«No nos educan para ser madres»

La directora del colegio femenino Eskibel, Marta Tellaeche, en un aula del centro.
La directora del colegio femenino Eskibel, Marta Tellaeche, en un aula del centro. / Sara Santos
  • Elena estudió en un colegio femenino al que ahora acuden sus hijas. «Y no van a hacer punto»

Se decía que en cuanto salíamos del colegio íbamos a por todos los chicos porque no teníamos a ninguno en clase», recuerda divertida Elena Azurmendi. Fue alumna del centro educativo Eskibel, en San Sebastián, en el que estudian 430 niñas, entre ellas tres hijos suyos: dos chicas y un chico que en cuanto termine la etapa Infantil, que es mixta, irá a estudiar al colegio masculino Erain. «Yo tuve una experiencia muy buena, me lo pasé muy bien, por eso llevo a mis hijos al mismo sitio», dice Elena.

Ella estudió Económicas y entre sus antiguas compañeras de Eskibel hay ingenieras, arquitectas, enfermeras y médicas. «Eso de que en clase hacemos manualidades y nos educan para ser madres es mentira. Cada una hace lo que le da la gana», asegura. Marta Tellaeche, directora del centro, lo confirma. «Hay una imagen de que en un colegio femenino enseñamos a las alumnas a hacer punto, pero lo cierto es que en los centros diferenciados las mujeres que optan por la ciencia y la tecnología son superiores a la media», asegura la directora, que es ingeniera industrial. Eso sí, admite que «siempre va a haber más chicas en Farmacia porque son más protectoras, al igual que algunas carreras son más para hombres».

Al igual que Erain, su reverso masculino, Eskibel es un colegio privado concertado del Opus Dei. El centro ofrece un proyecto educativo «orientado al servicio de la familia y, por extensión, al de nuestra sociedad», así como una «educación integral basada en los valores cristianos». «Consideramos que parte del éxito de nuestro modelo pedagógico estriba en la educación diferenciada: colegios de chicas y chicos que comparten idéntico proyecto educativo pero que optan por un tratamiento singular, con el fin de compensar las diferencias naturales de cada sexo», explica en su página web.

Tranquilidad

¿Se notan estas diferencias en la manera de impartir clase? «Hay actividades más motivadoras para las chicas, que tienen una actitud más verbal, mientras que los chicos son más competitivos y tienen una mayor agresividad. Las alumnas están en un ámbito más tranquilo y ellas mismas nos lo dicen», señala Marta Tellaeche.

Una de las críticas que se le hacen al modelo diferenciado es su supuesta incapacidad para preparar a los alumnos para la vida social. Es algo que la profesora y experta en coeducación Marian Moreno resume con una pregunta: «¿Queremos hacer enciclopedias andantes o ciudadanos que sepan convivir en la sociedad?»

«Las niñas que salen del colegio son capaces de relacionarse con todo tipo de gente. Se les prepara bien para la Universidad, para trabajar en equipo y en el respeto a las personas. Todos tenemos padres, hermanos o novios; que las chicas estén unas horas sin chicos no quiere decir que no convivan con ellos», responde Elena.

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