Cecilia Buil: «El miedo es un aliado en la montaña»

Sin límites. La escaladora clava el piolet en la cascada Kronenberg, en Icefields Parkway, en plenas Montañas Rocosas canadienses./Jon Walsh
Sin límites. La escaladora clava el piolet en la cascada Kronenberg, en Icefields Parkway, en plenas Montañas Rocosas canadienses. / Jon Walsh

La escaladora aragonesa, a una etapa de culminar un reto inédito en cascada de hielo, vive lo suyo con pasión. «Esto es un veneno que te hace muy feliz»

JOSEBA VÁZQUEZ

«Viendo imágenes de escaladores atornillados al hielo, ascendiendo por esas paredes verticales, húmedas y frías, la primera pregunta que se me ocurre es ¿cómo es posible?

– Pues gracias al material, aparte de tu físico y tu técnica. El hielo es muy dependiente del material, tenemos que utilizar piolets y crampones muy afilados. Luego, hay que saber usarlos, claro.

Cecilia Buil (Huesca, 44 años) se inició en la escalada en los Mallos de Riglos. Era una jovencita de 17 años y se vio impulsada por la afición montañera de sus padres y de su hermano Lorenzo, que ya por entonces se dedicaba a subir paredes. «Yo empecé por él», recuerda la deportista aragonesa, convertida en una de las mejores especialistas mundiales de esta disciplina. Como muy breve presentación digamos que Cecilia ha realizado doce ascensiones al conocido muro del Capitán, en Yosemite (EE UU), y tres nuevas vías en el Gigante (México). Es técnico deportivo de escalada en roca y barrancos, imparte cursos y conferencias y en verano ejerce como guía de montaña en Bielsa, donde reside. Es, en sus palabras, «un batiburrillo de cosas» que le permite «sobrevivir» profesionalmente de una modalidad que le apasiona.

En 2001 comenzó a escalar también en hielo, superficie en la que ha superado vías de hasta 600 metros y de la máxima dificultad por todo el mundo. En 2014 se embarcó en el proyecto personal ‘HuEllas on ice 6.1’, con el que aspira a ser la primera persona del mundo en abrir una nueva ruta en cascada de hielo de fusión o estacional –el que se forma en invierno y luego desaparece– en todos los continentes, exceptuada la Antártida, donde el hielo es permanente. Solo le falta Europa. Por simplificar, ella misma cree que «la gente entenderá mejor mi trayectoria si decimos que tengo más de veinte ascensiones en gran pared, las que alcanzan o superan los mil metros de desnivel vertical, o que he pasado más de 200 noches durmiendo en una hamaca colgada en la pared».

Por curiosidad, ¿cómo se duerme ahí, suspendida en el aire?

– La primera vez es una emoción, pero no tienes miedo a caerte. De una hamaca es muy difícil caerse y, aparte, dormimos con el arnés puesto;no nos lo quitamos nunca. Además, llevas todo el día con el vacío muy claramente debajo de tus pies y la hamaca lo que hace es precisamente aislarte de ese vacío; es como un refugio, como una isla en la pared. Y llegas cansadísimo. Lo cierto es que se duerme muy bien, je je.

«Nos gusta la gravedad»

Tanto para dormir como para el ejercicio específico de escalar, ¿conviene olvidarse de que existe la gravedad?

– Eres consciente de que existe la gravedad. De hecho, es el aliado del escalador porque, si no, no sería divertido hacer esto, sería muy fácil y lo que nos gusta es precisamente el reto y la aventura que supone escalar para luchar contra esa gravedad. Somos conscientes de que existe, tanto para nosotros como para la roca o el hielo que nos puede caer de encima, y lo que haces es tomar todas las precauciones posibles. Pero en realidad, la gravedad nos gusta. Vencerla es una sensación muy buena.

Sonrisa. Primer plano de Cecilia Buil.
Sonrisa. Primer plano de Cecilia Buil. / Ceciliabuil.com

Mejor abstenerse de probarla quienes padecen vértigo...

– Hombre, hay que estar preparado y saber, sobre todo de condiciones, desde un poco de Física a las condiciones de la montaña, del hielo, de su dureza, si está podrido, distinguir un hielo de otro, saber dónde clavar y dónde no... Todo eso hay que aprenderlo a base de experiencia, de ir muchas veces y con gente que sepa y te enseñe. Y, sobre todo, hay que ir con mucha precaución.

Da la sensación de que escalar en hielo es más comprometido que hacerlo en roca.

– Es diferente. La escalada en roca tiene más recorrido en dificultad. El hielo de cascada tiene un límite a la hora de formarse y, por ejemplo, no puede haber grandes techos. Tiene más limitación a la hora de que se puedan formar estructuras de dificultad máxima. El hielo es muy psicológico porque tienes que saber cuándo puedes escalarlo y es cambiante: quizás hoy puedes escalarlo y mañana no.

¿Cuál es la temperatura óptima para trabajar en él?

– Habiendo helado la noche anterior, la temperatura ideal es entre dos grados bajo cero y uno sobre cero. Eso hace que esté un poco húmedo, las fracturas se transmiten con menor facilidad y es más fácil clavar en él. Puede pensarse que cuanto más frío es más seguro, pero no, porque se generan en él unas tensiones muy grandes que hacen que las grietas se transmitan con mucha facilidad y es más probable que se rompa con un solo golpe de piolet un bloque de dos metros de ancho.

Y está el riesgo de hipotermia.

– Sobre esto vas aprendiendo igualmente con la experiencia. Al principio es muy normal tener problemas en las manos. Hay que cambiar de guantes en las paradas, vestirte por capas y no sudar la ropa, moverte mucho... Y yo soy friolera, aunque pueda no parecerlo.

Un muro. Entrenando muy cerca de su casa en Bielsa.
Un muro. Entrenando muy cerca de su casa en Bielsa. / David Munilla

¿Hasta qué punto está medido el riesgo en esta especialidad?

– El riesgo es una ciencia inexacta en la montaña. Hay riesgos objetivos que da el mismo medio, pero luego está el subjetivo que depende mucho del nivel que tengas;cuanto más conocimiento, preparación y experiencia tengas más seguro irás.

¿Y el miedo? ¿Se puede medir, se puede controlar?

– Es un aliado, algo que tiene que ir contigo. En la montaña es un compañero necesario. A veces reulta un poco fastidioso porque te puede provocar nervios, pero es necesario mientras no se convierta en pánico, que es lo que realmente te puede llegar a bloquear. La escalada en hielo, si no se hace en muy buenas condiciones, puede ser muy peligrosa y puede haber accidentes muy graves. Eso no hay que olvidarlo nunca.

Usted habrá pasado por situaciones comprometidas.

– Alguna vez, sí. Con el hielo he pasado miedo, por supuesto. Son circunstancias que te hacen estar más alerta en las siguientes ocasiones. Hay que ser consciente de lo serio que es esto. Si no lo gestionas bien, la aventura y el disfrute que te proporciona el hielo puede convertirse en una desgracia. He llegado a ver un compañero matarse delante de mis ojos, en el descenso de una cascada en rapel además, que se supone que es la parte más sencilla. Por esto es importante no relajarse nunca, porque a veces donde más accidentes hay es en lo más sencillo, precisamente porque no da miedo.

¿En situaciones así nunca se ha planteado dejarlo?

– Esto es un veneno que te hace muy feliz, por eso repites. Tengo muchos amigos que se han quedado en la montaña. Más que la muerte de estas personas, que sé que han elegido esto por la satisfacción que les da, lo que a veces me plantea la duda de si merece la pena es ver a las familias, el sufrimiento de los seres queridos de esas personas. Pero lo cierto es que la gente que lo hacemos seguimos porque es una pasión tan metida, tan grande, tan profunda y te da tanta satisfacción... Mi conclusión es que merece la pena.

«Si no lo gestionas bien, el disfrute de este deporte puede convertirse en una desgracia»

Por lo que dice, también hay que preparar a la familia.

– A ver,... tampoco vamos a la guerra, pero en mi caso mi madre siempre me ha apoyado. Cuando salgo a una escalada siempre me pregunta si es muy difícil y peligroso lo que voy a hacer; yo le digo que no, claro. Aparte, esto siempre le parece más difícil a quien no lo hace que a quienes lo hacemos. Si conoces, estás bien preparado, y minimizas los riesgos, tiene que darse un error humano o la mala suerte, a veces las dos cosas, para que ocurra un accidente.

Como un premio de lotería

Se encuentra a un solo paso de culminar el proyecto ‘HuEllas on ice 6.1’ que inició en 2014. Le resta completar una vía en Europa y saber el cuándo y el dónde.

– Eso es. El hielo es muy imprevisible, sobre todo en los últimos años con el cambio climático. Cuando venga la mexicana Ixchel Foord, la compañera con la que he hecho los dos últimos ascensos, veremos qué previsiones de tiempo hay. En función de eso iremos a Alpes o a Noruega. La decisión va a ser de una semana para otra, pero el objetivo es terminarlo este año, este invierno.

«Mi madre siempre me pregunta si es muy peligroso lo que voy a hacer. Le digo que no, claro»

Por definición, escalar en hielo estacional posibilita abrir rutas que nadie ha hecho antes.

– Sí, pero si además es algo que solo se ha podido hacer un día en veinte años, como nos sucedió en Canadá en marzo pasado, es como si te toca la lotería. Para un escalador de hielo es muy gratificante hacer algo que no se forma nunca, o casi nunca, y que se ha puesto ahí en un momento como para ti.

¿Hay vida para Cecilia Buil después de la escalada?

– Claro, por supuesto. Salgo con amigos, esquío... En general enfoco mi vida a la montaña. De vacaciones me voy a escalar porque me gusta. En la playa me gusta estar un tiempo pero me aburro enseguida; me gusta estar tres o cuatro días. El monte es muy importante para mí; tanto que vivo en él.

Entonces, la veremos poco en una ciudad.

– Poco, poco. ¡Buff!, ahí sí que me cuesta. Me gusta, y a veces tengo que ir por trabajo, pero me canso pronto.

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