Las creadoras españolas abren su Caja de Pandora contra los abusos sexuales

Las creadoras españolas abren su Caja de Pandora contra los abusos sexuales

Más de 3.000 mujeres lanzan este movimiento de denuncia contra «la agresión, la opresión y la coacción» de la sociedad «heteropatriarcal»

J. Luis Alvarez
J. LUIS ALVAREZMadrid

La Caja de Pandora es la plataforma creada en España con el apoyo de más de 3.000 mujeres para luchar y poner fin a los abusos sexuales en el ámbito profesional. Este movimiento integrado por mujeres vinculadas con el arte y la cultura y con similares objetivos al estadounidense #MeToo, que nació como reacción a la denuncia de los abusos del productor Harvey Weinstein, pretende denunciar «las situaciones de agresión, opresión, coacción e invisibilización que dibujan la forma de funcionar sistémica y estructural que existe tanto en nuestra sociedad heteropatriarcal como en nuestro sector en particular».

Su primer acto público tuvo lugar ayer ante el Museo Reina Sofía de Madrid con la lectura de un manifiesto en el que esta plataforma, surgida a través de un foro en Facebook, se define como «un grupo no mixto de más de 3.000 mujeres y otras identidades de género no hegemónicas». «Somos feministas, antirracistas, anticapacitistas e inclusivas con todas las diversidades», mujeres que están «organizadas y en lucha por un contexto «libre de violencias machistas y abusos de poder».

El grupo explica que surgió en julio como plataforma «de apoyo y cuidados en respuesta a la denuncia por abuso sexual» que la artista Carmen Tomé interpuso contra el responsable de un centro de arte de Alicante. «Estamos aquí para abrir La Caja de Pandora públicamente y mostrar nuestro apoyo a Carmen Tomé y a todas las Carmen Tomé que ha habido y que desgraciadamente hay».

Porque, según La Caja de Pandora, estos abusos realizados por individuos que aprovechan su posición dominante o de poder ponen de manifiesto cómo «se aprovechan de los privilegios que los hombres ostentan; de la privacidad de los espacios donde generan sus agresiones, que repliegan a la mujer a un espacio de indefensión e inseguridad». «Esta coyuntura genera que en muchos casos silenciemos nuestras voces en situaciones de agresión, por el temor a que nuestra palabra no sea escuchada, sea descalificada, menospreciada y tachada de falsedad, quedando nosotras personal y profesionalmente expuestas», apunta el manifiesto, que subraya que muchas de ellas son obligadas a retirar las denuncias.

Exposición a las agresiones

Según La Caja de Pandora, este tipo de agresiones o abusos «se realizan con normalidad en todas las situaciones de la vida, y en nuestro sector del arte y la cultura de una forma muy específica». Y esto es debido a «la mala praxis y los acuerdos tan laxos a los que nos vemos sometidas, que generan que las mujeres en el arte estemos constantemente expuestas a ciertas agresiones absolutamente normalizadas e interiorizadas».

Para poner fin a situaciaciones como la relatada por Carmen Tóme, desde la plataforma reclaman «que se investigue lo necesario, se estudie el contexto y lo que precede a las agresiones para que no queden en agua de borrajas, que ellas se queden solas sin que públicamente se haya identificado lo sucedido y que la imagen de los agresores quede intacta, permitiendo que ellos continúen ejerciendo tanto su poder, como sus privilegios en los cargos que profesionalmente continúan ocupando».

Pero es que, además, exigen «a las instituciones que establezcan los protocolos, pactos y consensos necesarios para salvaguardar la vida y facilitar que ésta pueda desarrollarse con dignidad y libertad, haciendo frente a la violencia machista fruto del poder hegemónico», añaden.

Desde La Caja de Pandora explican que actualmente están creando su estructura interna para construir recursos pedagógicos, jurídicos, afectivos y preventivos contra los abusos. «Revindicaremos tanto nuestra voz como nuestra legitimidad para señalar las agresiones a las que nos vemos sometidas y a las instituciones que las silencian y las permiten», advierten, a la vez que reclaman «que se nos reconozca en todos los aspectos de la vida y en el ámbito artístico y cultural. No permitimos seguir siendo invisibilizadas o ninguneadas por nadie, absolutamente nadie».

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