Castigo a los estadios vacíos

La Liga sanciona al Celta por presentar un campo desierto ante las cámaras de televisión. La nueva normativa obliga a los clubes a que el 70% de la grada que aparece en pantalla rebose de hinchas. El club invocará el calor para librarse de la multa

Aspecto del estadio Riazor, con una modesta entrada, en el partido que enfrentó al Deportivo con el Málaga. / M. Riopa / Afp
ANTONIO PANIAGUA

Para que haya siempre espectáculo se necesita una masa vociferante. Y eso es lo que está fallando en el circo futbolístico, la claque. En sus dos primeros partidos de la Liga Santander, el Celta ha pinchado por incomparecencia de la afición, lo que le ha supuesto ser sancionado. Ya se sabe que la Liga de Fútbol Profesional (LFP) exige un aforo mínimo del 70% en las gradas que salen en pantalla para que no aparezcan como un páramo en las retransmisiones televisivas. En las visitas de la Real Sociedad y el Alavés al estadio de Balaídos el campo era un escenario desolador, hasta el punto de que sólo acudieron a la cita 16.961 personas en el primer caso y 17.384 en el segundo. Había más público del habitual, sí, pero mal colocado. Al menos no para que diera el pego. Visto desde el sofá del salón, el ambiente era tan pobre como desangelado. Y eso no está dispuesto a consentirlo la organización que preside Javier Tebas, que compite con la Premier para acaparar brillo, prestigio y dinero.

Política de precios. El Real Oviedo, el único previsor

Uno de los pocos clubes que se ha tomado en serio la obligación de llenar las gradas para la tele es el Real Oviedo. Los directivos han decidido subir los precios de los asientos que no aparecen en televisión. En la zona baja de la grada, los adultos pasan de pagar el abono de 275 euros a 300 y los niños, de 35 a 100. En la primera jornada de la Liga 123 no se alcanzó el aforo requerido por la LFP, pero sí en las dos siguientes.

Para que se cumpla el reglamento que rige los partidos televisados, las capturas de imagen de las cámaras instaladas en la tribuna principal deben presentar una ocupación de tres cuartas partes del graderío opuesto. En caso de que la asistencia de aficionados sea inferior al 50% en esa parte del estadio, el importe de la pena se duplicará. No hay lugar para bromas.

Durante la pasada temporada ya entró en vigor esta norma, pero la LFP fue laxa en su aplicación. Se quería que los clubes se acostumbraran a su funcionamiento y no sintieran en la nuca el aliento de la multa. Pero las cosas han cambiado y el primero en apoquinar en Primera División será el Celta. Con todo, el club gallego tiene mucho que alegar en su descargo. A la entidad le caerá encima una multa cuando ni siquiera se han aprobado los cambios de la normativa y ni siquiera se sabe la cuantía de las sanciones. A todo este cúmulo de lagunas e imprevisiones se une un hecho que puede sembrar la discordia. Pese a que es perfectamente posible cuantificar la asistencia de la afición, las propuestas sancionadoras se harán en virtud de la estimación que a ojo de buen cubero hagan los inspectores que envía la Liga a cada recinto. Para nada se tienen en cuenta los tornos de las entradas ni otros instrumentos de medición. Si acaso, los inspectores pueden recurrir a imágenes de televisión de unidades móviles y fotografías tomadas a partir del minuto 30 de cada partido.

Entradas más baratas

A la vista de lo sucedido, la primera decisión de los directivos del Celta ha sido rebajar el precio de las entradas. Así, si en los dos primeros choques había que desembolsar entre 50 y 20 euros, ahora el coste oscila entre 40 y 15 euros. Y los boletos para los aficionados menores de 25 años se mueven entre los 10 y los 25 euros. Con ello se espera que los remisos a los desplazamientos acudan con mayor decisión al estadio. Aunque la estampa de las graderías despobladas tiene que ver más con el agobiante calor que con la carestía de las entradas. A ello se suma el agravante de que el graderío principal del Balaídos, todavía en obras, carece de cubierta, de modo que ninguna sombra amable acompañaba al espectador. La afición del Celta no quería otro deporte que no fuera la zambullida.

En este sentido, el Celta invocará el inclemente calor para evitar la sanción. No en balde, la deserción de los aficionados por un clima hostil es una circunstancia que suspende la aplicación del reglamento. Es la única salida que le quedan a los celestes para escurrir el bulto. También están exentos de multa los partidos que se jueguen entre lunes y viernes. Así las cosas, la regla del 70% de ocupación puede amargar la vida a más de uno. El Camp Nou, por ejemplo, sólo registro 51.645 aficionados (poco más de la mitad del aforo) en el encuentro que enfrentó al Barça con el Eibar, lo que representa la peor entrada desde 2011.

La amenaza de sanción que pende sobre el club hará que las entidades se afanen en ofrecer una imagen presentable para la tele. No habrá más remedio que ubicar a los hinchas dentro de lo que se denomina la ‘U televisiva’, el espacio del campo que se ve en la pantalla. Una superficie que coincide con el perímetro tras el que se colocan los anuncios luminosos que rodean el césped.

El requisito de que la apariencia del estadio sea el de un campo a rebosar pone sobre la mesa el derecho de los televidentes a recibir una información veraz. Si todo vale con tal de mantener entretenida a la afición, ¿llegará un día en que se emitan ovaciones y vítores enlatados? Si el aficionado es un mero figurante... ¿por qué paga?

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