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Yoshinori Ohsumi, tras conocerse el galardón.
Yoshinori Ohsumi, tras conocerse el galardón. / EFE

El japonés Yoshinori Ohsumi gana el Nobel de Medicina por describir el reciclaje celular

  • El proceso, denominado autofagia, permite que las células complejas se deshagan de forma ordenada y limpia de sus componentes estropeados o dañados, un mecanismo clave tanto para la lucha contra las infecciones como para el envejecimiento de los organismos

El japonés Yoshinori Ohsumi, investigador del Instituto Tecnológico de Tokio, ha ganado el Nobel de Medicina 2016 por describir en detalle cómo funciona la autofagia celular, su sistema de reciclaje para mantener el cuerpo en buen estado. Este proceso es el que permite que las células complejas destruyan, de forma ordenada, sus componentes que ya no funcionan o que están dañados. El mecanismo, poco conocido hasta los años 90, es fundamental para explicar la reacción de un cuerpo ante las infecciones, los efectos de multitud de enfermedades y para controlar algunos fenómenos fisiológicos como el envejecimiento.

El galardón, que entrega el Instituto Karolinska sueco, se ha anunciado alrededor de las 11.45, y premia una serie de hallazgos que empezaron a publicarse hace más de dos décadas. "Aunque la autofagia se identificó por primera vez en los años 60, tanto sus mecanismos de actuación como su relevancia fisiológica no se comprendieron de verdad durante décadas", explican desde la institución en un comunicado. No fue hasta 1993 cuando Ohsumi publicó su primer gran artículo al respecto, en un estudio con levadura de panadero. Demostró que este fenómeno también aparece en organismos unicelulares, lo que hacía pensar que podía ser un proceso fisiológico fundamental de todos los organismos complejos –eucariotas–. Desde entonces, sus trabajos han permitido describir con detalle cómo funciona, así como su relación con el crecimiento y la salud humana.

Aunque al principio se pensó que la autofagia celular era una respuesta al estrés de un organismo, gracias a los trabajos de ahora se sabe que está activa todo el rato para mantener con salud el conjunto de las células de un cuerpo. Su actividad recicladora está relacionada con multitud de procesos fisiológicos como la diferenciación celular –en el que se determina cuáles pasan a ser parte de un músculo del corazón, del hígado o un glóbulo rojo, por ejemplo–, o el control del envejecimiento y el mantenimiento regular de la actividad de los distintos elementos de un organismo.

Por cómo funciona el cuerpo humano, muchas enfermedades provocan fallos en los procesos de autofagia celular. Cuando estos fallan, los órganos implicados se deterioran porque deja de haber un sistema que limpie lo que está roto o no funciona. A menudo, cuando una célula funciona mal, produce proteínas mal plegadas que a su vez son tóxicas. Sin capacidad de destruirlas de forma ordenada, todo puede descontrolarse. Por eso, comprender la autofagia celular ha sido clave para determinar cómo funcionan muchas enfermedades tan variadas como el parkinson, algunos tipos de cáncer o multitud de infecciones por patógenos, y para diseñar fármacos y tratamientos eficaces.

Este año, por primera vez en mucho tiempo, un español estaba entre los candidatos a recibir el galardón. El investigador de la Universidad de Alicante (UA) Francis Mojica, descubridor de las secuencias CRISPR que han revolucionado la biología molecular, ha sonado en las quinielas. Años después de su hallazgo, las científicas Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna descubrieron que estas son un bisturí genético que permite modificar el ADN con alta precisión. Aun es posible, aunque poco probable, que reciba el miércoles el Nobel de Química.