Empeñadas en salvar el nuu

Hanna Koper da un clase de nuu para que el idioma de los 112 sonidos no desaparezca.
Hanna Koper da un clase de nuu para que el idioma de los 112 sonidos no desaparezca. / AFP

Tres hermanas octogenarias son las últimas hablantes del idioma más antiguo de Sudáfrica, el que usaron los bosquimanos

GERARDO ELORRIAGA

Hanna Koper, Grief Seekoei y Katrina Esau luchan contra el tiempo por una buena causa. Estas tres hermanas octogenarias se han propuesto dejar un legado singular a su pueblo, nada menos que el nuu. El idioma perteneció en su día a una comunidad lingüística de la tribu de los san o bosquimanos, los primeros habitantes de Sudáfrica. Ahora, tan sólo ellas poseen la destreza para reproducir sus 112 sonidos, que dejarían de escucharse si no consiguen trasmitirlo a una veintena de niños nativos, empeñados en aprender las complejas expresiones guturales, esos característicos chasquidos que la caracterizan. Su pérdida definitiva supondría la desaparición de la primera forma de expresión oral en el territorio y también una de las más antiguas del mundo.

Las últimas usuarias del nuu habitan en la provincia de Northern Cape, al este del país, el último reducto de los suyos, acosados por los granjeros bantúes y europeos. Los bosquimanos están considerados el pueblo vivo más viejo del planeta y han permanecido durante decenas de miles de años en el África Austral, sobreviviendo gracias a la recolección de plantas y la caza.

Las ancianas recuerdan un tiempo en el que todos los suyos se comunicaban en nuu y las penalidades experimentadas en la escuela, cuando sufrían castigos por recurrir a la lengua vernácula y no al afrikaans, la impuesta por los colonizadores blancos y que era la única permitida dentro de la enseñanza reglada. La vergüenza inculcada a los infractores y el rígido sistema educativo acabaron con el idioma ancestral, prácticamente desahuciado en un par de generaciones. Varias instituciones académicas locales y británicas colaboran en el empeño de recuperar el conocimiento y uso a través de un programa que ha permitido establecer su alfabeto. El nuu, como otros muchos idiomas, se ha trasmitido oralmente y carece de una gramática asociada.

La agonía del nuu no es una excepción en el mundo. La Unesco calcula que unas 2.500 lenguas se perderán a lo largo de este siglo. América del Sur y Asia son los continentes más afectados y Brasil ostenta un triste récord con 190 en peligro, pero incluso Europa cuenta con 33 al borde de la extinción. El karaim, de origen turco y hablado por los judíos karaites, tan sólo dispone de 80 parlantes en la vasta región comprendía entre Polonia a Ucrania.

Los lingüistas no creen que, con la desaparición de un idioma desaparezca simplemente una herramienta de comunicación, sino también toda una percepción del mundo y el acervo de costumbres y prácticas culturales de la comunidad afectada.

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