Confesiones de una primera dama

Confesiones de una primera dama

Brigitte Macron relata en 'Elle' cómo se enamoró de su alumno, hoy presidente francés.«Yo con mis arrugas, él con su frescura...»

ARANTZA FURUNDARENA

ABrigitte Macron lo primero que dan ganas de preguntarle es qué come, o más bien qué no come, para lucir así de esquelética. Y si contesta «Oh, no hago absolutamente nada, me pongo morada a pan con mantequilla y croissants», no dar demasiado crédito a sus siguientes respuestas... La mujer del presidente francés acaba de conceder la primera entrevista en profundidad desde que llegó al Eliseo en mayo. La edición francesa de la revista 'Elle' la lleva a su portada en el número de septiembre. Pero no le han preguntado si pasa hambre. Quizá porque, tratándose de una profesora que llegó a tener a la vez en clase a su hija y al que hoy es su marido, y que lleva 10 años casada con aquel alumno 24 años menor, hay algo en su trayectoria mucho más morboso que el peso... Evidentemente, la edad.

«El único defecto de mi marido es ser más joven que yo», confiesa Brigitte con humor en esa revista que desde el sábado empapela de expectación los quioscos franceses. Y relata cómo empezó a darse cuenta de que aquel chaval le robaba el sueño... Todo muy romántico y literario. Resulta que profesora y alumno trabajaban juntos en la obra 'L'Art de la comédie', de Eduardo de Filippo. Se reunían los viernes. Y un buen día Brigitte cayó en la cuenta de que «desde el domingo estaba deseando que fuera viernes». Ella intentó poner distancia aconsejando al muchacho que se fuera a terminar sus estudios a París, antes de que hubiera algo más entre ellos. Para entonces, el cotilleo sobre su 'affaire' era ya un clamor. «Pero yo solo me preocupaba de mis hijos, Sébastien, Laurence y Tiphaine. No del resto de la gente», asegura la hoy primera dama, dejando claramente esquinado a su marido de entonces.

Pasión invencible

Lo que peor llevó la profesora fueron los años de distanciamiento físico con su alumno... «Pero nos escribíamos enormemente», rememora. El secreto para lograr que al final la relación prosperase sin que se produjera un cataclismo fue, según dice, el haber ido (como Luis Fonsi) despacito, mentalizando poco a poco a sus respectivas familias de que su pasión era invencible. Aún así, reconoce que las separaciones siempre son dolorosas. «Sé que he hecho daño a mis hijos y es lo que más me reprocho. Pero no podía evitarlo». «Sentía -confiesa Brigitte- que tenía que vivir 'Este amor', como decía Prévert, para ser completamente dichosa».

Esto es lo que dice Prévert en su poema: «Este amor, tan violento, tan frágil, tan tierno, tan desesperado. Este amor, bello como el día y malo como el tiempo, cuando el tiempo es malo (...) Este amor temblando de miedo como un niño en la oscuridad (...) Este amor que da miedo a los otros...». Es evidente que, como profesora de Literatura, a Brigitte Macron le sobran recursos (y seguramente razón) para justificar aquel 'amour fou' que acabó triunfando contra todo pronóstico y que hoy la ha convertido en primera dama de Francia.

Como en el tango, esta mujer asegura que 'veinte años (o 24) no es nada', por más que cada mañana la diferencia de edad se imponga en el desayuno: «Yo con mis arrugas, él con su frescura... -admite Brigitte-. Pero es lo que hay. Si no hubiera hecho esta elección, habría dejado pasar mi vida de largo».

Vestida en la portada de 'Elle' con una chaqueta blanca de Dior y unos vaqueros pitillo de Saint Laurent, el mismo 'look' con el que recibió el mes pasado a Rihanna, Brigitte Marie-Claude Trogneux proyecta a sus 64 años una imagen juvenil que la prensa de moda de su país no ha dudado en alabar y atribuir, con gran mérito, a su escuálida silueta... Está claro que peso y edad, edad y peso, son grilletes de los que ninguna mujer famosa es capaz de liberarse. Ni siquiera una tan libre, valiente e inteligente como Brigitte Macron.

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