La prehistoria genética de Iberia, distinta a la del norte y centro de Europa

Arqueólogos excavan en una oquedad en el yacimiento de Atapuerca. /Fernando Gómez
Arqueólogos excavan en una oquedad en el yacimiento de Atapuerca. / Fernando Gómez

Según el estudio, la cultura neolítica llegó por la vía costera del norte del Mediterráneo

EFEMadrid

Un equipo internacional de científicos ha analizado restos humanos antiguos de 13 individuos del norte y sur de España, entre ellos el genoma de un agricultor neolítico de 7.245 años de antigüedad, lo que ha puesto de manifiesto que la genética prehistórica de Iberia difiere de la del centro y norte de Europa.

Así, este estudio constata que los primeros agricultores llegaron principalmente a Iberia siguiendo una ruta costera por la orilla norte del mar Mediterráneo y que los neolíticos ibéricos muestran diferencias genéticas con los primeros agricultores migrantes que se asentaron en el centro y norte de Europa, resume a Efe uno de sus autores, Juan Luis Arsuaga, catedrático de Paleontología de la Universidad Complutense y codirector de Atapuerca (Burgos).

Los resultados, que suponen otro paso para completar el mapa de la prehistoria ibérica, se publican en un artículo en la revista PNAS, que combina datos arqueológicos, genéticos y de isótopos estables para condensar 4.000 años de prehistoria biomolecular ibérica.

Los restos estudiados son, entre otros, del yacimiento arqueológico de El Portalón, en la Sierra de Atapuerca, y la Cueva de los Murciélagos de Zuheros (Córdoba), de la que se ha secuenciado el genoma del agricultor neolítico de 7.245 años, convirtiéndolo en el genoma humano secuenciado más antiguo del sur de la península.

Las migraciones prehistóricas han desempeñado un papel importante en la conformación genética de las poblaciones europeas. Desde el último máximo glacial, hace aproximadamente 20.000 años, Europa estaba habitada exclusivamente por grupos de cazadores recolectores, pero dos migraciones importantes durante los últimos 10.000 años tuvieron impactos masivos en el estilo de vida y acervo genético de las poblaciones europeas.

En primer lugar, hace aproximadamente 7.400 años, grupos originarios de Oriente Medio y Anatolia introdujeron prácticas agrícolas en Europa durante el Neolítico; posteriormente, hace 5.000 años, poblaciones de la estepa póntica (la gran pradera que se extiende al norte del mar Negro, del Cáucaso, del mar Caspio y más al este) se dispersaron por el continente europeo reemplazando a las anteriores. Como ambos movimientos se originaron en el este, las partes más occidentales del continente fueron las últimas en ser alcanzadas por estas migraciones.

Si bien los estudios arqueológicos han demostrado que ambas migraciones han sustituido a más de la mitad del registro genético de Europa central y septentrional, se sabía mucho menos sobre la influencia de estos sucesos en las poblaciones ibéricas, especialmente en las zonas más meridionales como Andalucía. Para Arsuaga, este trabajo ofrece varias aportaciones: que la cultura neolítica llegó por la vía costera del norte del Mediterráneo, que los pueblos que introdujeron aquí el neolítico son distintos a los que lo hicieron en el centro y norte de Europa y que los primeros neolíticos no se mezclaron con las poblaciones autóctonas.

Esa mezcla, aclara, se produjo mucho más tarde, incluso milenios: mostramos que la influencia genética de esta migración esteparia en los europeos ibéricos prehistóricos fue menor y más tardía, notándose solo a partir de la Edad de Bronce, "lo que confirma que la historia genética de Iberia fue única, ya que ha sido influenciada en su mayor parte por la primera migración prehistórica asociada a la introducción de las prácticas agrícolas".

Es a lo largo de la Edad de Bronce cuando se produjo un importante aporte de población centroeuropea a la Península Ibérica, que además trajo consigo nuevas ideas y conocimientos, es decir, una nueva cultura; esta migración posiblemente también incluyó las primeras lenguas indo-europeas.

Este trabajo también señala que estos migrantes de la ruta mediterránea muestran una fuerte conexión genética con los habitantes modernos de la isla mediterránea de Cerdeña.

Los autores también investigaron la dieta de estos agricultores neolíticos a lo largo de casi 4.000 años: "curiosamente, aunque con el paso del tiempo vemos una influencia genética significativa de ancestros cazadores-recolectores locales en los agricultores inmigrantes, la dieta de estos primeros agricultores no cambia", indica Colin Smith, de La Trobe University, otro autor.

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