Las amigas

Hasta el C*

Lo mejor de las amigas es tener a alguien con quien poder mostrarse vulnerable

Carolina Cancanilla
Ana Barreales
ANA BARREALES

No se me ocurre nada mejor para animar un día gris que una quedada de amigas. Alguien con quien pasarlo bien o mal y mostrarte tal cual, con quien poder ser vulnerable, quejica o pasota. Y que al otro lado haya una persona que te consuele, te divierta, te dé la razón o pase de todo contigo.

Una leyenda urbana dice que las mujeres no pueden tener amigas mujeres porque son unas arpías unas con otras y compiten por los hombres. Como si ser retorcid@ o manipulador-a fuera una cuestión de sexo y no de personalidad. Otro prejuicio más. Como los que establecen todas esas cosas, reservadas para los hombres que se supone que no te tiene que apetecer hacer sobre todo a partir determinada edad si eres madre de familia: liberarte de los niños para tener ocio independiente, pensar en hacer alguna locura y mandar a todo el mundo al cuerno, o, en su defecto, salir de copas, descontrolar, tontear... Eso sólo lo echan de menos ellos. Qué gran tontería.

Pero quizás lo mejor de las amigas sea poder mostrar los sentimientos sin necesidad de guardar las apariencias y hacer como si todo fuera bien cuando no es así. Hasta discutir, hacer las paces y pasar un buen rato, todo en la misma tarde. Porque la educación machista imperante (alguna ventaja tenía que tener) aún establece que los hombres no deben llorar en público, pero para las mujeres no hay la misma norma y está admitido ponerse sentimental sin problemas fuera del ámbito laboral. Los chicos no. Como si reprimir la manifestación de emociones en público fuera reprimir los sentimientos mismos. O como si fueran a desaparecer por no exteriorizarlos.

Y ya puestos los ocultan todos, no sea que alguien piense que son humanos con sus días buenos y sus días malos, sus inseguridades y sus complejos. Hasta ahí podíamos llegar. Las conversaciones de amigos hombres, por cariño y confianza que se tengan, suelen huir de los temas personales, sentimientos y afectos como de la quema. Salvo que ese estado emocional tenga que ver con una situación laboral muy concreta. Sólo las cosas de comer justifican un destape afectivo semejante. Así que se habla de fútbol, por supuesto, de actualidad, de trabajo y también de un montón de asuntos banales. Aunque una preocupación les corroa por dentro es difícil que la compartan con sus colegas, porque los colegas están para divertirse y pasar buenos ratos y reafirmarse en lo bien que les va a todos o, si es evidente que no es así, hacer como que no les importa.

Pues ellos se lo pierden.

Fotos

Vídeos