Consejos de socorrista: así hay que actuar ante un ahogamiento

Aunque lo primero es avisar a emergencias (112), el conocimiento de los civiles puede ser útil e incluso llegar a salvar vidas

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

Verano, pleno agosto. La playa está abarrotada a pesar del oleaje que, aunque no impide el baño, aumenta los riesgos de accidente. De repente, a unos cuarenta metros de la orilla, una persona hace gestos. Parece que se está ahogando. Por desgracia, esta es una situación que se repite año tras año y que cualquiera podría encontrarse. Para evitar que se produzcan estos casos y saber cómo reaccionar frente a ellos, en SUR ofrecemos esta pequeña guía, de la mano de Kiko Baeza, formador de socorristas en la Cruz Roja con más de diez años de experiencia subido a una torreta de vigilancia.

Según el experto, existen “muchas situaciones diferentes en las que alguien puede necesitar ayuda en el agua”, por lo que trata de ser claro en sus explicaciones y conciso.

0 Prevenir

Antes de explicar cómo actuar en una situación de emergencia, Baeza subraya la importancia de la “precaución y el sentido común”. “Hay que tener especial cuidado con los niños, por más que sepan nadar nunca deben estar sin vigilancia”. A la vez, recuerda que las banderas “están para mirarlas”. Si es roja, “el estado del mar no es apto para el baño”. Con el distintivo amarillo, “se aconseja precaución durante el baño” y con el verde “apto para disfrute”. A la vez, recalca las normas básicas, asociadas al sentido común por más evidentes que puedan sonar: “Evitar golpes de calor, hidratarse y no meterse en el agua justo después de haber comido”.

1 Avisar

En la playa, como en cualquier tipo de accidente, lo primero que hay que hacer si alguien se está ahogando o experimentando dificultades para salir del agua es “alertar a los servicios de emergencia”. Por ley, las zonas de baño tienen servicios de vigilancia a los que acudir si los responsables no se han percatado ya, por lo cual, la primera medida si alguien presencia una situación así es “avisar a los socorristas”. En el caso de que no haya socorristas, llamar al 112 para que desplieguen a los efectivos de rescate.

2 Decidir

Puede darse el caso en el que no haya socorristas cerca, bien porque la temporada de baño haya concluído, la zona no lo requiera o se más tarde de la hora recomendada. En ese caso, Baeza vuelve a remarcar la importancia de avisar al 112. Sin embargo, aunque es desaconsejable, si el testigo considera que la situación lo requiere, ha de tomar la decisión de intervenir. “En los cursos de socorrismo y jornadas divulgativas siempre decimos lo mismo: tenemos que saber si queremos que los servicios de rescate ayuden a una persona o a dos”. Con esto, el socorrista recuerda que, en muchos casos, el héroe se convierte en accidentado y pone en riesgo su vida al tratar de ayudar. Por ello, “hay que tener buena forma física y conocimientos para actuar”.

3 Evaluar

Una vez se ha tomado la decisión de intervenir, Baeza explica que hay que “evaluar la situación del mar”. “No es lo mismo si hay fuerte oleaje o resaca, y hay que tenerlo en cuenta en todo el proceso”. En cualquier caso, “es muy desaconsejable entrar en el agua para un rescate sin un objeto de fortuna”. En el argot del socorrismo, los objetos de fortuna son aquellos presentes en las playas que ayudan a las personas a mantener la flotabilidad. “Cualquier cosa vale, un flotador de un niño, una pelota o una colchoneta”.

4 Actuar

Baeza insiste en las “múltiples posibilidades” que lleven a una persona a pedir auxilio por riesgo de ahogamiento, aunque la más habitual es en la que la víctima llega demasiado lejos y luego no tiene fuerzas de volver. En tal circunstancia, cuando el rescatador llega hasta el afectado, “lo más habitual es que esté muy nervioso ya que teme por su vida”. Por tanto, es muy importante tratar de tranquilizarlo, insistiendo en que todo “va a salir bien”, y en que “la ayuda ha llegado”. Una vez con la víctima, “nunca hay que comenzar a nadar inmediatamente hacia la orilla”. Si el oleaje lo permite, es mejor descansar y esperar a que el afectado recupere el estado de consciencia plena mediante el objeto de fortuna. Además, si hay resaca, es mejor esperar a que te vuelva a acercar a la orilla, ya que generalmente estas corrientes son circulares. Si no se puede luchar contra la marea, mejor esperar a que lleguen los servicios de salvamento.

En muchos casos, cuando la ayuda llega, la víctima ha perdido la consciencia. Ante esta situación “hay muchas técnicas para sacar al herido del agua”. Según el experto, la más habitual y fácil de hacer consiste en “meter el brazo por debajo del hombro del ahogado y sujetarle la mandíbula con la misma mano”. De esta manera se consigue “mantener las vías respiratorias permeables”, es decir, en la superficie, ya que, aunque la persona haya perdido la consciencia, hay que procurar que no entre más agua en los pulmones. Además, esta postura deja las dos piernas libres para nadar de espaldas y un brazo con el que agarrar el objeto de fortuna.

Una vez fuera del agua, lo habitual es que los servicios de emergencia hayan llegado. Si no es el caso, hay que evaluar a la víctima. El 112 presta ayuda por teléfono si los efectivos no han llegado todavía, asistiendo a los rescatadores para tomar el pulso del ahogado y comprobar si respira. En el caso de que no entre aire en los pulmones ni haya latido, hay que proceder a la reanimación cardiopulmonar (RCP), un proceso peligroso que requiere de experiencia e información sobre cómo llevarlo a cabo. Básicamente, Baeza explica que hay que hacer 30 pulsaciones y dos insuflaciones de aire. Para mantener el corazón latiendo se utilizan las dos manos, colocándolas sobre el pecho de la víctima, justo debajo del esternón. Tras repetir 30 impulsos, se procede a introducir aire en sus pulmones dos veces seguidas. Para ello, primero hay que hacer que la tráquea esté estirada, echando la nuca del ahogado hacia atrás. Acto seguido, se le tapa la nariz con una mano y con la otra se le sujetan los carrillos, hasta poder exhalar aire en las vías respiratorias.

Con respecto a las piscinas, los procesos y consejos son los mismos. Baeza recuerda que, por más que los niños sepan nadar, “nunca deben estar desatendidos ni sin vigilancia bajo ningún concepto”. Recuerda el elevado número de accidentes cometidos por imprudencias, generalmente de los adultos responsables. “En las piscinas hay que extremar la precaución y hacer uso del sentido común”.

Fotos

Vídeos