Annika Coll Eriksson: «Es muy fácil empezar un fuego y muy difícil pararlo»

R. C.
La Granizada

La jefa de los 1.300 bomberos de Madrid alerta de que una chispa en el bosque puede tener consecuencias nefastas. Salvar vidas en el terremoto de Haití fue «muy bonito y muy duro»

INÉS GALLASTEGUI

El verano tiene a Annika Coll Eriksson (Madrid, 1969), jefa de los 1.300 bomberos de la Comunidad de Madrid, en plena «temporada alta» de incendios forestales y accidentes de tráfico. «Cuando la gente entra en modo relax, nosotros entramos en modo alterta», afirma esta arquitecta de padre catalán y madre sueca.

¿Cómo va el verano?

– Por ahora va bien, pero puede cambiar de un día para otro. Evitar los incendios no depende de nosotros: se podría conseguir que casi no hubiese fuegos si todo el mundo entendiese que forma parte del dispositivo de prevención.

Aquel verano de: «Mi primer verano de bombera estaba flotando, feliz»

Aficionada al deporte desde siempre –ha practicado ballet, kárate, rugby, atletismo y gimnasia deportiva–, compite en carreras de orientación, en bici y a pie. Ha pasado la mayor parte de los veranos de su vida en Suecia y sigue yendo con su novio a caminar por los bosques de Laponia. También le tira la tierra de su familia paterna, en la Costa Brava. Pero el verano que recuerda con más cariño fue el de 2001, el primero como oficial en prácticas. «Aprobé la oposición y estaba flotando, feliz –recuerda–. Fue un verano muy duro, con muchos incendios forestales, y fuimos a todos como acompañantes. Aprendí mucho».

Ahora hay más excursiones al monte. ¿Está la población concienciada?

– Mucho más que antes, pero no es consciente de lo fácil que se inicia un incendio y de lo difícil que es pararlo, sobre todo si hay viento. La gente piensa que a ellos no les va a pasar, que si pasa algo lo van a apagar, pero una chispa de una máquina, un coche con el motor caliente, una barbacoa o una colilla pueden desencadenar un incendio. Lo mejor es no tentar a la suerte; las consecuencias son nefastas. Debe de ser muy duro sentirse culpable de que nuestros hijos nunca vean el bosque como lo vimos nosotros.

En la extinción del incendio de Portugal en el que murieron 61 personas en junio participaron 29 de sus bomberos. ¿Tenemos buen nivel?

– En Portugal los compañeros hicieron un trabajo excelente. Por el trabajo en el grupo de catástrofes, Ericam, he trabajado con otros cuerpos de bomberos y en España, en general, son muy profesionales y están muy preparados. Los ciudadanos pueden estar tranquilos.

¿Para hacer este trabajo es necesario abstraerse del peligro?

– Cuando trabajas en emergencias, siempre hay un momento en el que eres consciente de que conlleva ciertos riesgos incontrolables, pero en el día a día no puedes vivir con eso. En el momento, con la intensidad del trabajo de emergencias, no te puedes permitir pensar en ti mismo, sino en lo que tienes que solucionar; procuras estar lo más seguro posible y medir el riesgo al que quieres exponerte, pero no piensas: ‘Tengo miedo’.

¿Los bomberos son héroes?

– Los bomberos son bomberos. Son personas que se preparan, se especializan y van protegidas y que, en algunos momentos, anteponen la vida de los demás a la suya. En ese momento su trabajo es heroico, pero no todo el tiempo es así.

En el terremoto de Haití de 2010 sacó a un niño de los escombros. ¿Qué sintió?

– No se puede expresar con palabras. Es muy bonito tener la oportunidad de ir a un sitio que no puede afrontar la situación y poner tu granito de arena para que, como poco, sientan que la comunidad internacional les está ayudando y, con suerte, como nos pasó a nosotros, rescatar a personas que, si no, no habrían vivido. Pero también es muy duro, porque entiendes de verdad lo que es estar en un país afectado por una catástrofe, sin los servicios y las comodidades que tenemos en un país desarrollado como el nuestro.

Pocos ejemplos femeninos

¿Cuál es la peor intervención que recuerda?

– La más grande de dimensión, el terremoto de Haití; nunca había vivido una situación con tal presencia de la muerte, una población tan desolada y tantas cosas que hacer. La intervención que más me impactó personalmente fue una en la que un muro cedió y creíamos haber perdido a varios compañeros. Gracias a Dios, no ocurrió nada y fue una experiencia de la que aprendí un montón.

¿Cómo decidió que quería ser bombera? ¿Le frenó el hecho de que solo el 1% son mujeres?

– Estaba acabando Arquitectura, fuimos a evaluar una estructura con muchas grietas, hubo que llamar a los bomberos y cuando les vi trabajar tuve una corazonada. Primero me planteé si una mujer podía ser bombera, pero después comprendí que era lo que quería y había que intentarlo.

¿Es la primera mujer jefa de un cuerpo de bomberos?

– No, en Madrid la anterior también era mujer. Somos pocas, pero vamos pisando fuerte.

¿Por qué hay pocas bomberas?

– Por una parte, porque hay pocos ejemplos a seguir. Y luego, porque es una oposición difícil, con pruebas físicas fuertes debido a lo exigente que es el trabajo. A lo mejor tendrían que reevaluarse un poco, pero, trabajándolas, bastantes chicas podrían sacarlas. En mi generación las chicas no hacían tanto deporte, pero ahora sí. Con los años cambiará la tendencia.

¿Qué le parecen los calendarios de bomberos?

– Si resaltan el trabajo de los bomberos e informan a la sociedad sobre prevención, me parecen bien, pero si solo sacan la parte superficial y tópica, no soy muy fan.

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