Cenicienta en América: así es la protagonista del artículo más leído del año

La dura historia de Lola, una esclava filipina, despertó más interés que Trump. Fue lo más leído de la prensa mundial en 2017

Cenicienta en América: así es la protagonista del artículo más leído del año
ANTONIO CORBILLÓN

La historia más leída en la prensa mundial en 2017 tiene una protagonista anónima. Ni el incipiente mandato de Donald Trump, que parecía abarcarlo todo y en todas partes, pudo con el relato sobre la vida de Eudocia Tomas Pulido. Lola para todos los que la conocieron. Es la peripecia de una esclava filipina de hoy día en el paraíso de los derechos civiles que se supone que son los Estados Unidos.

La revista ‘The Atlantic’ publicó en su edición de junio de 2017 la vida de Lola contada por Alex Tizon. Un relato en primera persona ya que esta mujer vivió y sirvió a su familia durante 56 años. Fue un éxito editorial póstumo para este periodista filipinoamericano, ganador de un Premio Pulitzer y que falleció en marzo pasado, días después de entregar su gran reportaje ‘My family’s slave’ (‘La esclava de mi familia’) a la editora.

La terrible peripecia de Lola se volvió viral. El portal digital Charbeat rastreó entre 39 millones de artículos en 50.000 medios de comunicación del mundo para hacer su ranking anual. No se fijan en la celeridad del ‘click’ digital. En Charbeat buscan minutos de lectura. Y los lectores de las ediciones en papel y web de ‘La esclava de mi familia’ dedicaron entre todos 58 millones de minutos (es decir, 110 años completos) a conocer la terrible historia de Lola.

Se levantaba la primera, se iba a la cama la última, no tenía cuarto y «comía sobras»

Una biografía que su autor empezó por el final. En 2016, cinco años después de la muerte de Eudocia a los 86 años en la casa del periodista cerca de Seattle (Washington, EE UU), Alex Tizon viajó a Filipinas con sus cenizas «en una caja de plástico negra del tamaño de una tostadora», para devolverlas a su humilde origen en el pueblecito de Mayantoc.

En ese trayecto, Tizon va recuperando pasajes de una vida de servidumbre, maltrato y desprecio de la que fue protagonista en primerísima persona. A sus 18 años Lola, que no llegaba al metro y medio de altura, fue un regalo, en la primavera de 1943, del teniente Tom a su hija de 12 años y futura madre de Alex. Eran los tiempos de la ocupación japonesa en el archipiélago y la posesión de ‘utusans’ (ayudantes) o ‘kasambahays’ (domésticos) era natural desde antes incluso de los tiempos de la colonia española (siglo XVI). El avispado abuelo Tom vio a «esa chica que no tenía un centavo, ni educación y era maleable». ¿Su oferta?: comida y refugio a cambio de cuidar a su única hija (él era viudo). «Ella es mi regalo para ti», le dijo Tom a su niña.

Mientras él se fue a luchar contra los japoneses, Lola empezó una vida de servicio y entrega casi animal. Hasta el punto de que ella recibía los latigazos y golpizas destinados a la hija, cada vez que el militar volvía a casa y pillaba a su niña en alguna trastada.

Ni un centavo

Tras casarse en 1950, la hija de Tom (en el relato es siempre ‘Mamá’) y su marido se llevaron a Lola a Manila. Después llegó el salto a Estados Unidos en 1960. Para entonces ya eran una familia con cuatro retoños. Les dejaban «traer a una doméstica» y ‘Papá’ y ‘Mamá’ Tizón convencieron a la sirvienta con la excusa de un subsidio que nunca fue tal.

Lola se levantaba la primera y se acostaba la última. «Comía sobras» y no tenía ni un triste cuarto para ella. «A menudo dormía entre pilas de ropa», derrengada sobre la plancha. Para el matrimonio Tizon siempre era poco. «A veces mis padres formaban equipo hasta que Lola rompía a llorar, casi como si ese fuera su objetivo», lamenta Alex en su largo artículo.

El futuro periodista identificó lo que era un ‘esclavo’ en el cine y la televisión. «En el viejo país, mis padres no sentían la necesidad de ocultar el trato que le daban a Lola. En América, la trataban peor pero se esforzaban por ocultarla». Cuando sus documentos de viaje expiraron a los cinco años de estancia (1969) su descubrimiento hubiera sido delictivo para todos.

Aún así, Lola fue el sostén familiar cuando el matrimonio se divorció. Mascó la comida de Álex cuando estaba dura, se enfrentó al nuevo marido de ‘Mamá’ cuando se ponía agresivo... Los remordimientos de Alex no despertaron hasta que se enfrentó a su propia madre, celosa del ascendiente de la silente filipina sobre sus hijos.

Lola tenía 75 años cuando vivió su última década de vida en casa del emancipado Alex Tizon cerca de Seattle. Antes cuidó a su esclavizadora, enferma terminal, hasta la extenuación. «Podía haberse aprovechado de ‘Mamá’ en su debilidad, incluso vengarse, pero hizo lo contrario», se admira Tizon. En esa década, le asignaron un salario (200 dólares) pero les costó que renunciará a su rutina de esclava. No sabía ser de otra manera. «Lola, ¿alguna vez has tenido sexo? No, dijo ella».

Tras su muerte, Alex encontró sus cajas en el ático. Coleccionaba artículos de él, imágenes de sus hermanos, fotos de la familia... «Me di cuenta de que en esa familia tuvo ocho hijos: Mamá, mis cuatro hermanos y yo, y ahora mis dos hijas. No tenía nada de esa ambición egoísta que nos impulsa a la mayoría», concluye.

‘La esclava de mi familia’ generó un gran debate en Filipinas. «El escenario de Lola es raro, pero bastante común aquí, somos adictos a continuar esa cultura hasta los tiempos modernos», reconoció un editorial de la revista ‘Scout’.

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