Diario Sur

"¿Por qué a los jóvenes de hoy no les gusta estudiar? Estudia lo que te gusta y no tendrás que estudiar ni un día de tu vida"

Francisco Ávila, Consejero Delegado de MEDAC
Francisco Ávila, Consejero Delegado de MEDAC
  • publirreportaje

  • Esta es la adaptación de la célebre frase de Confucio con la que Francisco Ávila, Consejero Delegado y socio fundador de la Escuela de FP DEL DEPORTE Y LA SALUD MEDAC, responde a nuestra pregunta

No es cierto que a nuestros jóvenes no les guste estudiar, lo que a muchos de ellos no les gusta es estudiar con la metodología y orientación académica que nuestro sistema educativo actual les ofrece. No podemos negar que es un sistema excesivamente industrializado, normalizado y alejado de una posible atención a la diversidad de ponderaciones sobre las múltiples capacidades o inteligencias que cada uno de nuestros jóvenes tienen innatas y podrían desarrollar. Me atrevería incluso a decir que la concepción de nuestro actual sistema educativo es un ecosistema perfecto para que muchos de nuestros jóvenes sólo encuentran desaliento, incomprensión y rechazo.

El problema comienza desde la concepción del concepto de inteligencia sobre el cual se estructura y concibe dicho sistema, entendiéndola como la capacidad de resolver un buen número de preguntas cortas en un tiempo determinado, por tanto, acotando el concepto exclusivamente al cociente intelectual. En nuestros días se ha generado ya suficiente conocimiento para aceptar que existen mucho más tipos de inteligencias que la meramente referenciada al cociente intelectual, como la motriz, la musical, la social, la intrapersonal, etc. Uno de los principales representantes en esta línea de conocimientos es Howard Gardner que identifica ocho tipos de inteligencias totalmente diferentes. Bajo esta perspectiva es muy posible que gran parte de los alumnos que pensamos que son malos estudiantes y no les gusta estudiar realmente no lo sean.

Me explico, puede que nuestro sistema educativo está claramente orientado hacia el desarrollo y evolución de un solo tipo de inteligencia, la lógico-matemática, esté desestimando y por tanto expulsando, o al menos no atendiendo adecuadamente, a un buen nutrido número de alumnos que tienen otra ponderación de inteligencias diferente a la lógico-matemática. A modo de ejemplo, alumnos con una clara ponderación de sus inteligencias hacia la inteligencia corporal-cinestésica combinada con la lingüística verbal les costaría mucho estudiar matemáticas, física o química pero podrían ser magníficos profesionales del deporte y la educación física.

Soy consciente de que el problema es un sistema complejo y dinámico, en el que intervienen simultáneamente diversos actores como la familia, los docentes, los amigos, etc., por lo que es injusto centrar el problema exclusivamente sobre nuestro sistema educativo. Pero no podemos negar que en la actualidad nuestro sistema educativo está excesivamente orientado a la inteligencia lógico-matemática dejando prácticamente sin espacio al resto de inteligencias. Nada más tenemos que ver la clara ponderación en la puntuación hacia la lógica–matemática que actualmente refleja las evaluaciones de PISA, herramienta de control clave que utilizan los países para medir el nivel de competencia de su alumnado y demostrar el éxito de sus políticas educativas.

Lo que no me parece lógico es “pasarle la pelota” directamente a los jóvenes, es decir, piensen en un alumno con una ponderación de inteligencias como la del anterior ejemplo. Él no es consciente de sus verdaderos talentos pues nuestro sistema educativo no sólo no está orientado para atender esa diversidad, sino que además no se está preocupando en dotar a docentes y centros educativos con las herramientas y recursos económicos suficientes para resolver esta realidad. La unión entorno-familia del alumno lo inclina a estudiar, por ejemplo arquitectura. Inicia sus estudios y empieza a ser consciente de que en el futuro estará condenado a pasar más de 90.000 horas de su vida dedicadas a trabajar, en el mejor de los casos y si tiene la fortuna de encontrarlo, en algo que no le gusta y para lo que realmente no está especialmente capacitado, y lo que es más importante con lo que no se siente realizado ni feliz. El alumno comienza a mostrar un bajo rendimiento académico y a dejar de estudiar. Y como es la norma, la mayoría de nosotros, incluso el mismo alumno, comenzará a pensar que no le gusta estudiar y que no está suficientemente capacitado para ello.

Y así, poco a poco nuestras políticas educativas han ido creando una gran máquina destructiva de sueños perfectamente engrasada y especialmente aderezada con la poca o nula proactividad y determinación que, desde hace muchos años, vienen demostrando nuestros políticos para legislar y desarrollar con coherencia y sin ideologización la Política Educativa de nuestro país. ¡Ya! ¡Ya! El joven también tiene responsabilidad, pero es nuestra responsabilidad generar en los centros educativos un ecosistema en el que se detecten y optimicen las capacidades individuales de nuestros jóvenes y no parece que lo estemos haciendo demasiado bien.

Antes de finalizar esta reflexión quiero realizar un ruego, por favor no tiznen esta reflexión de ningún color político, práctica muy normalizada por desgracia en nuestro país, lo único que pretendo es llamar la atención sobre un aspecto que considero clave y que ningún partido, al menos desde mi punto de vista, ha abordado con la seriedad y contundencia que requiere este problema en los últimos 25 años.

Por último, deciros que yo me declaro como un “optimista generacional” y siempre pienso que las generaciones que vienen son muy superiores, mucho más adaptativas y comprometidas con su entorno de lo que lo es la mía y fue la de mis mayores. La cuestión es que como no logramos comprender cuáles son los verdaderos motores de acción de nuestros jóvenes, sus motivaciones, cómo se comunican y qué desean, tendemos a minusvalorarlos y entonces aparecen irremediablemente esas odiosas expresiones tales como “esto no es como antes…, antes había mucho más…”, que no hacen más que confirmar nuestra resistencia al cambio e incapacidad de empatizar con nuestros jóvenes.

Queridos jóvenes, fórmense en lo que amen, en su pasión, y entonces descubrirán el verdadero potencial de sus capacidades, no querrán nunca dejar de aprender, estarán siempre actualizados en su sector, adaptados y serán eternamente felices.

Más información en: http://www.medac.es/blog