La alucinación de Da Vinci

Tokio inaugura el museo digital más espectacular del mundo; las obras flotan y cambian a nuestro paso

'Universo de partículas de agua en una roca donde la gente se reúne'. /Borderless Art
'Universo de partículas de agua en una roca donde la gente se reúne'. / Borderless Art
ISABEL IBÁÑEZ

¿Qué opinarían los primeros artistas de la historia al entrar en este museo? ¿El ser humano que hace treinta mil años creó a la Venus de Willendorf o los que con sangre de animales plasmaron en las paredes de las cuevas sus escenas de caza? Saldrían corriendo espantados, seguramente. Sin irnos tan lejos, ¿qué cara se les quedaría a Renoir, Cézanne, incluso Picasso y hasta Dalí...? Munch quizá pusiera el grito en el cielo. Solamente Leonardo Da Vinci, como completo hombre del Renacimiento, a la vez pintor, escultor, arquitecto, músico, científico, escritor, filósofo, ingeniero, inventor... podría entender lo que sucede en Tokio desde hace solo unos días con la inauguración del primer museo de arte digital a escala real, la oportunidad de experimentar, de incrustarse en las obras, viajar con ellas, incluir elementos propios a voluntad del consumidor... de ayudar a componer la obra de arte definitiva. Y en 3-D. Ya lo decía el sabio:«El objetivo primordial de un pintor es hacer que una superficie plana parezca un cuerpo en relieve y que se proyecte desde ese plano».

Aunque integrado por más mentes –Da Vinci solo ha habido uno–, TeamLab recoge la filosofía del 'todo en uno'; se trata de un colectivo compuesto por artistas, programadores informáticos, ingenieros, matemáticos y arquitectos que se unieron en 2001 en busca de la conjunción entre arte, ciencia, tecnología, diseño... y la Naturaleza. Hasta ahora habían ido exhibiendo sus curiosas propuestas virtuales en diferentes museos del planeta con mucho éxito;pero les faltaba un lugar para dar rienda suelta a su proyecto y ahora lo han conseguido. Se trata de un espacio de 10.000 metros cuadrados repartidos en cinco plantas en el barrio de Odaiba, una isla artificial creada en la bahía de Tokio, muy visitada por los turistas que llegan imantados por las numerosas atracciones y museos que acoge y, a partir de ahora, por Borderless Art (arte sin fronteras) como han bautizado el centro.

Arriba, 'Ovoides resistiendo y resonando y Bosque (Bosque de Tadasu en el Santuario de Shimogamo)'. Abajo, a la izquierda, 'El movimiento crea vórtices y los vórtices crean movimiento'. A la derecha, otro momento bajo la cascada. / Borderless Art

En tiempo real

Su colección permanente reúne medio centenar de obras, que surgen de 520 ordenadores y 470 proyectores. Los responsables de TeamLab explican que las obras no son «ni animaciones pregrabadas, ni imágenes en bucle», sino que están realizadas «en tiempo real». «El hecho de que el universo se transforme con la presencia del otro es muy importante para nosotros. Formo parte de la obra al igual que los otros visitantes», aclara Toshiyuki Inoko. Teléfono móvil en mano, los asistentes pueden descargarse una aplicación con la que conseguirán que una mariposa se incorpore a estos bosques coloristas a golpe de dedo. Posar la mano en las cascadas luminosas hace que el 'agua' se aparte como si fuera real.

Y si los adultos alucinan con sus sonidos, luces, efectos ópticos... no hay que imaginar lo que supone para los niños esta experiencia; los pequeños mueven grandes figuras reales de casas o nubes colocándolas a su antojo sobre el suelo y los ordenadores proyectan entre ellas carreteras que las unen, ríos, aviones... y que cambian con cada aleatoria decisión del crío. O dibujan peces que, tras ser escaneados, nadarán en un gran acuario que aparece en la pared. Su descenso por el gran tobogán crea mundos de color que explotan al paso de sus cuerpos.

La entrada cuesta 3.200 yenes (24 euros) y tendrá pronto su gran prueba de fuego con los miles de visitantes que atraerán los Juegos Olímpicos de Tokio en 2020. Una de las experiencias más psicodélicas es colocarse en el centro de una plataforma flotante amarrada con cuerdas y sentirse sol, con universos de luz alrededor. «Todo nuestro conocimiento nos viene de las sensaciones», decía Da Vinci. De eso, ni más ni menos, se trata aquí.

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