El controvertido aperitivo para mujeres que prepara Doritos

El controvertido aperitivo para mujeres que prepara Doritos

La CEO de PepsiCO, propietaria de la marca, explica que estudios de la compañía muestran diferencias en la manera de consumir snacks entre hombres y mujeres

SUR

Doritos quiere segmentar a su público y dar un paso más ofreciendo productos adaptados a las preferencias del consumidor. Siguiendo esta estrategia la CEO de PepsiCO, propietaria de la famosa marca de aperitivos, ha anunciado que preparan un snack para mujeres. Unas patatas especiales que puedan masticarse sin hacer ruido y que no obliguen «a lamerse los dedos» mientras se consumen. Así lo ha asegurado Indra Nooyi en unas declaraciones que han creado polémica.

En declaraciones al programa de radio Freakonomics, dirigido por el periodista y escritor Stephen J. Dubner, Nooyi ha adelantado que su compañía está trabajando en la idea de crear un producto exclusivo para féminas ya que, según su testimonio, en muchas ocasiones las mujeres no se sienten cómodas al comer Doritos porque «no les gusta masticar haciendo ruido en público, no se chupan los dedos generosamente y no les gusta verter las migas en la boca».

Así, algunos de los atributos que tendrían estos aperitivos serían un cambio de color, que evitaría que los dedos se manchen de naranja, y una reducción del tamaño del envase que permita que se puedan llevar en el bolso. Además, Nooyi ha explicado que las patatas contarían también con un sabor «más competo» para evitar que se coman las últimas migas de la bolsa.

Doritos trabaja en este nuevo snack tras analizar las investigaciones que lleva a cabo la compañía. De estas, y según la compañía, se deducen diferencias en la manera en la que hombres y mujeres consumen estos aperitivos. Al público femino, sin embargo, no parece acabar de gustarle la idea y la polémica ya ha saltado a las redes sociales. Allí, hay quienes consideran que hay que darle una oportunidad y quienes ya la han calificado de «soberana tontería». El colectivo feminista ve en este gesto un nuevo intento de segregar innecesariamente por cuestiones de sexo.

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