Niños y/o niñas

Niños y/o niñas
  • Unos dicen que mejor juntos. Otros prefieren que ellos y ellas estén en aulas diferentes. Lo importante es dar a los hijos una buena educación. Todos dicen lo mismo. Pero, ¿y si alguien se equivoca?

  • 190 colegios españoles ofrecen una educación diferenciada. El Supremo dice que no discriminan por razón de sexo a sus alumnos

La imagen es la misma a la hora del recreo en la gran mayoría de los institutos de Secundaria españoles. En un extremo se amontonan los chicos bajo la canasta de baloncesto; en el otro, las chicas se unen para entablar conversaciones que no parecen tener fin. Entre ambos grupos, el desierto, una inhóspita tierra de nadie que pocos se atreven a cruzar.

No ocurre lo mismo en todos los centros de enseñanza. En algunos no hay separación de sexos en los patios por la sencilla razón de que la separación ya se ha hecho antes. En el recreo las chicas campan a sus anchas sin miedo a recibir balonazos y los chicos no se ven obligados a mostrarse viriles ante sus compañeras. No hay peligro de que ocurra. Están en edificios diferentes.

Alrededor de 85.000 alumnos estudian en alguno de los 190 colegios que ofrecen en España una educación diferenciada por sexos. Estos centros, a los que sus detractores otorgan el calificativo de ‘segregadores’, son en su mayoría religiosos y libran desde hace años una batalla para tratar de demostrar que, frente al "fracaso de la educación mixta en la lucha por la igualdad", la opción "más progresista" en la actualidad es separar a los niños y a las niñas en los colegios.

ElTribunal Supremo les ha dado recientemente parte de razón al confirmar la decisión del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía de revocar una orden de la consejería de Educación que denegó el régimen de concierto educativo a un colegio privado religioso de Sevilla por educar a niños y niñas en clases separadas. El alto tribunal sostiene que este tipo de enseñanza "es plenamente conforme con el principio de igualdad consagrada en el artículo 14 de la Constitución y con las normas internacionales". Según el Supremo, no se puede asociar la educación diferenciada "con la discriminación por razón de sexo".

Es lo que sostienen los defensores de este modelo de enseñanza, que insisten en que lo único que les mueve es un interés pedagógico y no ideológico. "La educación mixta fue necesaria en su momento, pero después de 50 años de experiencia se ha visto que no ha logrado la igualdad entre el hombre y la mujer", recalca María Calvo Charro, presidenta en España de la Asociación Europea de Centros de Educación Diferenciada (EASSE), una organización que aboga en 16 países europeos por el desarrollo de este modelo de enseñanza.

Calvo Charro sostiene que "lo progresista es hoy" este sistema y no el mixto, que "es conservador". Para defender este punto de vista, EASSE se ha armado con una batería de argumentos que pretenden demostrar científicamente las virtudes de una enseñanza que ofrece "un mejor rendimiento escolar y una mayor posibilidad de alcanzar la igualdad de oportunidades entre ambos sexos".

En la base de todos los razonamientos se halla la diferente estructura y funcionamiento de los cerebros masculino y femenino, así como los distintos ritmos de maduración de ambos sexos. Calvo Charro, autora de numerosos libros en los que defiende la educación diferenciada, afirma que "en razonamiento lógico-matemático los varones van muy por delante, mientras que las habilidades lingüísticas y una mayor fluidez verbal corresponden más a las niñas". Desde este punto de vista parece lógico educar a ambos sexos de forma diferente, que es, asegura la presidenta de EASSE, "lo que no hace la enseñanza mixta". Las consecuencias, afirma, saltan a la vista: "hay menos ingenieras que antes y el fracaso escolar masculino es brutal".

"No somos iguales"

"Desde el punto de vista biológico es absurdo decir que somos iguales. Si la educación aspira a mejorar el desarrollo del sujeto, lo lógico es que sea adecuada a su cerebro", indica Francisco José Rubiá, catedrático emérito de la Facultad de Medicina de la Complutense de Madrid. Rubiá rechaza las razones ideológicas que, a su juicio, enturbian el debate entre los defensores de uno u otro sistema  educativo. Por una parte, "el feminismo equivoca la igualdad ante la ley con una igualdad biológica que no existe". "El problema –añade– es que no quieren saberlo. La ideología hace que cualquier argumento científico se rechace". En cuanto a las escuelas religiosas, "no separan a los niños y niñas por motivos científicos".

Es la ciencia la que, en opinión de Rubiá, "hace aconsejable" la diferenciación de sexos en los colegios. "Separar por separar no tiene ningún sentido, lo importante es que el contenido sea apropiado para cada sexo y lograr el desarrollo máximo de cada alumno", afirma. Y también es la ciencia la que, según Marian Moreno, profesora de Lengua y Literatura en Gijón y experta en coeducación, se utiliza para justificar lo que no son sino "estereotipos".

"Las escuelas segregadas lo tienen todo etiquetado, no trabajan sobre la realidad de las personas. Son tan simples como para decir que los niños no lloran y les van mejor las matemáticas o que las niñas son más cariñosas y les va mejor el lenguaje", señala Marian Moreno. Las consecuencias de estas palabras están reflejadas en un estudio del Observatorio de Igualdad de Género del sindicato CC OO, que en 2012 analizó los colegios diferenciados de la Comunidad de Madrid. En varios centros masculinos la oferta de ciclos formativos de FP incluía estudios como Instalaciones de Telecomunicaciones, Administración de Sistemas Informáticos en Red o Impresión en Artes Gráficas. En algunos colegios femeninos se ofertaban en estos ciclos Dietética, Secretariado, Cocina y Gastronomía, Educación Infantil o Patronaje y Moda, entre otros estudios. La única titulación común entre chicos y chicas era Gestión Administrativa.

Paco García, secretario general de Enseñanza de CC OO, recuerda que "los hombres y mujeres están juntos en casa y en la empresa", y se pregunta qué ocurrirá "cuando los niños que han estudiado en una escuela segregada vayan a un lugar donde su jefe sea mujer". "¿Cómo van a reaccionar y convivir si no lo han hecho en la escuela?", plantea.

Los defensores de la escuela diferenciada tienen respuestas para esta cuestión. "La socialización no tiene por qué darse en el colegio", asegura Francisco José Rubiá. "Estamos hablando de estar separados unas horas al día, no de vidas separadas", recalca María Calvo Charro. Desde el otro extremo, José Luis Pazos, presidente de la Confederación de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (Ceapa), sostiene que "la sociedad no separa a hombres y mujeres en ningún plano de relación y tampoco tiene que hacerlo la escuela". "Tenemos que enseñar a nuestros hijos a relacionarse. Si hacemos burbujas artificiales, vamos mal", indica.

A juicio de José Luis Pazos, "en una sociedad diversa hablar de chicos o chicas es ocultar la realidad". Para María Calvo, por el contrario, supone "tratar a cada uno según su sexualidad". Este sería el camino para garantizar "la igualdad real de oportunidades" de todos los alumnos y conseguir mejores resultados académicos, que es una de las señas de identidad de las que hacen gala los colegios diferenciados.

Matemáticas. Niños en un colegio masculino. Les van más los cálculos.

Matemáticas. Niños en un colegio masculino. Les van más los cálculos. / Pablo Nosti

Las buenas calificaciones de sus alumnos es uno de los argumentos más utilizados por los defensores de la separación entre niños y niñas. Es un extremo que rechaza el responsable de enseñanza de CC OO, quien recuerda que cuando el sindicato analizó los resultados de alumnos de 6º de Primaria en centros mixtos y diferenciados situados en zonas socioeconómicamente similares, "los segregados no solo no sacaban mejores notas sino que estaban en la media o por debajo de los otros".

Las otras vías

El verano se aproxima y los alumnos apuran sus últimos recreos en los patios de los institutos mixtos. Ellas conversan en grupo. Ellos juegan a algún deporte o al menos lo simulan. "Cuando entramos en clase estamos un poco más juntos pero tampoco mucho", dice una alumna de un centro público de Bachillerato. Es como si se diferenciaran voluntariamente, como si la segregación de sexos fuera algo normal a esas edades. "El problema es que falta un tercer modelo, que es el de la coeducación", afirma Marian Moreno. Para ella, "la única diferencia entre la escuela segregadora y la mixta es que a los alumnos se les junta o no, pero la enseñanza en ambos es sexista porque la escuela sigue siendo masculina".

"La vía, y no la tercera vía", es una enseñanza en la que los alumnos "aprendan en igualdad y se elimine todo sexismo", que es algo que para Marian Moreno no hacen ni los colegios diferenciados ni los mixtos. "Nos falta una escuela que cumpla con su objetivo de desequilibrar desigualdades", insiste. Es un modelo que, por supuesto, no separa a los niños de las niñas, pero que se esfuerza por inculcarles "una idea de masculinidad y feminidad alejada de la actual, que es muy rancia y muy arcaica".

Desde un punto de partida diferente, Jaime Camps, profesor de Sociología y de Psicología Social en la Universidad Internacional de Cataluña, aboga por superar un debate "en el que se han dicho falsedades y tonterías por ambas partes". Él habla de enseñanza personalizada, la que "tiene en cuenta que estamos educando a personas libres y únicas para las que es importante la creatividad". "Se está viendo –explica– que separar a niños y niñas quita presiones de género en el aula, lo que hace que aumente la libertad".

Lengua. Alumnas de Primaria en un colegio femenino. Según sus educadores, se les da mejor el lenguaje. Pablo Nosti

Lengua. Alumnas de Primaria en un colegio femenino. Según sus educadores, se les da mejor el lenguaje. Pablo Nosti

Esto es precisamente lo que, según Marian Moreno, brilla por su ausencia en los "colegios segregadores", donde "el prejuicio marca la labor docente". "Si yo creo firmemente que los niños son mejores en matemáticas sacarán mejores notas en esa materia, es la profecía autocumplida", dice. Jaime Camps, por el contrario, sostiene que los estereotipos "están en la escuela mixta", en la que "si soy chico o chica tengo que hacer un esfuerzo muy grande para demostrarlo". "En el momento en que separas niños de niñas todos los aspectos de género se desactivan y son más libres para decidir el camino que van a tomar en su vida", afirma.

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