De ejecutivo a abuelo abrazabebés en un hospital

David Deutchman ha cuidado de 1.200 niños en la UCI del hospital de Atlanta en los últimos 12 años

David Deutchman, de 82 años y con dos nietos, visita el hospital dos veces por semana para cuidar de los más pequeños. /Fox5atlanta
David Deutchman, de 82 años y con dos nietos, visita el hospital dos veces por semana para cuidar de los más pequeños. / Fox5atlanta
ISABEL IBÁÑEZ

«Abrazo bebés. A veces me vomitan, a veces me orinan, y es genial. Mis amigos no lo entienden, pero esta es la recompensa que se obtiene al tener un bebé como este. Simplemente es indescriptible la satisfacción que recibes», dice David Deutchman, con un pequeñuelo en su regazo. Salía hace doce años de la consulta de rehabilitación por una lesión en la pierna y al pasar por delante de la sala de prematuros del hospital Scottish Rite de Atlanta se asomó: «Decidí entrar, preguntándome si tendría alguna posibilidad para hacer voluntariado. Me dijeron que estaban felices de aceptarme». En 2000 había dejado atrás su trabajo como ejecutivo internacional de marketing y dedicaba su tiempo a impartir conferencias por las universidades de la zona. No sabía que algo le faltaba en la vida hasta que cogió al primer bebé.

Al principio, su tarea se limitaba a dar clases en la escuela del hospital para los niños que debían permanecer ingresados una temporada. Pero, un día, un par de madres le abrieron los ojos:«Estaba acompañando a un niño a clase y su madre me dijo que tendría que ser operado. Me siguió por el pasillo y me iba contando cada detalle de la situación de su hijo y de lo que estaba sucediendo. Y eso que yo era un extraño para ella». En otra ocasión, vio a una mujer saliendo de la unidad de cuidados intensivos que parecía destrozada;le confesó que su pequeño había llegado la noche anterior y que estaba fatal... «Se echó en mis brazos y se puso a llorar. Al día siguiente fui a la oficina de voluntarios y les dije:‘Ahora sé lo que quiero hacer en el hospital’».

Desde entonces, y un par de días a la semana, Deutchman, de 82 años y con dos nietos propios, ayuda a los niños y bebés ingresados en cuidados intensivos pediátricos y neonatales, y consuela a sus padres. Como es normal, éstos al principio se extrañan de su presencia. Una mujer que había dejado a su recién nacido en el hospital para hacerse cargo de su otro hijo apareció en la puerta y le preguntó inquisitiva al verle sujetando a su pequeño lleno de cables: «¿Quién es usted?». «Soy el abuelo de la UCI», respondió Deutchman sin dudar un segundo, autobautizándose para la posteridad. Y así le conocen ya en medio mundo, porque su historia ha sido compartida miles de veces en las redes sociales. Las enfermeras prefieren llamarle ‘el susurrador de bebés’.

El poder del cariño humano

Un estudio publicado por la revista ‘Biological Psychiatry’ demuestra que los bebés nacidos prematuros ingresados en las unidades de cuidados intensivos y que fueron abrazados con frecuencia desde que vinieron al mundo lograron desarrollar mejores hábitos de sueño y una mayor capacidad de permanecer atentos durante sus primeros diez años de vida que los que no disfrutaron del calor humano. Su desarrollo cerebral es mayor si se sienten tocados y abrazados. Por ello, en Estados Unidos, varios hospitales piden ‘abrazadores’ voluntarios.

Es normal que los padres se asusten en un principio al ver a un extraño haciéndose cargo de su niño. El caso de Deutchman es especial, porque, tras más de una década dedicándose a esto, ya es una institución en el hospital de Atlanta, una leyenda viva;pero hay otros muchos centros sanitarios que reclaman este tipo de voluntariado –el programa se llama ‘amigos de los bebés– al ver lo bien que les viene esta figura a los niños prematuros o con problemas cuyos padres necesitan ausentarse. Para ser aceptados, los voluntarios deben superar una entrevista y, por supuesto, tener un currículum libre de cargas criminales. Además, reciben todo tipo de vacunas y son instruidos para cada labor.

«Me dieron un bebé que estaba asustado y llorando... Te sorprenderías al ver lo rápido que se calman», dice el abuelo. Y es así. Cuando la enfermera le hace entrega de uno de esos paquetitos diminutos y gritones, Deutchman lo acurruca contra su pecho, acaricia su cabecita con mucho cuidado y cariño, y empieza a susurrarle y canturrearle con voz grave: «Nunca sabrás, querida, cuánto te quiero... Por favor, no me quites mi luz». Parece que ha nacido para esto. Da gusto verle.

La prueba del talón

Y no solo les da compañía; sus mimos aportan muchos otros beneficios. La enfermera Elizabeth Mittiga, que trabaja junto a él, detalla que el calor humano que proporciona ‘el abuelo de la UCI’ «les ayuda a crecer más rápido y a ganar peso, creo que digieren mejor sus alimentos». Su compañera Angie Hawthorne añade que les calma el dolor. «Al hacerles la prueba del talón, los que son abrazados reaccionan mucho mejor que los que no lo son. David lleva tanto tiempo haciendo esto que cuando toma un bebé entre sus brazos puedes ver al pequeño relajándose, porque él mismo está absolutamente relajado. Y entonces sabes que está en buenas manos».

«Sé lo que significo para esos padres, pero siento que el beneficiado soy yo»

Algunos niños pasan incluso meses ingresados, de ahí la importancia de lo que hace. Cuando los preocupados padres se dan cuenta de la labor que Deutchman desempeña con sus hijos, de cómo su cariño les hace tanto bien durante el tiempo que ellos deben estar alejados, le devuelven el favor de la única manera que pueden, lanzándose hacia él. Y entonces es Deutchman quien siente el poder de un abrazo. «Sé lo que significo para esos padres, pero lo que esto significa para mí... Siento que soy yo quien realmente recibe los beneficios», dice mientras acaricia otra cabecita susurrando: «Hola, amiguito... Vamos a ser amigos, ¿verdad?».

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