Una definición nada lujosa

El marqués de Griñón, Carlos Falcó, camina entre sus viñedos en Malpica de Tajo. :: Paul White / ap/
El marqués de Griñón, Carlos Falcó, camina entre sus viñedos en Malpica de Tajo. :: Paul White / ap

Los empresarios del lujo piden a la RAE que modifique la acepción del vocablo acercándola a lo emocional más que a lo material y al exceso

MIGUEL LORENCI

«Demasía en el adorno, en la pompa y en el regalo». «Abundancia de cosas no necesarias». «Todo aquello que supera los medios normales de alguien para conseguirlo». Son las tres acepciones que el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) ofrece de la palabra 'lujo', derivada del latín 'luxus'. Definiciones que desagradan y chirrían a los empresarios del sector, que quieren que la docta y tricentenaria casa las modifique. Quienes limpian, fijan y dan esplendor a la lengua que compartimos 500 millones de humanos han dicho, como suelen, que toman nota. Que ya se verá qué opinan de la cuestión los académicos de ambas orillas del idioma.

El Círculo Fortuny, asociación que aglutina a 61 empresas e industrias del sector del lujo en España, quiere que la RAE pula la definición. Que la acerque más a lo emocional que a lo material y la libere de unas connotaciones que juzgan «bastante negativas», y por tanto «mejorables».

Carlos Falcó, marqués de Griñón y presidente de la exclusiva agrupación empresarial, percibe que las acepciones del diccionario «tienen que ver con algo reservado a los ricos». Lamenta que sugiera «que el lujo es ocioso y no sirve para nada». Cree el aristócrata que la definición es de todo menos un lujo y «que cabe una acepción mejor y más positiva» para el sector que las actuales del DRAE, que tilda además de 'asiático' al lujo cuando este se extrema.

El comité del Círculo Fortuny abordó el asunto y adoptó el compromiso de «buscar una definición mejor», algo que parece tácitamente suscrito entre Enrique Loewe, presidente de honor de esta asociación y durante décadas al frente de la exclusiva firma española, y Darío Villanueva, el director de la RAE. La percepción del lujo de Falcó está lejos del exceso y la adquisición de carísimos bienes suntuarios, como los vinos y aceites de sus bodegas y almazaras, o los bolsos de la multinacional de la marroquinería y la ropa. Lujoso es para el exmarido de Isabel Preysler cocinar una tortilla de patatas con el primer aceite de su cosecha para su familia. «Esto sí es un lujo» reitera reclamando un definición en ese sentido, que destaque la emoción más que el dinero, «que busque de alguna manera la cultura y dé la sensación de ser algo irrepetible».

«Están en ello, pero llevará su tiempo», reconoce Falcó, que sabe que, como las cosas de palacio, «las de la academia van despacio». Las reclamaciones a la RAE son habituales -mujeres, gitanos, o judíos llevan años denunciado presuntas discriminaciones sexistas y racistas- pero el tramite habitual supone que una nueva definición deba aprobarse tanto por el pleno de la RAE como por las 22 academias 'hermanas'. «No hay ninguna modificación aprobada» precisa la RAE que confirma que la petición se formuló y está en estudio y pide paciencia «para que los expertos trabajen». Un lujo.

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