El cielo no puede esperar

El adolescente Nacho Rodríguez Lozal, 16 años, junto a una de las avionetas que pilota./Familia Rodríguez
El adolescente Nacho Rodríguez Lozal, 16 años, junto a una de las avionetas que pilota. / Familia Rodríguez

Nacho Rodríguez quiere ser el piloto más joven de Europa. No tiene edad para conducir, pero llevará a sus padres de vacaciones en avioneta

ANTONIO CORBILLÓN

Los amigos de Nacho Rodríguez Lozal alucinan con este valenciano de 16 años. Unos ya conducen sus motos, otros sueñan con cumplir los 18 y tener un coche. Nacho sólo mira al calendario para que llegue el próximo 9 de mayo. Ese día cumplirá 17 años. La edad mínima para obtener el título de piloto privado. Después de aprobar las nueve asignaturas teóricas, no esperará ni un día más para intentar superar el examen práctico. «Es una paradoja. No tiene sentido que no puedas conducir un coche a esa edad y sí puedas llevar los mandos de una avioneta», reflexiona este chico de madurez evidente.

Su amor por los cielos empezó con un padre cuyo trabajo le obligaba a pasarse el día de vuelo en vuelo. De aquellos viajes, Nacho guarda una buena colección de maquetas de aparatos que le traía su progenitor. «Mi favorita siempre fue la de un 747 de dos pisos de Air France a gran escala». Lo dice porque espera que algún día sea el tipo de aparatos que dependerán de sus mandos.

Su padre percibió pronto una vocación sin reservas ni cambios bruscos o modas. Así que decidió ponerla a prueba de forma definitiva. Primero con un bautismo aéreo, un vuelo de 20 minutos en un monomotor a los 15 años. Llevaba tiempo probando su habilidad con un simulador en casa y el instructor le dejó llevar las riendas. «Despegué y aterricé sin ayuda». Se bajó al grito de «¡quiero ser piloto!».

El joven aspirante a piloto, en pleno vuelo.
El joven aspirante a piloto, en pleno vuelo. / F.R.

Faltaba la prueba definitiva. «Hablé con un amigo piloto de Iberia –recuerda Nacho Rodríguez, padre– y nos compramos un billete de avión y reservamos los mismos hoteles». Nacho hijo no quitaba los ojos de la cabina, ese mundo de lucecitas y palancas. Tampoco puso pegas a las rutinas de la tripulación. Esos hoteles de uso rápido. «Este va a ser mi mundo profesional», insistió otra vez.

En su casa dicen que es metódico «hasta la obsesión». Que lleva las riendas de su vida adolescente como las palancas de sus avionetas. «Si mis amigos se van de fiesta yo no le encuentro interés. Como mucho ir a cenar y al cine», reconoce. Un carácter que le ha permitido llevar al día con suficiencia las asignaturas de 2º de Bachillerato mientras superaba, una tras otra, las teóricas de aviación.

«La primera vez aterricé y despegué sin ayuda. Tenía un simulador en casa» Nacho Rodríguez, Futuro piloto

Tiene sus proyectos vitales trazados como si fuera un plan de vuelo. «Espero acabar el colegio el año próximo e ir acumulando horas y más horas de vuelo». De esta forma podrá empezar el curso de piloto comercial a la edad mínima, 18 años. «Hacen falta entre 14 y 18 meses para sacarlo, así que espero tener mi título de piloto comercial a los 19», confía. Si cumple esos plazos, podría ser el más joven piloto europeo.

Bautismo en familia

Mientras, sigue acumulando horas y experiencias. Sus instructores de la Escuela Paramedia de Valencia le están preparando para todo tipo de incidencias. Le han hecho experimentar la sensación de un fallo en el motor (apagándolo para dibujar un planeo) o volar lento marcando las velocidades para mejorar en el control del aparato.

Incluso se ha enfrentado a algún imprevisto. «En el aeropuerto de Manises (Valencia), florituras ninguna. Pero un día falló la comunicación nada más despegar. Fue surrealista. Decidí llamar desde mi móvil. Me dieron pista y pude regresar sin problemas».

Nacho Rodríguez sabe que hoy día a un piloto comercial se lo rifan y el paro no existe. Pero también que es un mundo muy competitivo y sacrificado. «Cuando llegue el momento me da igual trabajar para una ‘low cost’ (bajo coste). El caso es entrar e ir cogiendo experiencia». Sabe que las compañías imponen un curso, que paga el piloto novato, para aprender a manejar sus aviones.

Pero antes les espera un bautismo muy particular. «Este verano quiero llevar a mis padres de vacaciones a Mallorca. En avioneta, claro». Nacho padre pasa media vida en grandes aeronaves. Pero teme a esos «aparatitos que tiemblan por todas partes». Aunque sin duda que su hijo logra convencerle de que con él van seguros.

Cielo despejado

14 a 18
meses es el plazo mínimo que necesita un piloto privado para superar el curso y los exámenes de piloto comercial y poder llevar vuelos con pasajeros.
Un trabajo sin paro
La universalización de los vuelos permitirá crear unas 600.000 plazas de piloto en los próximos 20 años, según cálculos de las compañías.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos