Una aspirina y un canuto, por favor

Las farmacias de Uruguay despacharán dentro de unos días marihuana. Es el primer país donde la Administración controla todo el proceso: el cultivo, el empaquetado y la comercialización

Partidarios de la legalización de la marihuana se manifestaban en 2013 ante la Cámara legislativa de Uruguay. / P. PORCIUNCULA /AFP
ANTONIO PANIAGUA

Dicen de un uruguayo que entra en una farmacia de Montevideo. El boticario le pregunta amablemente qué desea. El cliente no quiere ni un antiinflamatorio, ni un analgésico ni un laxante. Lo que pide es un gramo de marihuana, y no lo hace con el rubor de quien solicita apocado un medicamento contra la impotencia, sino con aplomo. Y aquí viene lo asombroso: el farmacéutico le dispensa la ‘maría’, previo pago de 1,13 euros. Lo escrito más arriba ni es un chiste ni los delirios de una mente lisérgica. Es una escena que pronto se convertirá en realidad. Porque Uruguay decidió hace cuatro años legalizar el consumo de cannabis y ahora ha dado el primer paso para que se despache en farmacias. Se trata de una experiencia piloto que es vista con curiosidad por gobernantes y expertos, tanto prohibicionistas como los partidarios de la regulación de los estupefacientes.

El programa uruguayo, que aspira a erradicar el lucrativo negocio del mercadeo clandestino del hachís y la marihuana, echa a andar con treinta farmacias que están listas para suministrar la materia prima de los canutos. Lo singular del experimento es que todo el proceso, desde el cultivo a la comercialización e incluso el empaquetado, está controlado por el Estado. Pero no se ha hecho sin resistencias. Los farmacéuticos no veían muy respetable eso de vender droga, aunque es lo que han hecho toda la vida. Sus estantes están llenos de opiáceos y de pastillas de la misma familia que las anfetaminas.

¿Qué es lo que debe hacer el uruguayo que se pirra por el cannabis? Por encima de todo, un uso prudente de la droga. Porque lo primero que hará el boticario es comprobar que el paciente/fumeta no ha excedido el límite legal de 10 gramos por semana. «Hace 25 años había 1.000 o 1.500 personas que consumían. Ahora hay 160.000. En estos 25 años reprimimos, metimos presos, confiscamos cargamentos y resulta que el animal sigue creciendo», dijo hace unos años a la BBC el expresidente José Mujica, ‘padre’ de la regulación. «Los remachados retrógrados –prosiguió– que no quieren cambios para nada seguro que se van a asustar».

Uruguay no es una isla. Las iniciativas que incluyen el uso terapéutico de la marihuana se están abriendo paso en Holanda, Canadá, Finlandia, Noruega, República Checa e Italia. Junto a esta constatación, es evidente que las soluciones basadas en la represión del narcotráfico han fracasado. El mercado de las drogas está íntimamente ligado al blanqueo de capitales, los paraísos fiscales, las mafias y las variadas y múltiples manifestaciones del crimen organizado, incluida la financiación de grupos terroristas. Ante este complejo panorama, surge la pregunta insoslayable: ¿qué hacer?

El cannabis

Es la sustancia ilegal con mayor arraigo en España. Un 9,5% de los ciudadanos la han probado en los últimos doce meses, de acuerdo con la Encuesta sobre Alcohol y Drogas en España. El alcohol es la droga que encabeza, a mucha distancia, el ‘ranking’, con un 77,2%, seguido del tabaco (40%) y los hipnosedantes (12%).

Oriol Romaní, del Grupo de Estudio de Políticas sobre el Cannabis (Gepca), argumenta que ya era hora de que un país se atreviera a dar el paso. «A medio plazo, estoy convencido de que otros países se irán sumando a esta corriente». Los hechos le dan la razón. En Estados Unidos, el movimiento a favor de la legalización del cannabis con fines recreativos se muestra imparable en el oeste del país. Ayer mismo, el Estado de Nevada se sumaba a la tendencia a favor de la regulación. La nueva ley autoriza la venta de 28 gramos de marihuana por persona y día.

Crece el respaldo

Cuando era presidente José Mujica y se autorizó en 2013 la regulación legal del cannabis, las encuestas reflejaban un apoyo a la medida del 50%. Ahora, con su colega Tabaré Vázquez en el poder, un médico mucho más prudente que su antecesor, el respaldo a la iniciativa no sólo no ha decrecido, sino que ha aumentado al 65%. «El lema de un mundo sin drogas es una barbaridad. Nunca como hasta ahora se habían tomado tantas drogas, lo que es coherente con la exacerbada sociedad de consumo en que vivimos», arguye Romaní, catedrático emérito de Antropología Social de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona. Que el Estado uruguayo se reserve el monopolio del cultivo y la comercialización es un elemento virtuoso. Romaní destaca que ello evita situaciones indeseadas como la venta de marihuana sintética, que ha ocasionado varias muertes y muchos ingresos hospitalarios.

En las antípodas se sitúa el director general de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), Ignacio Calderón, para quien Uruguay pretende convertirse en el suministrador de marihuana con fines terapéuticos de «medio mundo». «Evidentemente, el consumo de cannabis entraña riesgos. Lo mismo ocurre con el alcohol, que es la droga que más problemas origina, por delante de todas las demás juntas».

Con la nueva regulación, los uruguayos podrán cultivar sus propias plantas de marihuana. Para evitar el turismo de psicotrópicos y el tráfico a países vecinos, las cantidades que entregan los boticarios están muy tasadas. Eso sí, el usuario puede estar tranquilo y seguro de que no le están dando gato por liebre. La mercancía que se suministra cumple con unos estándares de calidad. «No te dan cualquier mierda», alega Romaní, que ha visitado el país en calidad de asesor. El diseño genético de la planta, comprado a una empresa española, quitará a los narcos un mercado que allí mueve anualmente 27 millones de euros.

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