«El riesgo de sufrir un gran terremoto en España es importante»

Elisa Buforn, catedrática de Física de la Tierra en la UCM, advierte de que «en este país no tenemos memoria sísmica porque los grandes temblores han ocurrido separados por amplios intervalos»

ICÍAR OCHOA DE OLANO

El megaterremoto de California ocurrirá antes de 2018. Así lo advertía hace unos meses el director del Centro Sísmico del Sur de California, Thomas Jordan, en la última Conferencia Sísmica Nacional de Estados Unidos. Los Sistemas de Alerta Sísmica Temprana (SAST) no son empaquetables y exportables. Tierra adentro, cada región del mundo tiene sus peculiaridades, de modo que «lo que pasa en California, no sirve para lo que pasa en España». Y lo que ocurre en la Península Ibérica, la transición entre un margen oceánico y uno continental, es «especialmente singular», afirma Elisa Buforn, catedrática de Física de la Tierra en la UCM. «De hecho, –prosigue– el sur de nuestro país es la única zona de todo el Mediterráneo en la que se dan terremotos superficiales, intermedios y profundos, y estos son los más profundos de todos. Ocurren a unos 650 kilómetros, lo que hace que esta sea un área compleja y peligrosa».

– ¿Peligrosa? ¿Quiere decir que existe riesgo de que España padezca un ‘Big one’?

– Tal vez usted y yo no lo veamos, pero ese riesgo es importante. De hecho, ya los ha habido. En este país no tenemos memoria sísmica porque los grandes temblores han ocurrido separados por amplios intervalos de tiempo y porque el siglo XX fue bastante tranquilo.

Sin olvidar la sacudida de Lorca de 2011, que provocó nueve muertos y graves daños materiales, y el de Alborán del año pasado, que disparó la alarma social, Bufont abre la hemeroteca de las sacudidas peninsulares por el final. «El último gran sismo ocurrió en 1884, en Arenas del Rey, en Granada. Se calcula que rozó la magnitud 10, al igual que el de Lisboa de 1755, probablemente el más grande que ha afectado a Europa y que generó un gran tsunami. Sí, en este país hay una clara tradición de terremotos».

Coordinadora de un proyecto financiado con fondos estatales para desarrollar un SAST para la zona Íbero-Magrebí (del sudoeste del Golfo de Cádiz hasta el este de la península, más el Norte de Marruecos y de Argelia), la investigadora considera necesario dotarlo de fondos. «Nuestra instrumentación actual no sirve para anticipar sismos. Sería como pretender llevar vigas en un utilitario. Pero es la sociedad la que debe decidir si quiere tomar medidas para protegerse. Y ahora mismo no tenemos ningun

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