Cómo nos mienten en el CSI

Una escena de CSI Miami
Una escena de CSI Miami
  • Esta serie de ficción ha generado la creencia colectiva de que los científicos forenses pueden descubrir las causas y autores de misteriosos crímenes en lo que dura un capítulo, 45 minutos

Grissom llega a la escena del crimen y el forense, en menos de un minuto, le confirma, sin lugar a dudas, la hora de la muerte. Es una de las grandes mentiras de esta serie de ficción que ha generado la creencia colectiva de que los científicos forenses pueden descubrir las causas y autores de misteriosos crímenes en lo que dura un capítulo, 45 minutos.

La forense Ana M. Castro reconoce que la realidad del trabajo forense y patológico dista mucho de lo que se ve en televisión. Empezando por la hora de la muerte. En la serie, el médico forense que se encuentra en la escena del crimen suele clavar un punzón a la víctima en el hígado para comprobar su temperatura interna. Y con un cálculo mental, digno de un genio matemático, determina la hora exacta del fallecimiento. Lo que en lenguaje forense se conoce como “determinación de la data de la muerte” conlleva el análisis de numerosos parámetros, los fenómenos cadavéricos, y la temperatura corporal sólo es uno de ellos.

Es cierto que para tomar la temperatura a un cadáver hay que hacerlo de alguno de sus órganos internos. No sirve colocar el termómetro de mercurio en la axila. Suele emplearse el termómetro rectal o el punzón en el hígado. “Los cadáveres son como cilindros; van perdiendo su calor desde fuera hacia dentro, por capas, por eso hay que tomar la temperatura en el interior del cuerpo”, explica M. Castro. El forense debe tener en cuenta la estación del año, la indumentaria de la víctima, las posibles enfermedades que padezca, si el crimen se cometió en el exterior o el interior, o la masa corporal del finado. “Una persona obesa tarda más tiempo en enfriarse que una delgada”, puntualiza la doctora.

El enfriamiento del cadáver se inicia por los pies, manos y cara. A las dos horas de la muerte suelen estar helados. Se extiende luego a las extremidades, pecho y dorso. Lo último en enfriarse son el vientre, las axilas y el cuello. De ahí el comentario “estás muerto” cuando estamos helados de frío. El enfriamiento total del cuerpo se produce entre las 10 y las 12 horas desde el momento de la muerte. Y con una temperatura ambiente de entre 16 y 10 grados, el cadáver de un adulto vestido tardaría unas 24 horas en enfriarse.

Tras la toma de temperatura, el patólogo debe analizar las livideces, las manchas violáceas que produce la sangre al depositarse. Si el cadáver está “decúbito supino” (boca arriba) las livideces se perciben en la parte de abajo. “En toda la parte trasera excepto en los lugares que están apoyados, que quedan blanquecinos”, aclara la forense. La sangre tarda unos 45 minutos en depositarse yaquí es donde actúa el forense. “Si tocas las livideces y se ponen blancas, significa que no están fijas. Si las tocas y la zona oscurecida no se aclara, eso significa que las livideces están fijas y que han pasado como mínimo 36 horas desde el fallecimiento”. Pero claro, si la policía o los servicios sanitarios han movido el cuerpo de su posición originaria, podrían existir livideces en varios planos. Lo que dificultad aún más el trabajo.

Y otro parámetro a tener en cuenta para determinar la hora de la muerte es la rigidez del cuerpo. Solemos creer que cuanto más tieso esté el muerto, más tiempo lleva fallecido. Es cierto que cuando van pasando las horas comienzan a endurecerse, primero la mandíbula, la cara, el cuello, el tórax, brazos, tronco y por último las piernas. “Pero se puede dar la circunstancia –comenta la forense- que el cuerpo no esté rígido porque haya pasado poco tiempo desde su muerte, o porque ya ha pasado demasiado y el organismo esté completamente lánguido”. La rigidez cadavérica suele ser completa en un periodo de 8 a 12 horas y alcanza su máxima intensidad a las 24 horas.

Pues después de analizar todos estos fenómenos cadavéricos, además de otros como el estado de putrefacción del cuerpo, el forense podrá determinar la hora “aproximada” de la muerte. Hay un elemento que es vital, quizás el más importante, para determinar ese momento en el que la víctima dejó de respirar. Preguntar cuando lo vieron o hablaron con él o ella la última vez. “Parece una perogrullada, pero es lo que nos ofrece más datos sobre la hora de la muerte” señala la forense. Saber cuándo fue el último momento en el que lo vieron vivo reduce mucho la franja temporal y para conocer este dato no se necesitan sofisticados laboratorios ni amplios conocimientos. Cualquier vecino o familiar se convierte en la pieza clave del CSI.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate