Camarero, una de ratas

Dos ratas, en la inauguración del 'Rat Cafe' de San Francisco el pasado sábado. :: JOSH EDELSON / afp
Dos ratas, en la inauguración del 'Rat Cafe' de San Francisco el pasado sábado. :: JOSH EDELSON / afp

Abre en San Francisco una cafetería temática sobre la peste negra en la que los roedores acompañan al cliente durante el desayuno

MIGUEL OLMEDA

En pleno 2017 existen opciones gastronómicas al gusto de cualquiera. La variedad en la comida, el precio e incluso el ambiente en las cafeterías y bares no tiene comparación; desde una hamburguesa en una estación de autobuses a una cerveza en el Polo Norte. Aunque el sábado abrió en San Francisco un establecimiento que quizás haya ido al límite. Donde otros restaurantes han cavado su propia tumba, 'The Rat Cafe' ha encontrado un filón para atraer clientes. Y es que su nombre nada tiene ni de imaginativo ni de metafórico. El desayuno viene acompañado de ratas. Vivitas y coleando, literalmente.

La cafetería está emplazada en la San Francisco Dungeon, una atracción turística famosa en la urbe californiana. Los visitantes pueden revivir en primera persona el pasado más oscuro de la ciudad, desde el violento presidio de Alcatraz -que tanto juego ha dado después a la industria cinematográfica y televisiva- hasta la codicia de la fiebre del oro que disparó el crecimiento de San Francisco a mediados del siglo XIX. Pasando, cómo no, por la peste negra.

Esta epidemia llegó al norte de California en el año 1900, seis siglos después de acabar con un tercio de la población en Europa, y se alargó hasta 1904. Fue entonces cuando el nuevo gobernador del Estado, George Pardee, médico de formación, puso fin a la plaga. Las consecuencias allí fueron mucho menos devastadoras que en el Viejo Continente. 'Sólo' se registraron 121 casos diagnosticados, de los cuales 113 acabaron falleciendo.

En cualquier caso, la peste bubónica caló hondo en la población de San Francisco, hasta el punto de convertirse ahora en una atracción en forma de restaurante. 'The Rat Cafe' ofrece a sus clientes la posibilidad de tomar un té acompañador de bollería mientras disfrutan de la compañía de los roedores, en su día transmisores de la enfermedad. «Contamos la historia de la peste aquí en San Francisco y pensamos que es una buena oportunidad para el turismo veraniego. Permitimos que los clientes tengan la oportunidad de estar cerca de las ratas, pero por supuesto sin ningún riesgo de peste», relata el supervisor del local.

Por el momento sólo se han concertado dos sesiones, con una aceptación inmejorable. Las entradas para la inauguración y el segundo pase del próximo sábado se agotaron en menos de una hora.

Las ratas son cedidas gustosamente por la organización sin ánimo de lucro Rattie Ratz, que ayuda a colocar a estos roedores como animales domésticos en California. «Les encanta ser acariciadas y son muy cariñosas, más que cualquier otro animal pequeño», asegura una integrante de la institución. Perfectas para un nuevo modelo de negocio que, quién sabe, quizás alcance el calado que tienen en Estados Unidos, Asia y Europa las cafeterías de gatos, donde el cliente puede en ocasiones también adoptarlos.

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