «Básicamente creaba 'memes' en formato publicitario», afirma. «Aunque mi intención no era crear arte para Instagram, la directora creativa de redes sociales que hay en mí encontraba y sigue encontrando inconscientemente la forma de salir a la luz, todas y cada una de las veces», reflexiona.

Sus imágenes, similares a fotogramas, surgen de diálogos que le llevan meses de trabajo. «Los escribo normalmente después de haber interiorizado intensas conversaciones con personas que fueron importantes o conversaciones que jamás he tenido con ellas, pero que desearía haber tenido. Las recreo en mi mente y acaban formando parte de mi arte», relata. Sarah pretende ser «fiel» a sus emociones e inspirar a otras personas a «hacer lo mismo». Se sirve de su trabajo para mostrar las emociones que «reprimo a diario. Cuando puedo expresarme, empiezo a sanarme», confiesa.

«A nivel personal, mi arte es un reflejo de mi crecimiento. Toda la vida he experimentado una resistencia social a ser identificada como una mujer de color, como palestina, debido a un trauma reprimido. Inconscientemente, me resistía a mi auténtica identidad porque me acarreaba dolor y sufrimiento. No fue hasta finales de 2016 cuando me dediqué a desenterrar recuerdos reprimidos, reviviendo este trauma antes de avanzar hasta la aceptación y una sanación que sigo ejerciendo todavía hoy de forma activa», razona.

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