‘Cruzada’ contra las cacas de perro en Bilbao: «Las marco con tarjetas para avisar, pero lo que hace falta son multas»

Asier, en plena faena, colocando una tarjeta en Bolueta ante la atenta mirada de unas niñas/Luis Ángel Gómez
Asier, en plena faena, colocando una tarjeta en Bolueta ante la atenta mirada de unas niñas / Luis Ángel Gómez

Un vecino, dueño de dos dálmatas, recrimina a los incívicos señalizando las heces caninas que dejan por la villa, donde el año pasado el Ayuntamiento multó a 18 personas por este motivo

SOLANGE VÁZQUEZ

En Bilbao están censados 24.922 perros, según datos del Gobierno vasco. Sin embargo, hay muchos más: se estima que pueden rondar los 30.000. Una sencilla operación matemática: si todos ellos defecan al menos una vez al día en la calle, el asfalto de la villa es depositario de una cantidad ingente de cacas que, de no ser recogidas por los dueños de los canes, convertirían la geografía del ‘botxo’ en un campo de minas realmente asqueroso. Más o menos, tocaría a una deposición por cada diez habitantes. Afortunadamante, este panorama casi apocalíptico no se produce, porque gran parte de los propietarios quitan las cacas de la vía pública... aunque siguen siendo menos de los deseables. De hecho, sólo hay que darse un paseo –ojo avizor, eso sí– por algunos rincones de Bilbao para comprobar que el civismo (o quizá los barrenderos) no se reparte de manera uniforme por toda la ciudad. Sin embargo, el año pasado el Ayuntamiento sólo impuso 18 multas por este motivo –van de los 750 euros a los 1.500–, aunque los avisos para retirar excrementos ascendieron a 243, el doble que en 2016, según datos municipales recogidos por El Correo.

A falta de estudios oficiales sobre la equidad del reparto de cacas por la capital vizcaína, Asier Bolumburu, creador del foro Dálmatas Bilbao en Facebook, señala que los barrios son territorio comanche en este asunto, «nada que ver con el centro, que está limpio». Lo dice con conocimiento de causa, porque cada día realiza un paseo de diez o quince kilómetros por distintos puntos de la villa junto a sus perros, Pongo y Jack, dos dálmatas imponentes y amigables.

Sus recorridos le sirven para algo más que hacer ejercicio junto a sus mascotas. Bolumburu ha emprendido una cruzada contra los dueños que no recogen los excrementos. Así, cuando sale de casa, lleva un montón de tarjetas –fluorescentes, para que no se escapen a la vista– que coloca encima de las deposiciones que va encontrando. Tienen un escueto mensaje en el que critica la falta de higiene de quienes dejan los ‘regalitos’ en plena calle. «Siempre llevo encima un montón, son como mi tarjeta de visita», indica con una sonrisa Bolumburu, que reparte los papelitos a diestro y siniestro –periodista incluida– en busca de colaboración. «Si alguien se anima, mejor. Que se ponga en contacto conmigo y le hago llegar el archivo para que imprima las tarjetas y las coloque», afirma.

«Empecé hace un año, porque estaba harto de salir de mi casa, en Ciudad Jardín, y encontrarme un montón de excrementos, además de buen tamaño, como si fuesen de un mastín. Me daban ganas de recogerlos y dejárselos al dueño en el felpudo... ¡Nadie tiene por qué aguantar eso! En mi barrio hay zonas muy poco transitadas, y allí llevan todos al perro a hacer sus necesidades», dice indignado. Desde entonces, ha puesto miles de tarjetas.

(Lea la noticia completa en El Correo.

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