Fallece Stephen Hawking, el científico del origen del universo

Stephen Hawking. / Foto: Archivo | Vídeo: Atlas

Sus enormes aportaciones en el campo de la astrofísica, su capacidad divulgativa y la superación de las limitaciones derivadas de la esclerosis lateral amiotrófica que padecía desde los 21 años lo convirtieron en la figura científica más popular desde Albert Einstein

JOSÉ MANUEL ANDRÉSMadrid

El físico británico Stephen Hawking ha muerto en la madrugada de este miércoles en su vivienda de Cambridge a los 76 años. Autor de buena parte de los descubrimientos de la astrofísica moderna, sus enormes aportaciones al conocimiento del origen y evolución del universo, su gran capacidad divulgativa y un carácter vitalista para superar las limitaciones derivadas de la esclerosis lateral amiotrófica que padecía desde los 21 años lo convirtieron en la figura científica más popular desde Albert Einstein.

«Estamos profundamente tristes porque nuestro querido padre haya fallecido hoy», señalan los hijos del profesor Hawking, Lucy, Robert y Tim, en un comunicado en el que han hecho pública su muerte. «Fue un gran científico y un hombre extraordinario cuyo trabajo y legado perdurarán muchos años», agregan.

Hawking nació el 8 de enero de 1942 en la localidad inglesa de Oxford, lugar al que Frank Hawking, investigador biológico, y su esposa Isobel, licenciada en filosofía y política, llegaron huyendo de los bombardeos alemanes que en plena Segunda Guerra Mundial asolaban Londres. Después de una infancia marcada por un desempeño académico lejano de la brillantez, se graduó en 1962 e inició en la Universidad de Cambridge sus estudios de posgrado. Sería entonces cuando comenzó a desarrollar los primeros síntomas de esclerosis lateral amiotrófica, una enfermedad neurodegenerativa que según los médicos, sólo le permitiría vivir dos o tres años más. Con el paso del tiempo, Hawking quedaría postrado en una silla de ruedas e incluso perdería la capacidad del habla, lo que no impidió al astrofísico continuar con su doctorado en física e iniciar una carrera brillante, hasta ser considerado uno de los científicos más grandes de su tiempo.

Una azarosa vida sentimental

Este periodo de descubrimiento de la enfermedad, desesperación y regreso a sus estudios está marcado por la presencia de Jane Wilde, con la que acabaría casándose en 1965 y que fue fundamental en el hecho de que Hawking recuperase su actividad intelectual a pesar del impacto del diagnóstico. El matrimonio duraría 25 años, hasta que en 1990 la pareja se divorció y el científico se fue a vivir con Elaine Mason, una de las enfermeras que lo cuidaba y con la que cinco años más tarde contrajo matrimonio. Esta segunda relación se prolongaría hasta 2007 y acabaría envuelta en unos rumores de maltrato por parte de Mason que Hawking siempre negó. Aspectos controvertidos de una vida sentimental intensa que el físico resumía con su sentido del humor habitual en el hecho de que «las mujeres» fueran «el único enigma» que nunca logró desentrañar.

Singularidad espaciotemporal y agujeros negros

El físico británico profundizó durante los años posteriores a su doctorado en las teorías de Einstein y se planteó el colosal reto de armonizar la teoría de la relatividad general formulada por el científico alemán y la mecánica cuántica. Junto a su compañero en Cambridge Roger Penrose desarrolló un novedoso y complejo modelo matemático creado a partir de la teoría de la relatividad general que le permitió probar en 1970 el primero de sus varios teoremas de singularidad, que proveen una serie de condiciones suficientes para la existencia de una singularidad espaciotemporal en el espacio-tiempo, lo que consolidó la idea del Big Bang como origen del universo. «Mi objetivo es simple», dijo una vez. «Es entender completamente el universo, porqué es como es y porqué existe simplemente», señalaba en referencia a tamaño propósito.

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Sus estudios sobre los miniagujeros negros lo llevarían a combinar por primera vez la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica para resolver el problema de estudiar estas estructuras de dimensiones muy reducidas y de densidad extraordinariamente elevada, sobre las que no se creía que se pudiese obtener algún conocimiento. En 1974 propuso, de acuerdo con las predicciones de la física cuántica, que los agujeros negros emiten radiación térmica hasta agotar su energía y extinguirse.

Todas estas aportaciones al conocimiento sobre el origen y evolución del universo lo llevarían a alcanzar en 1980 la Cátedra Lucasiana de Matemáticas en Cambridge, emulando a Isaac Newton, segundo profesor lucasiano de la historia de la institución académica y formulador de la ley de la gravitación universal.

Stephen Hawking, junto a sus dos esposas y en una fotografía de juventud. / Agencias

Faceta divulgativa

No obstante, los síntomas de la enfermedad seguirían desarrollándose a lo largo de la década de los ochenta hasta dejar sin habla al científico después de someterse a una traqueotomía en 1985. Un sintetizador de voz permitiría a Hawking comunicarse a partir de entonces y convertirse, paradójicamente y a pesar de las limitaciones, en un excelente divulgador, que a través de obras como 'Una breve historia del tiempo', publicada en 1988, logró convertirse en una figura mediática y acercar la astrofísica a un público general para el que resultaba hasta entonces todo un galimatías.

Otras obras posteriores, como 'Agujeros negros y pequeños universos' (1994), 'El universo en una cáscara de nuez' (2002) o 'El gran diseño' (2010), manifiestan una intención divulgativa todavía mayor y se convierten en enormes éxitos editoriales con millones de ejemplares vendidos en todo el mundo. De hecho, Hawking aborda incluso la literatura infantil con 'La clave secreta del universo', un libro dirigido a niños y escrito en colaboración con su hija Lucy.

Un científico mediático

Su enorme popularidad se ve reforzada en los últimos años por numerosas apariciones en cine y televisión -'La teoría del todo', 'The Big Bang Theory', 'Star Trek' o 'Los Simpson'- un sinfín de conferencias por todo el mundo, alguna polémica como la que le llevó a perder una apuesta de cien dólares en 2012 con el también físico británico Peter Higgs sobre el Gran Colisionador de Hadrones y su capacidad para dar con el bosón de Higgs e incluso un vuelo a la estratosfera en el que pudo experimentar la ingravidez invitado por la empresa estadounidense Zero Gravity.

Hawking deja tras su muerte un legado científico enorme, con algunas de las claves que permitirán seguir profundizando en el origen, estructura y evolución del cosmos y avalado por muchos de los reconocimientos y galardones científicos más prestigiosos como la Orden del Imperio Británico en 1982, el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 1989, la Medalla Copley en 2006, la Medalla de la Libertad en 2009 o el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en 2015. Pero más allá de todo ello, transmite con su intensa peripecia vital el deseo de hacer llegar el conocimiento científico a cualquier público y superar mediante el pensamiento la limitación de un cuerpo atado a una silla de ruedas.

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