EL POLÍTICO DE LOS EXTRAVAGANTES CALCETINES DE COLORES

El primer ministro de Canadá no deja de sorprender con sus calcetines. Desde robots de ‘Star Wars’ al arco iris el día del Orgullo Gay

Justin Trudeau, a la derecha, y Randy Boissonnauly comparan sus calcetines arco iris en el día del Orgullo Gay.
Justin Trudeau, a la derecha, y Randy Boissonnauly comparan sus calcetines arco iris en el día del Orgullo Gay.
FERNANDO MIÑANA

El 4 de mayo, la agenda de Justin Trudeau, el primer ministro de Canadá, marcaba que tenía un encuentro con Enda Kenny, su homólogo irlandés. Antes de salir, Hadrien, el pequeño de sus tres hijos, de tres años, le dijo que los calcetines que llevaba, uno en tono amarillo y otro en azul, no coincidían. El mandatario, y padre, le revolvió el pelo al niño y le contestó: «Oh, claro que sí. Son C-3PO y R2-D2 y van siempre juntos a todas partes». Esa fecha, el 4 de mayo, señalado como el día mundial de ‘Star Wars’, los fotógrafos volvieron a apuntar, una vez más, a los pies del primer ministro para ver qué sorpresa les tenía reservada.

Justin Trudeau ya no es conocido únicamente como el Kennedy canadiense o como el dirigente más sexy del mundo o como, probablemente, el único mandatario con un tatuaje. Ya hace semanas que Trudeau también es etiquetado como el político de los calcetines de colores.

Son su reducto. El único rincón para la rebeldía que escapa a los estrictos y clásicos asesores de imagen de este político de 45 años, como explicó recientemente en el ‘Show de Kelly y Ryan’. «Yo soy más de vestir con vaqueros y unas bambas, pero ahora soy el primer ministro, me hacen vestir con traje y corbata todo el tiempo, me cortan el pelo... Los calcetines son la única forma que tengo de expresarme un poco».

«Me hacen vestir con traje y corbata. Los calcetines son la única forma de expresarme» Justin Trudeau

Sus calcetines, como su vida, nunca han sido corrientes. Su padre fue Pierre-Elliott Trudeau, el primer ministro que modernizó Canadá y la guió hacia el bilingüismo y la multiculturalidad entre 1968 y 1984, así que se crió en el 24 Sussex Drive de Ottawa. Su madre, una hippie 29 años más joven, de quien se rumorearon romances con Mick Jagger, Jack Nicholson o Ryan O’Neal, acabó divorciándose y convirtiéndose en una fija de Studio 54, la mítica discoteca neoyorquina.

Un discurso definitivo

El joven Justin, que perdió a su hermano en una avalancha de nieve, creció ajeno a la política y empezó a trabajar como profesor de francés en Vancouver. Pero la muerte de su padre le cambió la vida. En su funeral se reveló como un grandísimo orador y pronunció un discurso tan brillante que emocionó a Fidel Castro, Jimmy Carter o Leonard Cohen. Estaba claro cuál era su destino.

En el Partido Liberal demostró ser un defensor de las libertades individuales. Se ha pronunciado a favor de la legalización de la marihuana y no le ha importado reconocer que ha fumado hierba esporádicamente. También ha declarado estar muy «orgulloso de ser feminista». Y no le ha importado posar con el torso desnudo en un combate de boxeo benéfico donde se pudo descubrir que en su brazo izquierdo, cerca del hombro, luce un cuervo tatuado, inspirado en los Haida, una tribu indígena.

Con C-3PO y R2-D2, de ‘Star Wars’.

No falla en el desfile del día del Orgullo Gay y, claro, vistiendo unos calcetines con el arco iris. Y el día de la fiesta del Ramadán aceptó un obsequio y lució unos de colores con el ‘Eid Mubarak’, la media luna y la estrella. Cuando se los vieron Shehryar y Sara, el matrimonio que es propietario de Halal Shocks, la empresa que los confeccionó, dieron saltos de alegría. Se habían preocupado mucho y habían visitado varias mezquitas de Toronto para cerciorarse de que no incluían nada ofensivo para los musulmanes.

No se acaba ahí su repertorio. El atractivo y carismático Trudeau, un quebequés no secesionista, también le hizo un guiño a la bandera de Canadá un día de noviembre que apareció con unos calcetines rojos con hojas de arce. O unos con motivos de la OTAN en un consejo en Bruselas. Y el día que le recibió John Tory, el alcalde de Toronto, mostró sonriente la insignia de los Maple Leafs, el equipo de hockey hielo de la ciudad. No hay duda de que es un hombre que se viste por los pies.

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