¿Vamos hacia un mundo sin insectos?

Una abeja descansa sobre una flor de lavanda en Múnich./Efe
Una abeja descansa sobre una flor de lavanda en Múnich. / Efe

Documentan un descenso más de tres cuartas partes de estos animales en reservas naturales desde 1989

LUIS A. GÁMEZ. BILBAO

¿Vamos hacia un mundo sin insectos? Los científicos han constatado en los últimos años un preocupante descenso en la población de este tipo de animales. Los últimos en hacerlo han sido investigadores alemanes que informan esta semana en la revista ‘PLoS ONE’ de que en los últimos 27 años la población de insectos en espacios protegidos de su país ha descendido en más de tres cuartas partes.

Cada primavera desde 1989 la Sociedad de Entomología de Krefeld ha puesto trampas en 63 reservas naturales de Alemania para cuantificar la cantidad de insectos voladores. Y lo que han descubierto después de tres décadas es preocupante: los 1,6 kilos de insectos que capturaban hace 28 años entre mayo y octubre se reducían a unos de 300 gramos en 2014. «La biomasa de insectos voladores ha disminuido en más de un 75%. Sospechábamos desde hace tiempo que pasaba algo así, pero es mucho más grave de lo que creíamos», dice Calpar Hallmann, de la universidad holandesa de Radboud y uno de los autores del estudio. A mediados del verano, la caída supera el 82%.

Menos mosquitos, moscas, abejas, avispas, libélulas... Qué bien, ¿no? Igual hasta lo ha notado en su coche, contra cuyo parabrisas se estampan ahora menos bichos que antes. Pues, no; no es algo bueno. Los insectos juegan un papel clave en nuestro planeta: polinizan el 80% de las plantas silvestres y sirven de alimento al 60% de los pájaros. Sin ellos, se reduciría la cantidad de alimento para los hervíboros y un descenso en la población de estos lo pagarían los carnívoros. Por no hablar del papel reciclador de, por ejemplo, los escarabajos. «Como los ecosistemas dependen de los insectos para la comida y como polinizadores, esto sitúa la disminución de los mamíferos y las aves que se alimentan de ellos en un nuevo contexto», apunta Hans de Kroon, autor principal del trabajo.

¿A qué se debe que este descenso de los insectos? Los científicos no lo saben. «Todas estas áreas están protegidas y la mayoría se gestionan como reservas naturales», destaca Hallmann respecto a los puntos muestreados. La disminución parece independiente del hábitat, el clima y el uso del suelo. Hacen falta más estudios, dicen, aunque especulan con una posible explicación. «Las zonas de investigación son en su mayoría pequeñas y están rodeadas de explotaciones agrícolas. Estas áreas circundantes afectan a los insectos voladores, que no pueden sobrevivir en ellas. Es posible que actúen como ‘trampas ecológicas’ y pongan en peligro a las poblaciones de las reservas naturales», argumenta Hallmann. De Kroon cre que, ante un fenómeno inexplicado que se ha registrado en otras partes del mundo, lo único que cabe hacer de momento es limitar el uso de pesticidas, evitar la desaparición de las flores en los bordes de áreas de cultivo, «ampliar las reservas naturales y reducir el número de las que limitan con zonas agrícolas».

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